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Año V Nro. 329 - Uruguay, 13 de marzo del 2009   
 

 
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Elizabeth Rodríguez

Una vez más la inseguridad
El Estado es mal prestador del servicio
por Elizabeth Rodríguez

 
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         El rol del Estado es brindar servicios a su población, entre estos servicios la seguridad, pero que seguridad tenemos hoy los uruguayos, la seguridad de que si salimos de nuestros hogares, al regresar corremos el riesgo de encontrarlo violado, desvalijado como se dice en la jerga popular, tenemos la seguridad que en esa misma calle podremos ser la próxima víctima de algún menor infractor, fugado de los establecimientos destinados a su recuperación, los que ya se han convertido en escuelas del crimen.

         Tenemos los uruguayos la seguridad de que inseguridad cunde, que estamos a merced de nuestra propia suerte o a merced de alguna fuerza divina que nos proteja.

         El grave problema de seguridad que convive lado a lado, día a día, con todos los uruguayos, no es más sensación térmica, ni síntoma de psicosis urbana, propio de las grandes urbes, donde la falta de oportunidades, la indiferencia de las instituciones que deberían cuidar de quienes están en situación de vulnerabilidad, no se da, ni tampoco se trata de atacar la primera causa del delito, y lo que más preocupa es que ya ha llegado a lo más recóndito de nuestro país, ya no son los ciudadanos de la ciudad los  que sienten la inseguridad en carne propia, todos los uruguayos estamos en esa situación. La inseguridad se siente en la calle, en la mirada de nuestra gente, en el cuidado al andar por estas y esto genera la insatisfacción porque las acciones destinadas a inhibir la delincuencia, no han resultado.

         Considerando que el Instituto policial carece de respaldo legal ante procedimientos que realiza, que la justicia da la impresión que quienes cometen los delitos no son más que víctimas de una sociedad que no puede cuidar de sus ciudadanos y es condescendiente al emitir las sanciones, que el descrédito de la acción policial no brinda a los ciudadanos la confianza en su accionar, que los planes asistencialista del gobierno progresista no buscan atacar las causas, simplemente son asistencialista y con un evidente objetivo electorero, tenemos como resultado el sentimiento de abandono de parte del estado.

Inseguridad Pública

         Inseguridad, impotencia, temor, sensaciones que vivimos los uruguayos a lo largo y ancho del país en estos momentos, fruto del incesante aumento de la delincuencia, de actos violentos, que ponen en jaque la seguridad de hogares y personas.

         La sensación de inseguridad muestra su contracara en la proliferación de alarmas, rejas y cercos electrificados en las zonas residenciales de todas las ciudades del país. Ya se han levantado cientos, miles de voces pidiendo, implorando soluciones de parte de las autoridades competentes, autoridades estas que, intentando minimizar la gravedad del problema, sostienen enfática y repetidamente que esto es solo una “sensación térmica de inseguridad”, que el tema de no es tan grave como se dice.

         Decir a quienes han sido víctimas de algún tipo de delito, alguien que ha visto violada la intimidad de su hogar, alguien que ha sido víctima de un robo, asalto, copamiento, es de una liviandad tal de la que solo podemos pensar que quienes deben velar por nuestra seguridad, no tienen competencia, no tienen capacidad de reconocer sus limitaciones y son incapaces de llevar a cabo una de las tareas más importantes que tiene un gobierno, la de proporcionar a sus ciudadanos el mantenimiento del orden.

Indiferencia e Incapacidad en atacar las causas

         Lo que se debe atacar son las causas del aumento incontenible de la violencia que tiene como componentes algunos factores de índole subjetivo, cultural o relacional entre los que se pueden destacar, la interrupción del ciclo escolar, la exclusión de los individuos del ambiente laboral, la desestructuración familiar, las crisis en las formas tradicionales de sociabilidad, así mismo, además de la pobreza, se asocian más factores como pueden ser: el consumo de drogas, la facilidad al acceso de armas, la violencia domestica, violencia juvenil.

         La conjunción de estos factores, asociado a la falta de un programa racional de prevención, de parte de las autoridades competentes aunado a que el instituto policial carece de: personal suficiente y especializado para la tarea, recursos y vehículos para cumplir con la tarea de patrullaje conforman condiciones extraordinarias para que se instaure la delincuencia y se profundice la inseguridad.

         Otros factores, como las inequidades, la marginalización social, el aumento de la pobreza, que podrían ser desencadenantes de este aumento incontrolable del delito y generador este de movimiento delictivo, por darle un nombre, no tiene motivos aparentes para aumentar, los planes de equidad del MIDES han cubierto estas necesidades, además como nunca antes sucedió en el Uruguay con gobiernos colorados y blancos, las condiciones favorables en materia de economía, de crecimiento, de ahorro por parte del Estado, que ha recibido este “gobierno progresista” no han sido aprovechadas; además, otra posible causa de la delincuencia, podría ser el desempleo, sin embargo, las tasas que miden el índice de empleo, como nunca han llegado a porcentajes tan bajos de un digito, o los números están maquillados.

         Entonces continuando esta consideración, de acuerdo a estas optimas condiciones económicas, de crecimiento, de aparente reducción de la pobreza, de aumento de empleo, por qué llegamos a esto, a la total falta de seguridad, a la falta de respeto hacia la vida ajena, el abandono de los valores morales en los que fuimos formados los uruguayos.

         Estas interrogantes tienen una respuesta coherente y mucho tiene que ver la imagen que el gobierno demuestra ante la ciudadanía, los incoherencias en los procederes de los representantes progresistas, las marchas y contramarchas, los decires de unos y desdecires de otros, la manera reiterada con que se intenta interferir desde un poder al otro, intentando controlar todas las decisiones en beneficio de sus intereses revanchistas. Esta imagen genera e induce a acciones de quienes ven como la impunidad es moneda corriente y que ven que desde tiendas oficialistas se minimiza el estado de inseguridad. La impunidad genera la profundización del delito.

Convivir y buscar soluciones

         Ante este panorama nada alentador, a que conclusiones arribamos. Podríamos mencionar algunas. Como primer y tajante conclusión, la irremediable, que debemos convivir con esta inseguridad, pese a quien pese, transformar nuestros hogares en fortalezas inexpugnables, rejas, alarmas, sistemas de vigilancia, perros guardianes, en fin transformar hogares en prisiones de máxima seguridad.

         En segundo término, como ciudadanos, exigirle al gobierno que destine un mayor porcentaje presupuestal al Ministerio del Interior, para que este, pueda cumplir con la función que tiene encomendada. Si este gobierno tuviera la intención y voluntad, porque mayoría absoluta para hacerlo tiene, de buscar las soluciones al tema policial, ya se daría un gran paso para mejorar la “sensación térmica de inseguridad” que tenemos los uruguayos.

         En tercer lugar, está el respaldo legal que debe tener la acción policial, reformar algunas normas, mejorar otras, agregar atribuciones que contribuyan al mejorar el accionar policial. Acá una vez más no vemos la voluntad ni la intención de utilizar las mayorías parlamentarias.

         En definitiva pareciera que el tema de la inseguridad pública es culpa del oficialismo que gobierna en este momento. En gran medida es culpa del actual gobierno, por no cumplir con las promesas electorales, por no promover los cambios que siempre exigió cuando oposición, por no tener, digo una vez más, la voluntad de usar la mayoría parlamentaria, alcanzada legalmente en las urnas, para cumplir con el cambio prometido.

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