| Intentaron el “negocio”. Hablaban, profetas del desarrollo personal, de expansión forestal y polos celulósicos, todo dentro de nuestras fronteras, todo en una provincia, y hasta lo refrendaron con decretos y leyes provinciales. Pero cuando fallaron las comisiones clamaron, por lo bajo, venganza. Cultores del “animémonos y vayan” crearon un clima tal de desastre que pusieron en pie de guerra – aunque juren que el verdadero enemigo es un lapón a quien no se le conoce ni el nombre - a una pacífica ciudad contra otra, tan hermanas que necesitaban un río para saber donde empezaba y terminaba cada una. |