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Los niños trabajadores domésticos de Haití
por Marcelo Andrés Ostria Ch.
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Haití, que comparte con la República Dominicana la isla La Española en el mar Caribe, es la nación más pobre del hemisferio occidental. Uno de los muchos y graves problemas de este país de poco más de ocho millones de habitantes, con un territorio de más de veintisiete mil kilómetros cuadrados, es que, según datos de UNICEF y Save the Children (Reino Unido y Canadá), doscientos cincuenta mil niños, son explotados por familias sin escrúpulos en trabajos domésticos.
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Francesc Relea, enviado a Haití por de El País de Madrid, España, afirmaba en 2006 que “los nuevos esclavos de la nación más pobre del hemisferio occidental son chicos y chicas entre 7 y 14 años que dejaron el medio rural pobre para terminar como sirvientes en las ciudades haitianas, subyugados en las plantaciones de caña de azúcar o en las redes de prostitución de la vecina República Dominicana”. Añade: “Las calles están pobladas de niños sin futuro. Los menos dóciles escaparon de sus nuevos progenitores y se integraron en pandillas. Algunos van a parar a las bandas de chimères en los arrabales de Puerto Príncipe, donde es frecuente ver chavales de apenas 10 años armados”.
Estos son, en una gran mayoría, niños que vivían en la extrema pobreza en las áreas rurales, donde, según datos de UNICEF, el 60% de las familias rurales no tiene su alimentación asegurada. Esto ha causado una intensa migración de niños a las áreas urbanas, sobre todo a la capital, Puerto Príncipe.
Haití todavía no ha ratificado el Convenio 132 (sobre la edad mínima para trabajar) y el Convenio 182 (sobre las peores formas de trabajo infantil) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Más aun, la legislación actual en Haití que rige el trabajo domestico es inadecuada e contradictoria. El artículo 341 del Código de Trabajo señala que ningún niño menor de 12 años debe ser entregado a otra familia como sirviente domestico, pero el artículo 345 señala que los que estén contratados deben tener acceso a derechos básicos como la educación, alimentación y viviendas adecuadas, atención médica, etc. vivienda decente. Contradicciones como ésta, que prohíbe y simultáneamente permiten el trabajo infantil.
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Por lo general, las familias de clase media pobre en las áreas urbanas, que también viven en condiciones deplorables, son las que reciben a niñas y niños de las áreas rurales como trabajadores domésticos. La gran mayoría de estos niños son obligados a cumplir jornadas excesivas, viven lejos de casa y no tienen acceso a servicios médicos. Según la OIT, muchos de estos niños no tienen más remedio que soportar castigos, abuso verbal, intimidación y otras formas de agresiones.
Aparte de una reforma legislativa nacional y la ratificación de los convenios de la OIT, la sociedad haitiana en su conjunto requiere crear una actitud que promueva la prohibición del trabajo infantil que, como se menciona, en ese país es lo más cercano a la esclavitud. Es más, la ciudadanía haitiana debe tomar conciencia de que es ineludible, para asegurar un futuro menos ignominioso de una gran parte de la población, proteger los derechos de los niños. Esto requiere, con urgencia, una vigorosa campaña de sensibilización sobre los daños que sufren los niños trabajadores como sirvientes domésticos..
Por otra parte, es cierto que en las actuales condiciones socioeconómicas de Haití, el esfuerzo nacional no será suficiente para encarar este problema lacerante. Requiere de una masiva cooperación internacional, especialmente de las naciones con mayores recursos y experiencia en la lucha contra el abuso de los niños en trabajos domésticos y la prevención de que sean absorbidos por la delincuencia.
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