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A la “Argentina Potencia”
a través del Apocalipsis mundial
por Pedro Fernández Barbadillo
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Sabemos que nos hacemos viejos cuando miramos con una sonrisa las jeremiadas de quienes se aterran ante la crisis económica que acaba de estallar. ¡Cuántas veces hemos asistido a desastres semejantes: los dos choques petrolíferos en los 70, la inflación de 1976, la reconversión industrial, la suspensión en 1992 de gran parte de la oferta pública de empleo, una vez apagadas las luces de la Expo y de los Juegos Olímpicos, el pinchazo de Internet… Podemos disculpar la angustia de los menores de 25 años, que han vivido en una sociedad tan cómoda para ellos que no han sufrido ni exigencias ni restricciones, tanto en los estudios y el empleo, como en el sexo; pero no en nuestros compañeros de generación o en los mayores. Entre 1976 y 1996 el número de trabajadores en España fue casi constante: doce millones. Y el paro juvenil en algunas localidades superó el 50%. ¡Eso sí fue una crisis!, ¡y sin esperanzas de solución durante años!
Cada vez que se produce una recesión, se oyen los gritos de alegría y el frotar de manos de quienes prometen el fin indubitable del liderazgo de Estados Unidos. Ya ocurrió en los años 70, con la crisis del petróleo, la huida de Vietnam, el derrocamiento del sha de Irán y la captura en Teherán de varias docenas de rehenes. Volvió a suceder en el crash de 1987 y con motivo del déficit comercial de la época de Ronald Reagan –el mismo déficit que financió la recuperación económica y los adelantos tecnológicos que derrotaron a la URSS-; en la crisis de 1992, en el estallido de la burbuja tecnológica a partir de 2000 y, otra vez, ahora. Mientras el Estado de Islandia se declara en quiebra[1] y los Gobiernos occidentales anuncian descomunales planes de rescate de entidades financieras, cierta casta política, intelectual y periodística encuentra el cadáver de Estados Unidos no en las páginas de esquelas del periódico, sino en la portada.
Por ejemplo, Alfonso Guerra, el único diputado que permanece en el Congreso desde las elecciones de 1977, ha hecho en un debate afirmaciones tan alucinantes como las siguientes[2]:
El “muro de Nueva York caerá” como cayó el muro de Berlín. Es la conclusión en la que coincidieron ayer Alfonso Guerra y Pierre Schori en la primera cita del Diálogo Global 21, organizado por El Correo y Foreign Policy con Cajasol. (…) “Las torres más altas se caen y estoy seguro de que éste es el fin del liderazgo político y económico de EEUU”.
Entre sus méritos y aportaciones a la libertad y la prosperidad de los españoles hay que tener en cuenta que Guerra fue vicepresidente del Gobierno socialista que ordenó la nacionalización de RUMASA, puso en marcha los GAL, despenalizó el aborto y fomentó la mayor etapa de corrupción en España del siglo XX, en la que estuvieron implicados parte de sus familiares.
A la vista de las declaraciones de José Luis Rodríguez Zapatero y otros altos cargos del PSOE, como José Blanco[3], cabe deducir que la opinión expuesta por Guerra es mayoritaria entre los socialistas. Es una actitud similar a la del pasajero de tercera clase del Titanic que se alegra de que se hayan ahogado los de primera. Cuesta creer que los dirigentes socialistas europeos de hace 25 años como Bruno Kreisky, Bettino Craxi y Helmut Schmidt se relamiesen de gusto ante los apuros de Estados Unidos. Quizás el sueco Olof Palme, el británico Michael Foot y el alemán Oskar Lafontaine lo hiciesen.
En la generación actual de dirigentes progresistas alucinados que gobiernan países destaca el matrimonio Kirchner, que se ha sucedido al frente de la presidencia de la república argentina. El diario La Nación[4] ha publicado un reportaje en el que desvela la identidad de uno de los gurús económicos del matrimonio presidencial.
El nombre de la mente pensante es Stephen Wheeler, empresario y matemático inglés que ejerció de agente de finanzas durante 25 años en Gran Bretaña, y hombre de contactos fluidos con inversores. Diez años atrás se casó con una argentina y vive en este país.
Los kirchneristas, escribe Mariano Obarrio, el periodista firmante del reportaje, “se ufanan de que con Kirchner nacerá una nueva teoría económica: el poscapitalismo salvaje, financiero y especulativo dará paso a un neokeynesianismo galopante. Sostienen que el dinero ya no tendrá seguridad en el mundo. Y que el sistema financiero global va a un colapso sin retorno. Wheeler inspira y fundamenta ese pensamiento”.
| El planteamiento del gurú es el siguiente: |
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| “El primer mundo está quebrado, porque el 90% del dinero es virtual y sólo el 10 es real. Pueden cerrar varios bancos en Estados Unidos y Europa, con un alto nivel de desempleo”, advirtió Wheeler. La fortaleza de la Argentina radica en que hay más dinero real que virtual, más allá de que es una economía pequeña dentro del PBI mundial. “El buen clima, el suelo, la capacidad de producir alimentos, la escasa población y la séptima extensión de tierra en el mundo” son para Wheeler “la clave del país más poderoso del mundo” (sic). |
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Posteriores informaciones sobre el gurú han aumentado la sorpresa y el miedo sobre el consejero y los aconsejados. El diario Perfil publicó que Wheeler “quebró su empresa y sugiere olvidar el superávit fiscal”. A la pregunta de si Argentina está aislada del mercado de capitales internacionales, el financiero británico responde: “—Afortunadamente, sí”. Wheeler está convencido de que el comercio internacional y el déficit presupuestario aportarán suficientes recursos para el crecimiento del país… en unos momentos en que el barril de petróleo ha caído, por la disminución de la demanda, a la mitad del precio que había marcado en el verano[5].
A Argentina, cuyo nombre aparece en la lista negra de todos los inversores y las empresas del mundo, también ha llegado la crisis. La caída del precio del petróleo y de los alimentos que exporta (soja, trigo, carne) va a reducir los ingresos del Estado, así como la potencia de los principales sectores productivos. La delincuencia, la concepción de lo político como un campo de batalla, la fiscalidad, la destrucción de la Administración, la corrupción y las relaciones con Hugo Chávez son para los Kirchner asuntos supeditados únicamente a su mantenimiento en el poder. Ante el cataclismo económico que se le avecina a Argentina, al igual que a todos los países que han confiado en que el precio de los alimentos y las materias primas seguiría creciendo, la presidenta y el ex presidente se refugian en un mito peronista: el hundimiento de la economía capitalista, foránea, colonialista y usuraria, y su sustitución por otro modelo de producción y de relaciones, basado en el aprovechamiento de los recursos naturales del país, que convertirán a Argentina, por obra de birlibirloque, en una potencia mundial.
La misma creencia animaba a Juan Domingo Perón cuando fundó su movimiento, en los años 40. La penetración anglosajona había despojado a los argentinos de sus recursos naturales para someterlos a los intereses de las oligarquías extranjeras y a sus cipayos; así nació la Argentina granja. Las vías para desarrollar el país eran la nacionalización y la sustitución de importaciones. Este programa se resumía en el eslogan Argentina Potencia, acompañado del de Tercera Posición en política internacional, que se trató de plasmar en el tercer mandato presidencial del general. El resultado ya lo conocemos todos, salvo gran parte de los argentinos: un proceso de empobrecimiento y clientelismo ininterrumpido.
Las privatizaciones de la época de Carlos Saúl Menem, otro peronista, aunque aceptó las recetas del FMI, reavivaron la teoría de la culpabilidad ajena por el fracaso interno. En 2003, el ascenso de Néstor Kirchner al poder después del corralito, un peronista de izquierdas con vínculos con los montoneros, ha supuesto el regreso de la doctrina oficial del partido sobre el desarrollo económico y la geopolítica. Ménem había tratado de colocar a Argentina en el bloque occidental-atlántico, con una participación simbólica en la Guerra del Golfo, el apoyo a la posición norteamericana respecto de los derechos humanos en Cuba, la adquisición del estatus de aliado extra-OTAN[6], el retiro del Movimiento de Países No Alineados y el cambio del voto en la Asamblea General de las Naciones Unidas[7]. El canciller Guido Di Tella definió esta política de anclaje con el bloque occidental, que ya había comenzado con el presidente radical Raúl Alfonsín (1983-1989), como “relaciones carnales”, entre Bill Clinton y Ménem.
La reacción de los Kirchner, legitimada por el hundimiento de la política de los mandatos anteriores y la subida de los precios internacionales de los productos que exporta Argentina, ha sido la renacionalización de empresas, así como el intervencionismo estatal en la economía mediante precios fijos, impuestos y controles a la exportación. En política internacional, el matrimonio ha optado por la tercera vía: antinorteamericano y prochavista. En agosto de 2006, Kirchner declaró “este país ya no tiene más relaciones carnales con nadie” porque “es independiente” y “sabe lo que tiene que hacer”[8]. Tan independiente es Argentina que acepta la intromisión de Chávez en su política interna y la prohibición por Bolivia de vender el gas natural que recibe de ella a Chile.
Los Kirchner, como Perón en 1973, esperan poco menos que un Apocalipsis, que los dioses (de la Madre Tierra, diría Evo Morales) castiguen a Estados Unidos por su avaricia hundiéndolos en la pobreza. Una vez reducidos los malvados anglosajones a su país, se regresará a una época de oro y felicidad en la que Argentina podrá explotar sus recursos, desde la carne al agua, para alimentar al mundo entero. Entonces, será una potencia mundial. Cuando las nubes de los cataclismos se hayan disipado, saldrán de sus refugios, rebosantes de comida, agua y pesos, para ocupar la tierra y escriturarla.
La historia demuestra que la hegemonía de las potencias se basa en su industria, su demografía, su ejército, su diplomacia, su ideología o una combinación de todos o algunos de estos elementos. Nunca un granero ha sido fortaleza o palacio; a lo más, ha sido objetivo de conquistadores, piratas y mercaderes. Pero parece que no hay manera de curar, como la define el periodista Andrés Oppenheimer, “la perenne enfermedad argentina de estar siempre culpando a otros por los males del país y jamás aceptar las responsabilidad propias”[9].
En el año 1999, se asustó a la gente con que el cambio de milenio podría destruir el sistema informático mundial, pero se trataba de una historia para periodistas, a la vez que de una campaña de marketing para la renovación de los programas. Por desgracia para los argentinos, lo contado en los párrafos anteriores es real. Para aumentar el pavor, ellos, a diferencia de los españoles, no se encuentran dentro de una organización supranacional como la Unión Europea, donde las barrabasadas del Gobierno están limitadas por cierta sensatez residente en Bruselas o por reuniones de gobernantes.
Una vez más se comprueba la falsedad de la teoría de la evolución de que triunfan los seres más capaces de adaptarse y mejorar. Los peronistas son una prueba de lo que decimos… y los empresarios españoles que deciden invertir en Argentina son otra más.
| Notas: |
[1] Expansión, 15-10-2008. http://www.expansion.com/2008/10/15/opinion/llave-online/1224070137.html y El País, 19-10-2008. http://www.elpais.com/articulo/reportajes/primero/caer/elpepuint/20081019elpdmgrep_1/Tes
[3] José Blanco, 27-9-2009: “Igual que la caída del muro de Berlín supuso el fin del comunismo en 1989, la caída del sistema financiero en EEUU va a suponer la caída del neoconservadurismo en todo el mundo”. Puesto que las declaraciones de Blanco son anteriores a las de Guerra cabe preguntarse si el primero habrá ordenado a los diputados socialistas repetir este mensaje o todos los aparatchiks socialistas se limitan a repetir, por propia convicción, las sinsorgadas que leen en El País, en este caso al economista progre Joseph Stiglitz, que ha sido el primero en España en equiparar el Muro de Berlín con Wall Street, en una entrevista publicada el 21 de septiembre.
http://www.publico.es/espana/154578/blanco/afirma/caida/sistema/
financiero/eeuu/suponer/neoconservadurismo/mundo y http://www.elpais.com/articulo/semana/crisis/Wall/Street/mercado/caida
/muro/Berlin/fue/comunismo/elpepueconeg/20080921elpneglse_11/Tes/.
[4] La Nación, 14-10-2008. http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1059010
[5] Perfil, 19-10-2008. http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0305/articulo.php?art=10533&ed=0305
[6] http://www.clarin.com/diario/1997/10/10/t-01801d.htm.
[7] http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=831206.
[8] http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=830707 y http://www.clarin.com/diario/2006/08/09/elpais/p-00304.htm
[9] OPPENHEIMER, Andrés: Cuentos chinos, Debate, Barcelona, 2006, pág. 183.
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