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La Plaza Fabini y la Plaza de Mayo
por Aníbal Steffen
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Si algo faltaba para confirmar el carácter y la intención política del Consejo de Ministros que el Dr. Tabaré Vázquez proyectaba presidir el martes 25 en el centro de Montevideo, fue precisamente su cancelación, que no obedeció a razones de Estado o de Gobierno, sino estrictamente partidarias.
Ninguna fuente oficial dio una explicación plausible –no podía haberla- de por qué realizar una parodia de acto de gobierno frente al Hotel Presidente, donde estuvo instalado el comando electoral de la fórmula frenteamplista en 2004 y desde donde un eufórico Tabaré Vázquez, conocido el triunfo de su partido, lanzó a la multitud su famosa frase: “¡Festejen uruguayos, festejen!”
De la misma forma, el anuncio de la cancelación del festivo Consejo de Ministros se apoyó en razones ambiguas apenas esbozadas por el Secretario de la Presidencia, Dr. Miguel Toma quien explicó que la decisión no se debió a "un hecho político en particular", sino al “debate que está instalado" en el ámbito político.
Tal vez el Dr. Toma creyó estar enviando un críptico mensaje para iniciados. Parece desconocer que el Uruguay tiene tres millones de iniciados y nadie ignora que el gran debate político está hoy instalado en el corazón del Frente Amplio y no es ideológico ni programático, sino que gira en torno a las candidaturas para las próximas elecciones. En otras palabras, es un debate político-electoral interno.
El acto fue anunciado cuando comenzaba la campaña de recolección de firmas para la reelección de Vázquez. El movimiento arreció al amparo del silencio presidencial. Un silencio indebido, ya que alentaba, por omisión, el uso inconstitucional de la imagen presidencial con fines proselitistas.
Es imposible adivinar en qué medida pudieron influir los reclamos de la oposición. Fácil es, en cambio, intuir que los verdaderos problemas del presidente se originan en el seno de su propia fuerza política, gran parte de la cual se reveló tanto contra la pretensión reeleccionista como contra la nominación fáctica del Cr. Danilo Astori como candidato hereditario.
Sencillamente, el Frente Amplio no está en condiciones de convocar a un acto de masas mientras no se defina la puja Mujica-Vázquez. Desde esa perspectiva se entiende por qué el Dr. Toma, al anunciar la cancelación del Consejo de Ministros, esgrimió también razones de “prudencia”.
El Frente Amplio comienza a dividirse peligrosamente en mujiquistas y vazquistas mientras la figura de Astori se desdibuja. El astorismo vendría a ser, apenas, un fenómeno subsidiario –parasitario sonaría mal- del vazquismo. El reeleccionismo, que obviamente es funcional al vazquismo, sería una movida política para frenar los ímpetus del MPP. ¡Quién se anima a meter todo eso entreverado en la plaza pública con bombos y platillos! Bien suspendido el acto del 25.
El Frente Amplio cada vez se parece más al peronismo argentino, donde los límites entre gobierno y partido son siempre indefinidos o inexistentes. Y ya sabemos que los actos peronistas no siempre terminan bien. Por el contrario, a veces revelan las aristas más oscuras de la lucha por el poder, que es cruel y es mucha.
Este neoperonismo a la uruguaya en que se está convirtiendo el Frente Amplio, es más sutil, más tímido, más elegante, más discreto, que el exuberante peronismo argentino. Y el vazquismo es un kirchnerismo paquete, austero y prolijo. Por eso, Vázquez no confunde la Plaza Fabini con la Plaza de Mayo, ni se arriesga a montar fantochadas desprovistas de todo sentido de la proporción y la autocrítica. Las fantochadas frenteamplistas son módicas… y la del 25 de mayo amenazaba con escaparse de las manos del presidente.
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