| La gente caminaba entre dolores. Es inevitable despedirte con dolor a ti que sin embargo sembraste alegrías por doquier. Tus canciones, ya reconocibles por personalísimas cadencias, se fueron haciendo uno con los públicos de todo el país que lentamente te fue sintiendo como hijo de su lugar. Los intendentes que te fueron a despedir lo tenían claro, “lo sentimos como nuestro”, “no había, no solo festivales sino un beneficio en que se le requiriera en que no nos acompañara”. Lo decían ellos, ojos nublados, pero lo podían decir en los 19 departamentos de la República. |