| ¡¡¡Síííííí, que se venga el apagón!!! |
| –¡Ya sé! ¡Tengo una idea buenísima!– le dije a mi familia mientras desayunábamos hoy a la mañana. –¿Una idea para qué?– preguntó mi mujer que de lo único que desconfía es justamente de mis ideas. –¡¿Cómo para qué?! ¡Para ahorrar energía! ¿En que país viven ustedes? ¡¡Estoy pensando sin parar desde ayer cómo hacer para ahorrar energía y se me acaba de ocurrir una buena idea!! |
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| ¡Aguante Mamerto! ¡Aguante Cornelio! |
| Pero… ¿¡Marciano?! ¿¡Cómo te vas a llamar Marciano!? –Dale, mostrame la cédula— te dicen los incrédulos. Es la frase preferida de los desconfiados. Y vos te tomás el trabajo de echar mano al bolsillo y mostrarle el documento. –¡No te puedo creeeeeeer! Yo pensé que te decían Marciano (acentuado en “decían”) |
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| ¡Ay Uruguay, cuándo más absurdo más te quiero! |
| Hay veces que tenemos actitudes de locos y sin embargo nos parecen normales. Me refiero a los uruguayos. ¿Querés algunos ejemplos? |
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| ¡Fuera Bush, demócrata asesino!… (y welcome) |
| Les recordamos que hoy a la mañana el Presidente de los EEUU recibió las llaves de la ciudad de manos del Intendente Ehrlich y al mediodía la Ministra Arismendi se las quitó. En estas imágenes que corresponden a la mañana de hoy, vemos cómo el Intendente intenta abstenerse de la entrega de la llave, ahí se la da, ahí se la reclama, ahí le saca el arito del llavero, ahora se la va a dar, se limpia el oído izquierdo, la coloca una vez más en el arito, se la guarda en el bolsillo y finalmente dos miembros de la custodia del presidente estadounidense se la sacan a la fuerza. Bush se demora unos segundos en guardarla y Marina Arismendi irrumpe en la escena, le quita la llave y sale presurosa del recinto al grito de “¡Pedí que te hagan una copia en la cerrajería, botonazo!”… |
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| ¡Hola Heberrrrr… la culpa es de los comunistas! |
| Abuela, tengo que salir. Es probable que me llamen del exterior. ¿Me escucha abuela? ¡Que me van a llamaaaaar del exterior! –¿Al doctor? ¿No quiere que yo lo santigüe mijito? |
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| ¡Llame ya!… al siquiatra, Carmen |
| Vos tenés que estar loco– me dijo mi mujer que sigue sin entenderme. –¿Qué es lo que te preocupa tanto, Carmen? — le pregunté un poco molesto. –¡Todo, Leonardo, tooooodo! Últimamente, todo me molesta de vos. Vos me molestás, desde los cayos hasta la pelada. Porque vos no estás bien ¿Entendés que no estás bien? |
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