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Pugilismo Parlamentario
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| por Michael S. Castleton-Bridger |
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Los medios se han cansado de comentar el episodio del diputado Lacalle Pou en su encuentro pugilístico con algunos parlamentarios del gobierno.
Es indudable que estas situaciones no son lo ideal en relacionamiento político, de eso no hay duda. Sin embargo debemos reconocer que en política el que no tiene alguna pasión incorporada no llega lejos. Es bueno que sea así.
Estos episodios “tele” mediante todos los hemos visto en todos los parlamentos aunque por algún motivo los Koreanos parecen ser particularmente proclives a estas manifestaciones.
Lo que debe preocupar me parece es el nivel de los epítetos espetados por el Tupamaro a Lacalle. ¡Qué poco ha cambiado esta gente! Qué poco han evolucionado en su pensamiento si las groserías de este legislador tupamaro son un ejemplo de su forma de pensar.
Eso me parece que es lo más preocupante y que los no-frente amplistas debemos remarcar y guardar para futura referencia. Personalmente a esta gente me parece verlos cada vez más irascibles en su relacionamiento no ya con la oposición sino con su propio gobierno y los que la integran. La ciudad está tapada de murales escritos con consignas en este sentido. No es buena cosa.
No es buena cosa que un país sea gobernado por una coalición que en cualquier momento explota por sus propias contradicciones ideológicas internas.
No sea cosa que de hablar algunos de estos energúmenos irredentos quieran pasar a la acción y llevar a la república por oscuros caminos que ya recorrimos en el pasado.
Deberemos no ya como partido político, sino por sobre todas las cosas como buenos orientales tratar de evitar esto.
Pero no a cualquier precio, no al precio de tolerar injurias gratuitas o dejándonos arrear por los que pretenden corrernos con el poncho.
Francamente y en lo que a mi me concierne hubiera reaccionado análogamente al diputado Lacalle en la misma situación, aunque quizá con resultados distintos por cuestiones de volúmenes relativos.
Por las buenas y con respeto todo es conversable. Ante la prepotencia y el patoterismo nada es conversable.
Esperemos que este episodio pase a la brevedad a integrar el anecdotario del parlamento como debería ser, aunque con esta gente nunca se sabe…
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