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Año V Nro. 327 - Uruguay, 27 de febrero del 2009   
 

Visión Marítima

historia paralela

 

Antes de que sea demasiado tarde
por Ricardo López Murphy

 
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Argentina va a producir en la actual campaña agrícola, al menos, 25/30 millones de toneladas por debajo de las que se esperaban, o preveían, a esta misma altura del año pasado. Es decir, que estamos registrando una caída de alrededor de 30%.

          La conjunción de malas condiciones climáticas y de peores decisiones en materia de política interna determinó semejante retroceso que, además, coincide con una muy desfavorable situación internacional. Ahora el viento está de frente. Sin embargo, la testarudez oficial se mantiene, e incrementa, como cuando todas las variables eran de signo positivo.

          El escenario sin duda es difícil, pero la crispación y la ceguera siguen impidiendo avanzar, lo cual todavía sería relativamente factible.

          Sin embargo, para eso, es imprescindible producir ya una sustancial modificación de las políticas que se están aplicando sobre los sectores productivos y, especialmente sobre el campo, dada su incidencia sobre distintos rubros (desde fletes, hasta la industria metalúrgica; desde el comercio hasta los servicios bancarios).

          Para tener idea de la magnitud del perjuicio que enfrentamos se puede hablar de, por lo menos, U$S 12.000 millones menos por exportaciones agroindustriales. Esto, a su vez, implicaría una caída mínima de U$S 3.5.00 millones en la recaudación fiscal “solo” por derechos de exportación, al margen de lo que implica respecto a Ingresos Brutos, Ganancias, Impuesto al Cheque, etc.

          Pero, además, hay un impacto geométrico negativo sobre toda la economía. Por caso, según comentó recientemente, un dirigente a un sindicalista, estamos hablando de ¨un millón de viajes menos para los transportistas¨, también se dice que el consumo de fertilizantes cayó más de un millón de toneladas y que la venta de agroquímicos se redujo más de 25%.

          Gremios como el de la carne, por no hablar del sector lácteo, ¡y que decir del rubro de maquinaria agrícola!, reconocen estar ya en el límite de sus posibilidades para mantener el actual nivel de empleo.

          Y, aunque en las grandes ciudades aún no parece tan evidente, la cadena de pagos en el interior ya está terriblemente resentida y la falta de liquidez es moneda corriente.

          A su vez, ¿como se supone que la producción puede encarar ahora la nueva campaña en estas condiciones?.

          Tiene que quedar muy claro que, de no mediar cambios urgentes, se va a producir un nuevo retroceso que va a ser geométrico, y de consecuencias impensables.

          Para atenuarlo es imprescindible recrear ya los incentivos a la producción, devolviéndole un horizonte razonable a la actividad. Estamos hablando, en primer término, de eliminación total de las restricciones, de cualquier naturaleza –administrativas, sanitarias, burocráticas, etc.-, a las exportaciones. Después de 3 años de una supuesta política antiinflacionaria oficial, los resultados demuestran, en forma palmaria, que: no creció la producción (al contrario), y tampoco se beneficiaron los consumidores internos (al contrario).

          Peor aún, perdimos confiabilidad como proveedores del codiciado mercado internacional. Un ejemplo, Rusia compra ahora carne a Brasil, Paraguay es proveedor de Chile y, nuestro principal socio en el Mercosur, Brasil, importa trigo ruso. Y esto, por citar solo algunos ejemplos.

          Así, de mantenerse la actual tendencia, seguramente el próximo año estaríamos lamentándonos por tener que importar nosotros trigo, o leche, o hasta carne…

          En segundo término, es necesario mantener una política cambiaria que, por un lado, sea acorde con la de nuestros vecinos, y permita también mantener la competitividad de nuestra economía.

          Un tercer puesto está referido a la imperiosa necesidad de abolir las extravagancias impositivas. Impuesto al cheque, gravámenes al trabajo, o retenciones a las exportaciones, son solo algunos de los anacronismos de la actual política fiscal que deben ser corregidos en forma inmediata.

          Finalmente, es absolutamente necesario que el Gobierno recupere el rol de Gobernar, y sea capaz de adelantarse a ciertas situaciones críticas comenzando por dejar de provocarlas y, luego, adoptando las medidas de previsión que eviten desequilibrios macroeconómicos.

          Debemos cambiar antes que sea demasiado tarde. El costo potencial que enfrentamos de no hacerlo, es un creciente nivel de conflictividad que nos puede paralizar como Nación.

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Fuente: HACER
 
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