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Año V - Nº 263
Uruguay,  07 diciembre del 2007
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Emilio J. Cárdenas
Evo Morales trata de imponer un retroceso a sus connacionales, que se resisten, y no sin razón
por Emilio J. Cárdenas (Perfil)
 
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            Es evidente que Evo Morales, de la mano de sus padrinos e ideólogos -Álvaro García Linera, Hugo Chávez y Fidel Castro- ha estado tratando de imponer a todos los bolivianos una nueva Constitución que, como veremos, es realmente una extraña colección de lo que parece una serie de auténticos disparates jurídicos. Más allá de las buenas intenciones que podrían, quizás, presumirse.

            Llevando a Bolivia a las puertas mismas del precipicio que deriva en la violencia (sin vacilar un instante) Morales hizo aprobar ilegalmente (esto es, sin contar para ello con la mayoría de los dos tercios de los constituyentes, que exigen tanto la Constitución vigente, como la propia “Ley de Convocatoria” a la Asamblea Constituyente), un nuevo proyecto de Constitución para su sufrido país. Lo hizo sesionando abruptamente en el interior de un cuartel militar en la ciudad de Sucre (el peor escenario para una reforma del pacto social de cualquier país facilitado por militares abiertamente seducidos con los cheques provistos por Chávez), sin la presencia de los constituyentes de la oposición, y provocando en las inmediaciones del cuartel varias muertes cobardes (cuando en una refriega contra ciudadanos de Sucre que estaban enardecidos por la obvia maniobra engañosa, éstos fueron reprimidos, como si fueran animales).

            ¡Oh, sorpresa! o “abracadabra, aquí está la nueva Constitución”.

            Lo insólito es que -después de más de un año largo de sesiones- nadie conocía el texto completo de la Constitución que Morales trataba de imponer a los bolivianos que, de pronto, entre gallos y medianoche, “apareció” repentinamente para ser aprobado -a toda velocidad- por los representantes del MAS (y dos suplentes de la oposición que fueron ostensiblemente “borocoteados”, esto es sobornados desde el poder) sobre tablas.

            El referido feo episodio merece ser incluido en las páginas mismas del “Guiness Book of Records”, como la experiencia constitucional más vergonzosa de la historia.

Nada de autonomías reales

            La consecuencia de ello (y de haber intentado además escamotear las “autonomías” que pretenden los departamentos de la “Media Luna” del oriente del país, los que más trabajan y aportan, luego de un referéndum que así lo confirmara de manera transparente, convocado por un ensoberbecido Morales, que ahora ha sido ignorado) es una situación de tirantez que puede llevar al desastre y a la confrontación física entre hermanos.

            Y digo entre hermanos, porque se supone que todos los ciudadanos son bolivianos, concepto que siempre evocó una sociedad claramente multi-étnica, en la que todos convivían -hasta no hace mucho- en paz, más allá de sus múltiples nacionalidades. Como sucede, sin mayores dificultades en muchos otros lugares del mundo.

            Pero Morales y su mentor, el Vice-presidente Álvaro García Linera han venido sembrando -visible y constantemente- odios y rencores desde el poder, utilizando para ello, deslealmente, la maquinaria misma del Estado.

            Un auténtico “caos organizado”, y algunos “botones” de muestra.

            Dicen que “para muestra basta un botón”. Veamos algunos de los que contiene la propuesta de nueva Constitución para Bolivia que impulsan Morales, Chávez y Castro, en operación conjunta. Son para reír… o llorar.

            Ud., lector juzgará, con su propio criterio, si ellas son, o no, “razonables”.

1. Definición del Estado:

            Según el Artículo 1° del proyecto de nueva Constitución redactado por los “especialistas” del MAS (incluyendo los cubanos): “Bolivia se constituye en un Estado unitario, social de derecho plurinacional comunitario, libre, autonómico y descentralizado, independiente, soberano, democrático e intercultural. Se funda en la pluralidad y en el pluralismo político, económico, jurídico, cultural, y lingüístico, dentro del proceso integrador del país”.

            Increíble rompecabezas, que -entre otras profundas contradicciones- sugiere que, habiendo pluralidad jurídica, las normas serán diferentes para cada “nación”, lo que es presumiblemente la idea, aunque luzca insólito. Y caótico. Pero, además, cómo puede haber un estado a la vez unitario y con derechos plurinacionales; o unitario y, a la vez, autonómico y descentralizado. ¿Qué es el pluralismo económico? ¿Cómo se aplicará? ¿Y el jurídico? ¿Serán los derechos de unos y otros diferentes? ¿También sus libertades civiles y políticas?

            ¡Qué descomunal desastre de redacción y qué confusión horrible de nociones!

2. Idiomas:

            Para el Artículo 5° del proyecto de nueva Constitución diseñada por el MAS, “son idiomas oficiales del Estado el castellano y todos los idiomas de las naciones indígenas” (que son 35).

            ¿Se imagina, lector, lo que será el Boletín Oficial, mañana? Y los textos contractuales y normativos!! Notable. Una suerte de enciclopedia interminable, pero diaria.

3. Principios ético-morales:

            Según el Artículo 8° del proyecto de nueva Constitución propuesto por el MAS, “el Estado asume como principio ético-moral: ama qhilla, ama llulla, ama suwa”, que en castellano aparentemente (no se explica en cual de los 35 idiomas oficiales se enuncian esos principios, ni a cual de las etnias corresponden, lo que hace sospechar que son aimaras) quieren decir: no seas flojo, no seas mentiroso, no seas ladrón. Violador, quizás, no importa. Asesino, tampoco. Estafador, posiblemente menos.

            De los diez mandamientos del Monte Sinaí, a los tres principios ético-morales propuestos hay todo un abismo. Y, ni que hablar, de ellos a los derechos humanos reconocidos en la comunidad de naciones, o a las libertades civiles y políticas que son los tradicionales de las democracias modernas.

            Una locura, como cualquier otra. Pero lo grave es que los aludidos principios no se limitan a la nación a la que seguramente pertenecen, sino que se pretenden imponer a las otras 34 culturas que se presumen distintas. Arbitrariamente, por supuesto, como todo lo que hace Morales, que cree estar ungido como “autoridad” indiscutida de todos, sin límite alguno, y sin que tenga que escuchar a minoría alguna, jamás.

4. Períodos presidenciales.

            Aquí está la auténtica “madre del borrego”. Esta es, sin duda, la verdadera razón de la insólita reforma que Morales y García Linera procuran.

            En efecto, el proyecto de nueva Constitución, en su Artículo 166, dice: “El período de mandato del presidente/a y del vice-presidente/a del Estado es de cinco años, y pueden ser re-electos consecutivamente”.

            Para siempre, en consecuencia. Sin límite alguno temporal. Y sin necesidad de recurrir (como nosotros) a “alternar” los altos cargos entre marido y mujer, para así disimular la real eternidad de los mandatos.

            Como ocurriera también en Venezuela y Ecuador. Una vez más, se sigue el “modelo” bolivariano. De la alternancia democrática, si te he visto, no me acuerdo. En cambio, totalitarismo abierto.

5. El caos “indígeno-campesino”.

            Morales no se siente parte de la tradición judeo-cristiana. Está claro. Más bien, la odia. Solo acepta el componente británico del fútbol, por el que siente pasión.

            Por esto no sorprende que los Artículos 199 y 200 dispongan que “las naciones y pueblos originarios campesinos ejercerán sus funciones jurisdiccionales y de competencia a través de sus autoridades y aplicarán sus principios, valores culturales, normas y procedimientos propios”. ¿A todos? ¿Sólo a ellos?

            Esto es el caos, en su versión jurídica más pura. Pese a que también se dice: “La jurisdicción indígena originaria respetará los derechos fundamentales establecidos en la presente Constitución” aunque interpretados interculturalmente (esto es, de 35 posibles distintas maneras).

            Además, se dice que “la jurisdicción indígena originaria campesina (si no se es campesino, se presume que las normas serán distintas) decidirá en forma definitiva; sus decisiones no podrán ser revisadas por la jurisdicción ordinaria (esto es sin revisión, ni apelación. ¿Y si las decisiones tienen que ver con sujetos de otras naciones, cuál es la respuesta?

            Al diablo entonces con el respeto a los “derechos fundamentales” que contiene la Constitución desde que su alcance será sólo el conferido o interpretado por la jurisdicción indígena originaria campesina (con 35 posibles cristales diferentes).

            Para hacer las cosas peores, las resoluciones de las jurisdicciones indígenas originarias campesinas, serán “ejecutadas en forma directa”. ¿Habrá entonces poderes policiales múltiples? ¿Cómo se resolverán las contradicciones que obviamente habrán de aparecer en la interpretación de las mismas normas con 35 perfiles culturales diferentes?

            ¿O habrá solamente una jurisdicción indígena originaria campesina… la de la etnia de Morales… A la que todos, en su caso, deberán someterse?

            Lector, me imagino que Ud. está tan asombrado o atónito como yo. Lo que se ve en un primer análisis de la propuesta del MAS, luce como una receta infalible para sumir a un país multi-cultural en el más profundo de los caos y en el atraso más irremediable. Y en la arbitrariedad disfrazada de legalidad. Esto es grave. A lo mejor es lo que se procura… Pero ahora que los propios venezolanos se animaron a rechazar las propuestas parecidas del propio Chávez, el escenario ha cambiado… dramáticamente.


Fuente: Fundación Futuro Argentino
 
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