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Año IV - Nº 261
Uruguay,  23 de noviembre del 2007
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Alberto Volonté Berro

Incompetencia redimible

por Dr. Alberto Volonté Berro
 
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            El gobierno quedó sin explicación. Ya no puede recurrir a supuestos operativos de la prensa y mucho menos a una conjura de la oposición. Prensa y oposición han ayudado al gobierno en el trámite de todo este desgraciado conflicto con Argentina. Hoy el gobierno tiene que asumir la responsabilidad, en soledad. Los errores cometidos sólo puede atribuirlos a su incompetencia.

            La prensa y las autoridades de Botnia aguardaban el inicio de la conferencia de prensa del Ministro Mariano Arana, convocada para anunciar la firma de la habilitación formal para que la planta de Botnia comenzara a funcionar. Se habían cumplido todos los requisitos legales y, terminados los trámites, se disponía a reconocer el derecho a una empresa privada a trabajar y producir en el país. En ese instante llega la orden del Presidente de la República, mandando detener el otorgamiento del permiso. La repentina marcha atrás del gobierno fue justificada a raíz de un llamado que el canciller español Moratinos, en lugar de hacerle a su par, el canciller Gargano, le hizo directamente al Presidente Vázquez que se encontraba en Estados Unidos.

            ¿Qué llevó al gobierno español, al “facilitador”, al propio Rey de España a instruir al canciller Moratinos para que, se dirigiera directamente al Presidente de los uruguayos a pedirle semejante cosa? Eso es algo que, desde ya sospechamos que nunca tendrá una explicación satisfactoria.

            En momentos en que La Democracia sale a la calle, se estarán viviendo en Chile las horas claves de la Cumbre Iberoamericana. Momento en que se cree que va a haber un acuerdo entre Uruguay y Argentina, ante la atenta mirada del Rey de España. Deseamos que se opere un milagro, que Uruguay logre quedar bien parado y que de este episodio, casi surrealista, surja algo que justifique lo que hasta el momento de escribir estas líneas carece de explicación.

            En los últimos días han surgido indicios de buena voluntad del gobierno argentino para solucionar el diferendo. Pero se corrió un serio riesgo de perder el espacio ganado y hasta los buenos oficios del Rey, gracias a la incompetencia del gobierno uruguayo. Si éste conocía (y claro que la conocía) la fecha en que se firmaría la habilitación de la planta de Botnia, debió informarlo, no al gobierno argentino, pero sí al facilitador español.

            La discreta y paciente operación del Rey y su facilitador se enfrentó sorpresivamente ante el hecho consumado del anuncio del gobierno uruguayo a los medios de difusión. Eso es lo que explica que a último momento el canciller Moratinos recurriera directamente al presidente Vázquez para pedirle que detuviera el anuncio oficial.

            Está en la lógica de los hechos presumir que durante las instancias de diálogo entre ambos países, con el facilitador de por medio, quedó, explícita o implícitamente entendido que ninguno de los dos gobiernos debía adoptar acciones unilaterales sin, al menos, advertir previamente al facilitador, para no dejar a éste descolocado frente a ninguna de las partes en pugna.

            Descarto toda presión del gobierno argentino sobre el de España en este episodio. No porque no fuera capaz de intentarlo, sino porque respeto demasiado a España, su Rey y su canciller, como para pensar que, cediendo a una supuesta presión, pudiera perder ecuanimidad y presionar a su vez al gobierno uruguayo.

            Es mucho más verosímil que, ante el anuncio público uruguayo, el gobierno español haya pedido al Presidente Vázquez que enmendara el error de no haber informado previamente al facilitador, a su debido momento y por los canales diplomáticos correspondientes. Eso demuestra impericia e incompetencia de un gobierno que, con su paso en falso, le dio pie al canciller argentino, Jorge Taiana, para aprovechar la situación y acusar de “provocación” al Uruguay, ganando así una basa en el delicado juego de diplomacia internacional involucrado en el arduo diferendo binacional.

            En el fino manejo de las relaciones internacionales hay reglas que deben cumplirse escrupulosamente. Cuando se aceptan los buenos oficios de un mediador o un facilitador, no se le pueden presentar hechos consumados, sin información previa.

            Ha trascendido que la solución aceptada por ambos países, no es otra que “encapsular” el diferendo entre las dos naciones, sometiéndolo exclusivamente al fallo del Tribunal Internacional de La Haya, mientras ninguna de las dos naciones adoptaría acciones que pudieran agravar la situación o ampliar el diferendo a otros ámbitos de las relaciones diplomáticas entre ambas.

            Queda claro que no habrá relocalización de la planta de Botnia, cuya autorización para funcionar depende de un acto soberano del gobierno uruguayo, y que al gobierno argentino le tomará un tiempo asegurar la liberación del tránsito por los puentes binacionales. Esos son los dos temas centrales en los cuales ambos países deben ceder. En otras palabras, Uruguay acepta la negociación, o el diálogo, con puentes cortados y Argentina admite que Botnia no se moverá de donde está y que el inicio de sus operaciones depende exclusivamente de la decisión soberana del Uruguay. Eso, Argentina ya lo aceptó. Como implícitamente, Uruguay esta aceptando el primer paso de dialogar con puentes cortados.

            Cualquiera sabe que la autorización a Botnia se pudo otorgar en septiembre. Seguramente en el proceso de diálogo, (especialmente en la sorpresiva reunión de Anchorena y la posterior en Estados Unidos), se entendió que era prudente esperar que se realizaran las elecciones en Argentina. Probablemente se acordó que el primer gesto de entendimiento debían realizarlo Vázquez y Kirchner en Santiago de Chile y que la solución final debía concertarse después del cambio de mando el 10 de diciembre. Había una señal clara en ese sentido. La señora Cristina Fernández de Kirchner anunció que su primer viaje oficial como presidenta sería a Uruguay.

            En esas tratativas, llámese diálogo o negociación, muchas cosas habrán quedado explicitas y otras obedecen a la lógica de los hechos, implícitamente incorporados.
¿Qué cambió en la situación? La falta de comunicación al gobierno español. Una vez más falló la diplomacia uruguaya. Pero esto no libera de responsabilidad al Presidente de la República quien se puso en la línea de fuego al ordenar la marcha atrás en la habilitación y es quien deberá dar las explicaciones al pueblo uruguayo.

            Deseamos fervientemente que el Presidente Vázquez vuelva de Santiago con una explicación que convierta el papelón en solución y que el trago amargo haya sido el precio para lograr un acuerdo que encamine el diferendo. Es su posibilidad de redimirse del error, aunque la incompetencia del gobierno haya quedado más que probada.

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