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La historia se repite:
Vladimir Villamil elige la libertad
por Emilio J. Cárdenas (Perfil)
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El joven y calmo médico oftalmólogo cubano, Vladimir Villamil, formaba -hasta no hace mucho- parte del contingente de médicos cubanos que prestan servicios en Uruguay en el marco de la pomposamente denominada “Operación Milagro”, realizando en el país vecino cirugías plásticas oculares para eliminar las “cataratas” con pacientes de menores recursos.
Ahora, como tantos cubanos, Villamil acaba de anunciar que definitivamente no regresará a Cuba, pese a que allí tiene un hijo de 10 años, una madre médica (que además es diputada por el partido único, o sea por el Partido Comunista) y el resto de su familia.
Eligió, como tantos miles de cubanos, la libertad. Esto es, ante la posibilidad de optar: no regresar a su patria para seguir allí -como todos- virtualmente preso del régimen totalitario de los Castro.
Ya tiene residencia legal en el Uruguay, donde seguramente aspira a poder, alguna vez, traer a su familia y vivir en paz. Lo hizo porque encontró en la Banda Oriental una “sociedad con muchos derechos civiles (a diferencia de Cuba) donde hay libertad y tranquilidad”. Es así.
La inesperada “baja” del Dr. Villamil del Hospital “Saint Bois”, de Montevideo, provocó, de inmediato, la suspensión de las operaciones realizadas por los médicos cubanos a los que han reemplazado rápidamente los médicos orientales que en su momento habían protestado por la presencia -injustificada- de sus colegas caribeños y que hasta ahora no se mezclan con los cubanos.
Villamil dice no tomar mate, al menos por ahora. Le gusta, en cambio, la carne de calidad, alimento proverbial en el Uruguay, pero que en su país de origen es un bien solo accesible para los jerarcas. No para todos, entonces. Los ciudadanos cubanos comunes, que tienen en cambio que enfrentar -estoicamente- el “racionamiento” de los alimentos. Desde hace décadas, esta es la situación alimentaria en el “paraíso” caribeño.
Ocurre que, de pronto, Villamil descubrió la libertad, lo que -es obvio- le golpeó muy fuerte y muy profundo. Como seguramente creía -en su intimidad- que algún día le podía suceder, también a él. Y así fue.
Por eso, pese a haber sido sub-director del Hospital de Oftalmología de La Habana -y a tener claros “contactos” (protección) políticos en Cuba, decidió voluntariamente no regresar al cautiverio en que vivía. Frente a la oportunidad vital que tuvo, no dudó, como miles de cubanos. Por eso hoy Villamil es uruguayo, por elección libre.
Las últimas deserciones de cubanos en el exterior (anteriores a la de Villamil) fueron las de nada menos que siete de los futbolistas integrantes de la selección cubana sub-veintitrés, que decidieron quedarse en los Estados Unidos. Esto es, en el “imperio del demonio”, según los Castro. No obstante, se enamoraron sinceramente de él. O de la libertad que allí existe. Como cabía esperar, cuando se viene de la miserable y gigantesca prisión en que se ha transformado a Cuba, desde hace demasiadas décadas.
Mientras esta es la realidad, el llamado “Grupo de Río anunció el ingreso de Cuba como “miembro pleno”. La decisión se adoptó en Zacatecas, México, a nivel de Cancilleres. La Habana manifestó su “gratitud”. Por ahora no parece factible que la Organización de Estados Americanos (OEA), que separó a Cuba de ese foro en 1962, adopte una medida similar a la del “Grupo de Río”, que a diferencia de la OEA no incluye a los Estados Unidos.
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| Fuente: Fundación Futuro Argentino |
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