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El COI no permite que España haga público su duelo
por Graciela Vera
Periodista independiente
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Nuevamente España sufre una tragedia que sacude los cimientos de la sociedad, catástrofe comparable con la del 11M.
Este miércoles los hombres y mujeres de bien de todo el mundo se sintieron consternados. Un avión con 172 personas a bordo, que realizaba el trayecto Madrid – Gran Canaria, sufrió un trágico accidente al intentar despegar y se incendió convirtiéndose en un gigantesco horno crematorio.
Cuando sólo queda expresar el dolor y el sentimiento de impotencia, las banderas son un símbolo, pero en este caso el Comité Olímpico Internacional (COI) impidió que en la villa olímpica que ocupan los deportistas españoles su bandera ondeara a media asta.
Cuando se supo la magnitud de la tragedia del vuelo JK 5022 de la compañía Spanair, el Comité Olímpico Español (COE) solicitó al COI autorización para que la bandera española ondeara a media asta y para que se permitiera a sus desportistas portar crespones negros durante su participación, como también que se guardara un minuto de silencio en los escenarios donde éstos compitieran.
Un tributo a la memoria de los pasajeros y tripulantes del avión siniestrado que no sólo eran españoles ya que también viajaban en él cuatro alemanes; no importan las nacionalidades cuando se trata de vidas humanas y no deberían importar los antecedentes cuando se trata del recuerdo de los muertos y del sentimiento de los vivos.
El COI no ha permitido en estos Juegos que haya habido símbolos de duelo; ni por el asesinato en la Torre del Tambor, un monumento ubicado en el centro de Pekín donde fue muerto un familiar del entrenador de voleibol de los Estados Unidos; ni por el fallecimiento del presidente de Zambia Levy Mwanawasa, ni por los muertos en el conflicto bélico entre Rusia y Georgia, pero tampoco en estas ocasiones fueron pedidos.
España lo hizo, y pese a quién pese, aceptó solamente a medias la negativa del COI ya que las tres corredoras de los 20 kilómetros marcha, los atletas David Gómez y Ruth Beitia y los regatistas Fernando Echávarri y Antón Paz, que portaban la misma señal de duelo cuando subieron al podio a recibir sus medallas de oro, compitieron el miércoles con cintas negras en los brazos.
Quizás alguien haya pensado que el que otros exterioricen públicamente su dolor por la muerte de 157 seres humanos, podía herir la suceptibilidad de los gobernantes de un país que sabe poco de respeto hacia sus propios conciudadanos y no entendieran que se humedezcan los ojos de sólo pensar que 17 de ellos eran niños, dos bebes y que se debatan entre la vida y la muerte otros 19, de ellos también tres niños de 11, 8 y 6 años.
Niños cuyo derecho a nacer y vivir no quedaba supeditado a la ley del hijo único; mujeres, hombres y niños que no estaban sometidos a interminables jornadas con salarios indignos y que vivían en un país que les permitía opinar libremente.
No habíamos escrito ni pensábamos hacerlo sobre los presentes Juegos Olímpicos porque más allá de que el deporte quiera dejarse fuera de la órbita política; estos Juegos pasarán a la historia de la mano de los que celebró la Alemania nazi en 1936. Pero más allá de nuestra opinión sobre Derechos Humanos, polución, trabajo esclavo, desalojos forzados, represiones y presos políticos nos queda el sabor amargo de la decisión tomada por el COI en unas olimpiadas de por sí ya muy debatidas.
Desde Almería, en el sur del Norte, agosto 21 de 2008
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