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Año V Nro. 370 - Uruguay, 25 de diciembre del 2009
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La llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos, con un discurso progresista e ideas de cambio, cooperación y superación de los errores y abusos cometidos por su antecesor en el cargo, George W. Bush, hizo pensar hasta los más escépticos que las políticas estadounidenses y su relación frente al resto del mundo iban a ser diferentes. Sin embargo, más allá de las formas asumidas por Obama, los pilares fundamentales de la superpotencia siguen indemnes y profundizándose, con algunos leves matices. A continuación un leve recuento de algunos sucesos internacionales del año 2009 para ver la realidad. En Medio Oriente, específicamente en el caso Irán, Obama anunció su disposición al diálogo y la recuperación de las relaciones con Teherán. El gobierno estadounidense se comprometió a tender la mano si el país islámico abría su puño. Ante la pasividad negativa de Ahmadineyad, Washington no permaneció mucho tiempo con la palma abierta, sino que, por el contrario, cerró desafiante ambos puños. Recordemos que en el Foro de Seguridad y Defensa de ASEAN, realizado en Tailandia, la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, anunció que de persistir Irán con el desarrollo de su programa nuclear, Estados Unidos armará a sus aliados y vecinos en el Golfo Pérsico, creando a su alrededor un “paraguas defensivo” para contener militarmente al régimen islámico iraní. En Europa, el sorpresivo anuncio de Obama de dejar sin efecto el escudo antimisiles en Polonia y la República Checa, luego de la visita del presidente de Estados Unidos a Moscú, fue percibido como una muestra de debilidad ante Rusia. Sin embargo, el nuevo sistema móvil de defensa propuesto por la administración Obama, apoyada por el Secretario de Defensa, Robert Gates (el mismo que durante el gobierno de Bush elaboró el escudo anterior), y respaldado por el pleno de la OTAN, parece evidenciar que tan controvertido viraje estratégico no debilitará el potencial bélico estadounidense en Eurasia. La medida puede significar un repotenciamiento al incorporar componentes móviles y marítimos a los elementos terrestres. Además la famosa doctrina Truman de aislar a la URSS e impedir la expansión del comunismo no parece haber cesado en este nuevo escenario. La cruzada estadounidense de absorber a la OTAN a quienes conformaron el pacto de Varsovia no se ha visto frenada por el renovado discurso de Obama. El proceso de ingreso de Ucrania y Georgia a la organización militar internacional no se ha descartado y sigue sobre la mesa. En nuestro hemisferio, la XXXIX Asamblea General de la OEA, celebrada en Trinidad y Tobago, fue el escenario para que Obama propusiera una nueva agenda en las relaciones de Estados Unidos con América Latina, y que diera vuelta la página a la tan fustigada política de la zanahoria y el garrote. Fue así como, en un primer momento, sorprendió la enérgica condena del gobierno estadounidense contra la deposición forzada de Zelaya, ficha clave en Centroamérica del proyecto socialista-imperialista-bolivariano de Hugo Chávez, y contra el gobierno interino de Michelletti. Sin embargo, ante el clamor de los gobiernos progresistas de “reinstaurar la democracia” en Honduras, la presión estadounidense se ha enfocado superficialmente en la interrupción de ayudas económicas no esenciales y en gestos diplomáticos simbólicos. Mientras paralelamente las remesas, que representan el 25% del PBI del tradicional aliado centroamericano siguen fluyendo con normalidad desde el Norte y las relaciones comerciales con Estados Unidos, que significan el 80% del comercio hondureño, continúan intactas. Más aún cuando el gobierno de Obama ha apostado al reconocimiento de Pepe Lobo como presidente legítimo. También en América Latina, el acuerdo colombo-estadounidense para la utilización de por lo menos siete bases colombianas por personal militar y contratistas estadounidenses es otra evidencia contundente, de lo poco desteñida que se encuentra la estructura fundamental de la política exterior de la Casa Blanca. En este caso podemos analizar dos vertientes, un apoyo directo a la posición colombiana en la región y una presencia disuasiva para el expansionismo chavista y su modelo de “socialismo del siglo XXI” que encarna una problemática muy seria para los propósitos geoestratégicos colombianos y estadounidenses, en un contexto en que los gobiernos de China, Rusia e Irán se encuentran poco a poco penetrando en la región gracias al apoyo concedido por el presidente venezolano. ¿Estrategia política concertada o poca maniobrabilidad de Obama? Lo cierto es que mientras el discurso reconciliador y de no confrontación del presidente despista a muchos ¡Hasta el próximo encuentro…! © Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez para Informe Uruguay
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