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Año V Nro. 322 - Uruguay, 23 de enero del 2009  
 

 
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Los niños de la guerra contra Hamas
por Ana Jerozolimski
Editora del Semanario Hebreo

 
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         El periódico árabe israelí Kul al-Arab  en el marco de su cobertura de la actual guerra de Israel contra Hamas-con tono crítico de condena a Israel- publicó esta semana una información que a nuestro criterio, es clave. Tras contar que se comunicó con varios habitantes de Gaza  para saber cómo viven la situación, está el testimonio,

          “Khaled, de A-Rimal (en Gaza), dijo: ´Nosotros, los niños, en pequeños grupos y con ropas civiles, estamos llevando a cabo una misión de apoyo a los combatientes de la resistencia (Hamas), pasando mensajes sobre los movimientos de las tropas enemigas o trayéndoles municiones y alimentos. Nosotros mismos no somos conscientes de los movimientos de los combatientes de la resistencia. Los vemos en un lugar, súbitamente desaparecen, y luego reaparecen en algún otro lado. Son como fantasmas, es muy difícil encontrarlos o dañarlos”.

         ¿Y qué sucedería si muere alguno de estos niños cuando pasa municiones a Hamas, si se ataca a una célula armada justo cuando vienen niños a ayudarlos?

         Por más convencida que esté de que la guerra actual en Gaza no habría estallado de no ser por los ataques de Hamas con misiles hacia la población civil de Israel durante años, la intención de estas líneas no es  decir amén a todos los resultados de su ofensiva contra Hamas.

         Es terrible que mueran también civiles, especialmente niños. La intención aquí no es minimizar lo grave  de ese hecho.

         Pero sí recordar que fue precisamente para evitar esas muertes, que Israel se contuvo durante ocho años antes de lanzar el fuerte ataque  que lleva a cabo ahora contra Hamas. Sabía que la muerte de civiles en una zona como Gaza, en la que no sólo hay alta densidad de población sino más que nada terroristas que no tienen reparos en usar a los civiles de rehenes y escudos humanos, sería inevitable.

         Y quisiera concentrarme en los niños.

         En las últimas dos semanas, recorren el mundo imágenes muy duras de niños afectados, heridos y muertos en Gaza. Ninguno de ellos debería haber perdido tan prematuramente la vida.

         Pero para comprender por qué Israel finalmente se decidió a actuar con dureza contra Hamas, aún a riesgo de que el fuego alcance también a niños, blancos no buscados por cierto, hay que conocer también otras imágenes.

         Hay que conocer las imágenes de los niños de Gaza usados durante años por Hamas como instrumentos de odio en su propaganda. Imágenes de niños pequeños con uniforme de camouflage, portando armas, practicando maniobras propias de campamento militar durante los “campamentos de verano” en los que todo niño promedio quiere simplemente divertirse y pasarla bien.

         Y entonando canciones que les enseñan sus guías de Hamas, con loas a la “shahada”, muerte como mártires, y elogios como “éstos son los niños del cuchillo y la muerte”, que hemos visto personalmente en filmaciones de la televisión “Al Aqsa” de Hamas.

         Especialmente espeluznante fue una puesta en escena-que no es nueva, aunque estos días ha comenzado a circular nuevamente por la red- de elogio a la muerte y el suicidio, como valores superiores a la vida y al propio marco familiar. En esa filmación-que siendo yo madre, admito, recuerdo con una mezcla de ira y nudo en la garganta- se ve una niña pequeña, que no parece tener más de 5 años, observando a su madre cuando envuelve algo en una tela, que resulta ser un cinturón explosivo. Le pide a la madre que se quede con ella, pero la madre sale, se ve la explosión que simboliza el atentado suicida que perpetró y luego, nuevamente, la niña que vuelve al dormitorio de la madre , hurga en su cajón y encuentra explosivos. Los toma en sus manos  y la música de fondo promete , como si fuera la niña misma la que habla, que “nos juntaremos pronto mamá, porque yo seguiré tus pasos”.

          “Ahora entiendo qué era más precioso que yo”-dice la niña.

         ¿Es normal que el mensaje de una organización que dice representar el bien de su pueblo, enseñe a sus niños que la bomba valía más para su madre que ellos mismos?

         ¿Es normal mostrar a un niño que ora en la mezquita y que al salir, con el Corán en la mano, empuña también un rifle, mientras de fondo se canta sobre el sueño de morir?

         ¿Es normal vanagloriarse de que “así como los israelíes santifican la vida, nosotros santificamos la muerte” y mostrarlo como señal de fuerza a tomar en cuenta?

         ¿Se le cruzaría por la cabeza al editor de un programa de televisión normal y civilizado utilizar las figuras del Ratón Mickey y otros personajes infantiles (como el conejo Assud, en árabe), para diseminar odio , con frases como “me voy a comer a todos los judíos”? La voz es aguda, como es propio del personaje infantil,,,,el contenido, nada infantil por cierto.

         Tener esto en mente es esencial para comprender contra quién Israel está luchando. Pero no se atacó a Hamas por esos videos retorcidos ni por el mensaje  fanático que usa a sus propios niños como arma de odio, sino porque además, buscó durante años, incesamente, matar a niños de Israel.

         Toda la anormalidad puesta en el desarrollo de ese mensaje de odio y fanatismo, fue puesta en cada cohete Qassam disparado desde Gaza a partir de enero del 2001 –y ni que hablar de los innumerables atentados suicidas orquestados por Hamas  por todo Israel durante años.

         En cada cohete había y hay  explosivos y esquirlas destinados a matar numerosos niños. Y no mueren por decenas por día, por la sola razón de que mientras ellos, los terroristas, están dedicados a desarrollar la industria de la muerte, en Israel intentan salvar la vida. Mientras, a pesar de la retirada israelí de Gaza, Hamas se abocó a desarrollar sus misiles y no a hacer florecer la Franja Palestina en su nueva etapa, a los niños del sur de Israel se les entrenó sobre cómo y hacia dónde correr para salvarse en 15 segundos.

         En lugar de llenar Sderot de misiles y armas, se colocaron protectores de cemento en cada esquina, para que la gente tenga hacia dónde correr. Y se construyeron refuerzos especiales en los techos de escuelas y jardines de infantes, para que puedan detener los impactos directos de los Qassam.

         Sólo  eso salvó a los niños del sur .Y el hecho que cayeron cohetes en aulas cuando los alumnos estaban en el patio o viceversa. Y en casas vacías de las que por miedo, la gente se había ido por unos días a lo de familiares en otro lugar, volviendo luego vivos, a una casa destrozada.

         Y a pesar de que muchos se salvaron por este cúmulo de razones, Israel no podía dejar de responder al fin a la amenaza, pero no para tomar represalia, sino para tratar de poner fin al peligro. Y eso no se podía hacer lanzando Qassams sobre Gaza, sino atacando a Hamas con una fuerza que le convenza que más le vale no volver a disparar.

         Israel no podía no dejar de contenerse .Ya lindaba con lo inmoral el no enfrentar la amenaza. Su pecado no fue salir al fin a combatirla, sino no haberlo hecho mucho antes.

         Es tal como me dijo el viernes último el escritor israelí Abraham B.Yehoshua en una conversación telefónica. ”Si cayera en Madrid un misil por semana-no varios por día durante años como en el sur de Israel sino uno o dos por semana -¿acaso alguien en España diría que no hay que reaccionar contra quienes los dispara porque  casi siempre sólo hay  heridos y algunos daños materiales?”.

         Sea como sea, entre los muertos cobrados por los Qassam, hubo varios niños de Sderot. Muchos otros quedaron con secuelas para toda la vida, aunque sus fotos no estén dando vuelta al mundo .

         Israel no salió a atacar a Hamas en Gaza para “vengarlos” sino para garantizar que la lista de muertos no pueda seguir aumentando...y porque nadie podía asegurarle que algún día no se le terminara la cuota diaria de milagros.

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