|
||||||||||||||||||||||||||||||
|
Año V Nro. 361 - Uruguay, 22 de octubre del 2009
|
|
La conmemoración de las independencias de las Repúblicas y el centenario de la revolución mexicana marcarán, en los próximos años, el debate sobre América Latina. De forma inevitable, se alzarán las voces de aquellos que pretenden alejar a la región de los valores occidentales y evocar un pasado de confrontación que justifique su actual lógica de aprehensión de la realidad, heredera de las vetustas teorías de la dependencia. El presagio acerca de que nos inundará un aluvión de discursos contaminados por la fobia y el resentimiento populista no parece desacertado. Se vislumbra un esquema argumental que jamás entendería que el salto hacia la modernidad lo dimos juntos en las dos orillas del atlántico, pasando del antiguo al nuevo régimen, construyendo naciones de ciudadanos libres e iguales, con unos derechos fundamentales y libertades inalienables. Por tanto, los bicentenarios plantean la necesidad de trabajar en un amplio debate de clarificación para contrarrestar la reincidencia en estas tergiversaciones y discursos que resultan contraproducentes para el desarrollo de los países de la región. Para que los análisis sean fructíferos, será crucial escapar de las posturas victimistas surgidas del sesgado análisis del acontecimiento histórico puntual que dio lugar a cada una de las independencias en los respectivos países, y en cambio será provechoso profundizar en todo aquello que hemos hecho en estos doscientos años de repúblicas independientes. Por ejemplo, los miembros de la generación del 37 de Argentina, paradigma de un proyecto liberal y moderno para las repúblicas de América Latina, estaban aglutinados en periódicos como el Comercio del Plata. El propio Juan Bautista Alberdi, padre de la primera Constitución liberal de argentina de 1853, escribiría sus artículos en el periódico "La Moda" bajo el alias de "Figarillo", en honor a Mariano José de Larra, español, que hacía lo mismo en la península bajo el alías "Figaro". En definitiva, el combate contra las tiranías de la época, la batalla de la civilización contra la barbarie, la comenzaron en la prensa escrita y en ejercicio de la libertad de imprenta, los propios artífices de las Republicas modernas de América Latina. En segundo lugar, cada vez que el poder, en estos dos siglos, ha avasallado la libertad de expresión, la democracia en la región, en consecuencia, se ha visto seriamente dañada. Pero quizá la razón más importante para otorgar a este tema un papel protagónico en el debate de los bicentenarios sea que, lamentablemente, se ha iniciado un nuevo proceso de restricciones que fagocita esta libertad esencial. En esta ocasión, el retroceso que se está percibiendo asume características distintas a las de otros tiempos en el que las dictaduras ejercían un control total. Obviamente, la excepción es Cuba. Aquí, como todavía persiste una dictadura con todas las letras, se ejerce el control de la información de forma absoluta. Los gobiernos populistas de la región parecen haber apostado, en esta oportunidad, por una forma más sutil de control. Los autodenominados socialistas del siglo XXI han encontrado una forma para ello sigilosa pero muy peligrosa porque se esconde en un ardid que frecuentemente le otorga un disfraz de cierta legitimidad. El proceso consiste básicamente en acallar las voces del periodismo independiente a través de mecanismos más complejos que los que utilizaban las brutales dictaduras militares del siglo pasado. En definitiva, estamos en presencia de otro fenómeno y como tal se debe estar atento para poder estudiarlo como un nuevo paradigma. Sin embargo, podríamos decir que el "método" más escandaloso, es el que se encuentra en las páginas centrales del manual que todo socialista del siglo XXI tiene en su mesilla de noche: eliminar todo medio de comunicación cuyos contenidos cuestionen las medidas del gobierno mediante la supresión de las licencias y concesiones. El ejemplo más elocuente es Venezuela. No obstante, la sanción de la nueva ley de medios en Argentina con un Congreso no representativo (los representantes electos en junio asumen funciones en diciembre) a iniciativa del Poder Ejecutivo, que contempla estas formas de "regulación" nos demuestra que estamos frente a un modelo de exportación continental. Esa será la batalla cultural que se librará durante los años venideros. Por un lado estarán, y serán muchos, los que intenten aprovechar la ocasión para regresar a un discurso que desate fobias y amalgame sus supuestas heridas sin cicatrizar con nuevas reivindicaciones nacionalistas. Un discurso que nos regrese al pasado para justificar el estancamiento en la eterna "juventud" de nuestras naciones. La panacea del diletantismo victimista y populista que se exculpa de los pecados adjudicándoselos a enemigos externos. Por otro lado, estarán aquellos que creen que en estos doscientos años de construcciones nacionales ha habido muchas aportaciones que se pueden rescatar para defender las libertades de hoy y conducir a América Latina, definitivamente, por la senda de la modernidad hacia la vanguardia de las naciones. El triunfo de unos o de otros, marcará el destino de la región. Fuente: Infolatam
|