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Año V Nro. 361 - Uruguay, 22 de octubre del 2009
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Que nadie piense que la elección de la “Cidade Maravilhosa”, Río de Janeiro, como sede de los Juegos Olímpicos del año 2016 es casualidad o para congraciarse con Sudamérica por parte del Comité Olímpico Internacional (COI) debido a que en esta región del mundo no se ha realizado una Olimpiada, está muy equivocado. No, es fruto del trabajo y del posicionamiento exitoso de Brasil como potencia emergente. El triunfo de la adjudicación de la sede Olímpica significa abrir una ventana al mundo por la dimensión global de los juegos. En lo referente al área de Relaciones y Política Exterior, este logro se enmarca dentro del esfuerzo continuo que viene desarrollando el gobierno brasileño para continuar proyectándose como la gran potencia de Suramérica. El razonamiento que esgrimió el Presidente brasileño, Luis Inacio“Lula” Da Silva fue más adecuado para la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) que para la del COI: “Suramérica con sus 180 millones de jóvenes, merece realizar unos juegos olímpicos”. Posteriormente sostuvo que elegir a Río De Janeiro corregiría lo que llamó un “desequilibrio geográfico”. Debemos tener presente que desde hace años Brasil, junto con Rusia, India y China, forman el grupo conocido como BRIC que reúne a las potencias emergentes. La voz de Brasil en el concierto internacional ha crecido en el marco de la presente crisis mundial, donde tanto los Estados Unidos como la Unión Europea han demostrado sus fallas en el manejo de la misma y muy poca “imaginación” para generar nuevos caminos de recuperación. La posición de Brasil sobre diversos temas de la agenda mundial, hoy es respetuosamente escuchada en los niveles más elevados de la diplomacia mundial. Dentro de esta política exterior podemos hacer notar el protagonismo del Presidente Lula en la reciente Cumbre del Grupo de los 20 (G-20) en Pittsburg, Estados Unidos. También la estrategia elaborada por Itamaraty (la poderosa cancillería brasileña), para ampliar el número de lugares permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU, acorde con el desplazamiento del poder de los ejes tradicionales, y que uno de ellos sea adjudicado a Brasil. El liderazgo de UNASUR, los recientes convenios de compra de armas y transferencia de tecnología con Francia y la crisis de Honduras en la que está jugando un papel relevante a través de la diplomacia para resolver la misma, donde ganaría un enorme prestigio en una zona de influencia histórica de Estados Unidos y México son algunos de los casos a tener en cuenta en este posicionamiento de Brasil a nivel continental. Brasil, primero con el Campeonato Mundial de Fútbol en el 2014 y posteriormente los Juegos Olímpicos del 2016 tendrá una oportunidad sin igual de confirmar a los pueblos del planeta su creciente liderazgo regional e internacional. Por lo tanto el análisis que debemos dar a la adjudicación de estos eventos debe ser mucho más profunda que deportiva y económica, debe ser geopolítica. Brasil ha obtenido mucho más que la sede para la celebración de unos Juegos Olímpicos. Ha escalado un peldaño más en ese camino que conduce a la cúspide de lo que los militares golpistas que gobernaban el país en los 60 alardeaban: “hacia un Brasil potencia”. El Presidente Lula lo profetizó, Brasil para el año 2016 será la quinta potencia mundial, no hay dudas que están en el camino correcto. ¡Hasta el próximo encuentro…! © Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez para Informe Uruguay
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