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¿Una liga de democracias americanas?
por Roman D. Ortiz

 
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         Decir que la democracia atraviesa una profunda crisis en América Latina se ha convertido en un tópico. Ahí está el caso del régimen venezolano que ha convertido el hostigamiento a la oposición en pura rutina. Algo parecido se puede decir de Bolivia donde los partidarios del presidente Morales en el Congreso aprobaron un nuevo texto constitucional sin presencia de la oposición y se disponen someterlo a referéndum en un clima político hostil a la disidencia. Entretanto, se acumulan las pruebas que inculpan a los sandinistas de haber cometido fraude en las pasadas elecciones locales de noviembre en Nicaragua.

         El panorama se hace más oscuro cuando se toma en consideración que el resto de los gobiernos latinoamericanos han permanecido pasivos frente a estos abusos. La OEA, que durante los años 90 se erigió en guardián de la democracia en el Hemisferio, se ha limitado a declaraciones retóricas. Por su parte, UNASUR, el nuevo experimento de integración sudamericana, ha preferido legitimar el comportamiento de Morales en Bolivia y callar en el caso de Venezuela. Un comportamiento explicable si se tiene en cuenta que uno de los principales padrinos de esta iniciativa es el presidente Chávez. Sin un compromiso regional con la defensa de la democracia, América Latina podría estar a las puertas de una nueva oleada de autoritarismo como las que padeció en las décadas de 1930 y 1970.

         En cualquier caso, el acoso al liberalismo no es sólo un problema latinoamericano. A los viejos sátrapas supervivientes de la Guerra Fría en Corea del Norte o Cuba, se ha sumando una nueva generación de tiranos que incluye desde el tándem Putin-Medvedev en Rusia hasta Bashar al-Assad en Siria. Como respuesta, la posibilidad de crear una Liga de gobiernos democráticos dispuestos a defender las libertades y los derechos humanos está ganando adeptos. La idea cobró relevancia pública de la mano de uno de los intelectuales más brillantes del movimiento neoconservador como es Robert Kagan. Pero además, cuenta con el apoyo de sectores académicos cercanos al Partido Demócrata como Ivo Daalder, uno de los asesores de Barack Obama.

         El proyecto también tiene detractores. El académico británico Robert Skidelsky ha alertado contra la posibilidad de una nueva Guerra Fría entre gobiernos democráticos y regímenes autoritarios. Pero semejante advertencia pierde sentido cuando se contempla como las dictaduras socavan la democracia en los países vecinos para poner en su lugar autocracias afines a sus intereses. En realidad, la Guerra Fría a la que se refiere Skidelsky ya está aquí. La diferencia es que hasta ahora los regímenes democráticos no tienen herramientas para promover los derechos humanos y las libertades políticas. Una Liga de Democracias llenaría este vacío.

         Para otros, como Thomas Carothers del Carnagie Endowment for Internacional Peace, el problema reside en que las democracias tienen intereses demasiado dispares como para formar una coalición efectiva. Sin embargo, esta barrera podría superarse si la construcción de una alianza de democracias se inicia a nivel regional entre países que comparten una esfera geográfica y cultural. América Latina es un espacio fértil para un proyecto de esta naturaleza, una Liga de Democracias Americanas.

         Junto con Canadá y EE.UU., América Latina disfruta de una de las tradiciones liberales más antiguas del globo. Sobre esta base, gobiernos latinoamericanos surgidos de elecciones libremente competidas y respetuosos de la separación de poderes como Brasil, Chile, Perú, Colombia o México podrían sumar fuerzas para darse apoyo mutuo en la consolidación de sus instituciones y promover la libertad política en el continente. Estas capitales latinoamericanas podrían unirse a Washington y Ottawa para formar una coalición que elaborase posiciones comunes sobre cuestiones como el libre comercio o la seguridad. Sería una forma de construir un dique para frenar la actual ola de autoritarismo y garantizar el futuro de la democracia en el continente que la vio nacer.

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Fuente: HACER
 
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