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Año V Nro. 300 - Uruguay,  22 de agosto del 2008   
 

Visión Marítima

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Jorge Larrañaga

Seguridad Ciudadana
por Jorge Larrañaga

 
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         El tema de la seguridad está en el centro del debate nacional. No es a nuestro entender una imposición ni de los medios ni del sistema político como se ha pretendido presentar por el oficialismo. Es una demanda de nuestra sociedad. La seguridad es un derecho fundamental del individuo y un deber para el Estado. La presencia o no de seguridad en una sociedad condiciona su calidad de vida. Sin seguridad no existe libertad. Una comunidad dominada por el miedo se siente menos libre, reciente su posibilidad de desarrollo, tiene un obstáculo para la construcción de una mejor democracia.

         Los uruguayos asistimos a una ola creciente de inseguridad. No es una cuestión de percepción. No somos los uruguayos un cúmulo de paranoicos que nos movemos al influjo de una nota periodística o un informe de la prensa televisiva. No nos enfrentamos a una sensación térmica, no es la Oposición la que marca una “agenda del miedo” ni la que electoraliza un tema de gran sensibilidad.

         Estamos frente a una realidad inocultable. Reaccionamos frente a una realidad que pega duro a los uruguayos todos los días, en particular a los más pobres, a los trabajadores que todos los días salen a trabajar con temor, ya sea que le roben en su casa, en trabajo, o temen que sus hijos sean víctimas de algún tipo de violencia en la calle o incluso en los liceos. No puede el gobierno pretender trasladar su responsabilidad, su problema de gestión, a la Oposición, a la prensa o a la propia gente.

         El derecho a la seguridad implica el estar y el sentirse seguro. Las “sensaciones” responden a causas concretas y tangibles. Por tanto el gobierno debe actuar en una doble faz, sobre la confianza de la gente pero sobre todo operar sobre la realidad.

         Que la delincuencia y la violencia están presentes en nuestra sociedad no sólo como sensación lo revelan las estadísticas.

         Las cifras sobre criminalidad son elocuentes. Según los datos del Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad en el primer cuatrimestre de 2008 las rapiñas crecieron un 18% respecto a 2007, pasando a ser 3.683, contra 3.114 en 2007 y 3.147 en 2006. También aumentaron los homicidios: hubo 103 en el primer cuatrimestre contra 89 en ese mismo período de 2007. De sus estadísticas se desprende además que en los primeros cuatro meses del año hubo 1.071 delitos más contra la propiedad en relación a 2007. Se incrementaron también los hurtos y los copamientos.

         Otro dato impactante es que el 76% de los delitos primarios son cometidos por jóvenes menores de 29 años.

         Pero debemos dejar algo en claro. No responsabilizamos a este gobierno de todo el problema de seguridad. Obviamente el problema no nació ahora. Pero sí es responsable de su reacción ante el incremento del delito y su zigzag también en este tema.

         En seguida de asumir, este gobierno derogó el decreto 690/80 quitando una herramienta a la policía, sancionó la ley de humanización del sistema carcelario liberando 1000 presos los cuales a la postre reportaron un alto nivel de reincidencia. En el correr de este año se aprobó la nueva ley de procedimiento policial, la cual fue votada por unanimidad en el Parlamento, luego que promoviéramos una serie de medicaciones mediante la derogación de artículos que considerábamos abiertamente inconstitucionales que abrían la puerta a todo tipo de arbitrariedades y abusos.

         Esto demuestra una carencia del oficialismo en el enfoque del problema.

         El tema de la seguridad pública es claramente multicausal y multidimensional; existen indudablemente cusas mediatas e inmediatas de la delincuencia que están en directa relación con problemas socio-económicos, con lo cual si bien no cabe reducir el problema a un solo elemento, es de orden señalar que el policial es un elemento trascendente. La función de la policía requiere una permanente adecuación a las modalidades delictivas. Necesitamos una mejor policía, esto es, mejor preparada. No es un problema meramente cuantitativo, no se soluciona únicamente teniendo más policías, sino con mejores policías, con mejores salarios, con mayor entrenamiento, con mejores recursos. El Ministerio del Interior anuncia que para llenar las vacantes se reducirá los niveles de exigencia. Esto no ayudará a contrarrestar la delincuencia y criminalidad. Es un nuevo error en la orientación del gobierno.

         Nosotros no confundimos la política de seguridad que debe operar sobre el delito, con aquellas otras políticas públicas que deben actuar sobre los factores condicionantes del delito.

         No obstante la política de seguridad para ser verdaderamente eficaz debe estar integrada a esas otras políticas (social, educativa, laboral, sanitaria, entre otras) en un proceso de continua retroalimentación. Los recursos destinados por parte del Estado a la Seguridad Ciudadana la entendemos como una inversión, en tanto generará un retorno a la sociedad mejorando la calidad de vida.

         Es oportuno reiterar un concepto. La Oposición tiene el doble rol que le asigna la ciudadanía de marcar los errores del gobierno, y a la vez, ser propositiva, aportar a la construcción nacional. Nuestra colectividad política ha cumplido a cabalidad esas funciones. Somos el Partido con la mayor cantidad de iniciativas legislativas, hemos dado institucionalidad cada vez que el país lo requiere. Pero así como quienes hoy ejercemos la Oposición cumplimos nuestro imperativo, el gobierno debe asumir su rol, y tener la grandeza de escuchar.

         Hemos presentado la iniciativa para que algunos predios militares (Reg. De Caballería Mecanizado Nº 9 y la ex cárcel de Punta de Rieles) sean destinados a alojar presos y así descongestionar las hacinadas cárceles. Se lograría aliviar en 1000 o 1500 reclusos esos centros de detención. Le presentamos la propuesta a la Sra. Ministra del Interior, al Sr. Ministro de Defensa, al jefe del Ejército, a legisladores del oficialismo y todos estuvieron de acuerdo. Sin embargo nada se ha hecho al respecto.

         Cuando se reclama por parte del oficialismo que la Oposición brinde soluciones, y luego las mismas no son atendidas, solo se genera descrédito y desconfianza entre los actores políticos.

         Debe asumirse que aquí no hay otros enemigos que los problemas de la gente, y cuando existen propuestas que sirven para solucionarlos, no debe importar que provengan de otro Partido, para que Uruguay sea mejor debemos trabajar juntos y ser generosos con el país.

         El Partido Nacional, como colectividad con 172 años de trayectoria y dedicación al país no se define en oposición a nadie, no nos construimos con lógicas de confrontación de lo uno o lo otro, de exclusión de unos por otros. Pretendemos ser más Nacional que Partido, hacer avanzar al país, integrando, uniendo a los uruguayos, los unos y los otros. Somos alternativa sí, porque tenemos una visión y proyecto de país diferente, pero además somos el elemento positivo de la política nacional, que quiere unir a los uruguayos.

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