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La imposible reelección
por Oscar Almada
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Se ha echado a andar una nueva intentona releccionista. Ciertos grupos del F.A. y determinados dirigentes se han manifestado inclinados a ella. Grupos más o menos oficiales de militantes recogen firmas. Intentan con ello presionar, hacia adentro, para que el pre-candidato mayoritario interno, que es del M.P.P., ceda ante el pre-candidato preferido por el actual presidente.
Ante esta aventura electoral, conviene sintetizar con la mayor claridad posible lo que distinguidos especialistas han demostrado:
a) La reelección está maculada, desde su origen, por un vicio insanable, cual es el de que se trata de un proyecto que pretende tener vigencia ya, en estas mismas elecciones próximas, y no para un futuro y en forma impersonal, o sea, una reforma con nombre y apellido Estas características coliden abierta y estridentemente con las mínimos condiciones exigibles a una norma constitucional, y políticamente carecen de toda ética. Supone que un sector político pretende adaptar las normas a sus propósitos y no sus propósitos a las normas.
b) Contrasta con manifestaciones repetidamente hechas por el propio Vázquez, quien, para aceptarla, debería, una vez más, contradecirse a sí mismo y violar sus propios compromisos. Aunque ello no nos asombraría, sería igualmente denigrante. Incluso hay otra circunstancia altamente negativa: el solo hecho de que el Presidente permita que se siga recibiendo firmas y se usen sus fotos y demás, aunque no acepte expresamente las mismas, constituye una violación a la prohibición que pesa sobre el mandatario.
c) Deriva de la falta de acuerdo entre los sectores y dirigentes frentistas acerca de la nueva fórmula a presentar a la ciudadanía en el 2009, o sea, que constituye la solución a una situación interna y no una propuesta favorable para el país.
d) Surge ante la negativa del F.A. a someter el problema de la candidatura a la opinión democrática de sus propios adeptos, y en cambio, a resolverla previamente despojando a esos adeptos del arma que la Constitución les concede en las llamadas “elecciones internas”. Esta actitud es la de un sector político que se llama a su mismo popular y democrático....
e) Es consecuencia de la situación que atraviesa la coalición, que debería resolver entre un candidato al que creen más o menos potable hacia fuera pero no aceptado en su interior, y otro candidato que mantiene clara mayoría de opinión interna pero fracasaría miserablemente si fuera confrontado con los candidatos de los demás partidos. Para terciar, sólo se piensa en la reelección. ¿No tienen a nadie más?
f) Desde el punto de vista constitucional, o sea jurídico, es absolutamente imposible, cualquiera sea el procedimiento de reforma que se intente, porque: 1) no hay tiempo ni manera de modificar la norma de la Carta Magna que dispone la realización de elecciones internas y un candidato único por lema. 2) El señor Vázquez, en el texto actual, no puede presentarse a las elecciones internas como candidato, porque de acuerdo a ellas no podría ser reelecto, y 3) el procedimiento que se intentaría de presentar dos candidatos, uno por cada evento, a la manera de lo que se hizo en 1971, choca con la candidatura única. Por lo tanto, cualquier intento en ese sentido deberá ser rechazado por la Corte Electoral.
La desesperación frentista es comprensible, y surge como consecuencia de su propia estructura (coalición de casi una veintena de sectores con existencia propia) y de sus contradicciones internas en materia ideológica, estratégica y programática. Ya habíamos señalado, en 2004, que un país no puede andar bien si se le gobierna con un seudo-partido de organización tan endeble y precaria y que no puede presentar al país y por tanto aplicar, un proyecto homogéneo, pues carece sencillamente del mismo. La experiencia lo ha probado, y el F.A. ha intentado por un lado aplicar un modelo fuertemente socialista y estatista y por otro no ha tenido más remedio que aplicar una política económica liberal, contraste que se nota claramente cuando cotejamos las políticas económicas con las laborales, por ejemplo.
La única salida decorosa, seria, transparente, democrática y popular, que tiene el F.A. por delante, es someter el tema, como hacen los demás partidos y como indica la Constitución, al arbitraje de sus propios votantes en junio de 2009, y estar a la fórmula que de allí resulte, tratando de imponerla en octubre siguiente.
Lo contrario estaría confirmando, ¡una vez más!, que el Frente se guía por el oportunismo y no por el patriotismo; que en realidad desconfía del sufragio popular y prefiere resolver sus temas mediante una forzados consensos que significan eludir los procedimientos democráticos; que es incapaz de presentar una homogénea y unitaria propuesta que se inspire en el bien común por encima de la conveniencia interna; y que, en definitiva, carece de líderes importantes, talentosos y capaces, y de un programa único que concite el apoyo de la ciudadanía.
Estas características son propias de los partidos demago-populistas que logran a veces, al amparo de circunstancias favorables o de tendencias coyunturales, predominar, y que no hacen sino hundir más y más a sus países, como está ocurriendo en América.
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