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Año V Nro. 298 - Uruguay,  08 de agosto del 2008   
 

 
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Raúl Seoane

IRPF, IRP y amnesia
por Ricardo Garzón

 
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         Leemos el domingo, en el editorial de EL PAIS, que algunos políticos, así como algunos periodistas, toman a los uruguayos por tontos o rematadamente tontos. Pero resulta que esta subestimación de su coeficiente intelectual no se corresponde con la realidad. La gente, que anda y arde en la calle -y en las ferias y en los supermercados del país-, al decir de Herrera, no es tan tilinga como ellos creen.

         Y tampoco es amnésica. Ni padece el temible y terrible mal de Alzheimer. Por ello, sabe y recuerda bien que cuando, por culpa de algunos compatriotas ingenuos el Frente Amplio accedió al gobierno y ungió Presidente de la República al doctor Tabaré Vázquez, no existía el odioso IRPF.

         Un invento del ministro Danilo Astori, votado por todos sus correligionarios y correligionarias, -para ir de un extremo al otro, desde Nora Castro y Silvana Charlone hasta Fernández Huidobro y Cid-, que agujereó "la cartera de la dama y el bolsillo del caballero". O sus cuentas bancarias.

         Existía, sí, el IRP. Es decir el impuesto "a las retribuciones personales" (léase sueldos y jubilaciones) que, de tan irrelevante que era, salvo Alfie, que era quien cerraba las cuentas con su recaudación en Colonia y Paraguay, prácticamente nadie recuerda su cuantía. Reiteramos pues, al respecto, lo dicho en editorial dominical del pasado 25 de mayo:

         "El IRP fue creado por la execrable dictadura en 1982. Y gravaba a activos y pasivos. Tras subirse y bajarse varias veces sus tasas, en función de la situación económica del país, al término del gobierno del Dr. Batlle, tenía un mínimo no imponible de $ 10.650 y su tasa era de sólo 2% (léase bien y con atención), con carácter general. Esto, para los pasivos".

         "Y, para los activos -proseguíamos-, el mínimo no imponible, era la mitad y la tasa, también para todos, el triple (6%). Se trataba desigualmente a los desiguales, en correcta aplicación del principio -constitucional- de igualdad".

         Algo de lo que no parecen haberse dado por enterados tres de los actuales Ministros de la Suprema Corte de Justicia.

         Y agregábamos en aquel entonces: "Además, era un tributo a cada ingreso. No se sumaban dos jubilaciones exentas ni tres sueldos, a efectos de determinar el mínimo no imponible".

         Principio justo y razonable que, por ser ignorado y vulnerado por Astori, Bergara, Lorenzo y toda la craneoteca que habita en el Ministerio de Economía, ha generado -222 mediante- el batifondo policial que, entre tango y cabalgata, debe enfrentar la ministra Daisy Tourné.

         El asunto no termina con que el IRPF es mucho más gravoso que el IRP. No debemos olvidar que este último fue objeto de la crítica sistemática del Frente Amplio. ¡Horror!, decían de él, rasgándose las vestiduras, todos ellos. Desde Mujica y Lucía Topolansky Saavedra, hasta Orrico y Baraibar. ¡Qué barbaridad, gravar a los esforzados trabajadores y a los pobres y ancianos jubilados!

         Anda por ahí un correo electrónico que recuerda y transcribe lo que dijo Astori en el Senado, en el año 2004 y desde su Olimpo, la última vez que, con motivo de rebajarse por enésima vez sus alícuotas. Vituperó una vez más, contra el IRP. Habló, -al mejor estilo de don Juan Pivel Devoto- como profesor y como político cazador de votos.

         Después pasó a ser Ministro de Economía y, cazador de contribuyentes, lo atacó la amnesia e implantó, con insaciable voracidad fiscal, el mal llamado impuesto a la Renta de las Personas Físicas, cuya tasa mínima no es del 2% sino del 10%.

         Y tiene alícuotas progresivas que llegan hasta el 25%. ¡Qué barbaridad!

         Mal llamado, porque las jubilaciones y los sueldos no son rentas. Pero ahora, ante las primeras sentencias de la Corte, a las que le hicieron un dribbling inventando el IASS -el mismo perro con otro collar-, ante el reclamo policial para que se desgrave el 222 y ante la grita generalizada porque también se computó el medio aguinaldo a los efectos del odioso impuesto, se golpean el pecho porque subieron un poquito el mínimo no imponible y le hicieron otros retoques que, según el ministro con rostro de piedra, "están diseñadas para profundizar la equidad".

         Y esos mismos periodistas que mencionábamos alardearon de que "El gobierno cumplió". No es la opinión de Juan Pueblo. Ni de doña María.

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