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Año V Nro. 361 - Uruguay, 22 de octubre del 2009
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Llega el circo al pueblo y es todo un acontecimiento. En un descampado se levanta la carpa. Inconfundible. Con algo o mucho de misterio. Por allí están los animales enjaulados. Las fieras. Y un pequeño ejército de malabaristas, equilibristas, domadores, magos, payasos... Cuántos recuerdos de infancia...¿verdad? Un payaso profesional. Un payaso de circo llamado Dan Rice. El mayor partido político de EEUU era el Partido Demócrata. Y el segundo partido era... El Republicano, por supuesto. ¡No! Error, no existía todavía dicho partido. Ya dije que se llamaba Dan Rice. Además de payaso profesional era hombre del Partido Whig. Y en aquella campaña de hace más de 150 años decidió apoyar a Zachary Taylor con todas sus fuerzas. No solo con todas sus fuerzas, sino también con su bandwagon. Dan Rice tenía su bandwagon. Y se le ocurrió usarlo en la campaña electoral de Zachary Taylor. Para atraer la atención con la música, ni más ni menos. ¡Vaya si consiguió llamar la atención! A medida que avanzaba la campaña electoral, más y más popular se volvía el bandwagon. Arriba del mismo, además de la banda musical, el candidato a Presidente y su entorno político más cercano. Pero cuánto más popular era el bandwagon del candidato Zachary Taylor, más dirigentes políticos se subían al mismo y lo acompañaban. Cada vez más. Y la gente se divertía observando cada día qué nuevo dirigente se subía al bandwagon. Y se popularizó la frase "subirse al carro" para describir la actitud de quienes solo buscan asociarse con el éxito de otros más allá de sus propias convicciones. No es que simplemente piensen que van a votar al candidato A porque A seguramente será el ganador. Es más bien un estado de ánimo colectivo, un impulso ancestral que parece venir desde el fondo más primitivo de nuestro cerebro. Ese impulso a seguir a la manada, a dejarnos arrastrar por ella, a dejarnos llevar. Y aquella música de 1848 aún sigue sonando. © Daniel Eskibel - Con la autorización del autor
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