|
|
Un desbarajuste en Nacional
por Fernando Pintos
|
| |
|
|
Nacional es la crónica de un desastre anunciado. Fueron a jugar contra Danubio en Jardines del Hipódromo, como líderes de la tabla de posiciones. Pero cuando terminó esa jornada, ya ocupaban un tercer lugar —por debajo de Danubio y Cerro—, y tenían a Peñarol a tan sólo un punto de distancia. Y como guinda de la copa Melba, los bochornosos incidentes entre las dos hinchadas, al terminar el partido en Jardines. Por supuesto: corran después a echarle la culpa al incapaz que arbitró ese partido. Y búsquense después, con lupa o telescopio, todas las justificaciones que se les puedan ocurrir. Las habidas y las por haber… Pero lo que advertí por anticipado en algunos foros digitales, ya comenzó a suceder.
La colcha de retazos que es este plantel de Nacional, no da absolutamente para más. Esta horrenda junta directiva debería renunciar en pleno, porque desde que asumieron, Nacional no ganó absolutamente nada. Pero, ¡claro!, ahora prepárense para ver si, de rebote o chiripa, alcanzan a ganar la próxima Liguilla, ya que entonces les será posible llenarse la boca con que «son tricampeones», «salvaron el año», y todas las demás estupideces y zarandajas por el estilo.
Ahora, hablando de renuncias, cosa que en ningún caso sucederá, pues son todos una partida de vividores, colgados de la institución con 20 uñas y toda la dentadura: el que primero debería presentarla es ese hombrecillo abrumadoramente mediocre a quien pusieron como DT. Por supuesto, me estoy refiriendo al señor Pelusso. Quien podrá ser todo lo Pelusso que quiera, pero anótese en su debe que tanto Liverpool como Danubio ya lo despeinaron muy seriamente. Pero esperen a que lo agarren Peñarol y Cerro… ¡Ahí sí que lo van a dejar completamente pelado! ¡Sin siquiera rastros de pelusa, o cosa que se le parezca! Y de tan pelado, hasta los sesos se le podrán ver desde muy considerable distancia… Basta con mirar al tal Pelusso, para ver una suprema mediocridad reflejada en toda su persona, todas sus palabras, todos sus actos. El tipo parece como que hubiese sido sacado, directamente, de algunos de los relatos oficinescos —en cierta medida muy kafkianos, si bien a la uruguaya— de Mario Benedetti. Con sólo verle las fachas, nadie en su sano juicio pensaría en contratarlo ni tan siquiera para dirigir un jardín de infantes. Pero he ahí que esta «brillante» directiva de Nacional acude en tropel a contratarlo. Y le ruegan, de rodillas, para que venga a destruir un cuadro grande. El individuo es un tecniquito ideal para cualquier cuadrito chico, o más bien ínfimo Sigan contratando gentecita por el estilo, y Nacional terminará, en breve, jugando el clásico de los coleros de la B, ya sea contra Miramar, La Luz u otras «potencias históricas» del balompié uruguayo.
Capítulo aparte merece, ¿qué duda cabe?, el «brillante» gerente deportivo de la institución, quien de buen seguro conoce tanto de «Gerencia» como el canillita de la esquina podría saber de física nuclear… Y que, para colmo, ha demostrado saber tanto de «Deporte», como podría saber, algún pobre paralítico, de correr los cien metros llanos en las Olimpíadas. Y ni qué decir de la hinchada. O mejor expresado: de esa pandilla de energúmenos que pulula y se entrevera entre la verdadera hinchada. Posiblemente, eso sí, muchos de ellos a sueldo del infame Paco Casal, allí infiltrados para conseguir que a Nacional —encima que anda de mal en peor— le quiten puntos y lo hundan bastante más de lo que por su propia y dolorosa mediocridad debería estar.
El resumen es desolador. Con estos pobres tipos y tipitos que Nacional tiene como jugadores, que se preparen todos los bolsos de ley, como ya dije, para ver si por una de esas casualidades consiguen colarse, in extremis por supuesto, en la próxima Liguilla, porque no les va a quedar nada mejor qué hacer o qué esperar. El tan cacareado «Morro» García, por ejemplo, es un globo inflado que no le podría hacer hoy un gol ni a Peñarol ni a Cerro, aunque se pasara diez días jugando sin parar. El tal O.J. Morales es un fiasco del tamaño del Palacio Salvo. Los dos arqueros son de medianitos para abajo. Ese pibe argentino, el lateral Rodríguez, es espantoso. El tal Vera, de tan horrendo no conseguiría hacer un gol ni jugando contra la Asociación de Impedidos o el Instituto de Ciegos. Y para colmo, ¡como si todo lo demás fuera poca cosa!, casi todos cacarean. En los partidos importantes y por puntos que duelen, se arrugan de manera irremisible… Y es entonces que me pregunto, con la angustia del caso: ¿no habrá alguna manera rápida, económica y segura de sanforizarlos?
Y para resumir: pueden decir, ahora, que soy «amargo», o utilizar el epíteto que se les dé la real gana (y mejor todavía, vayan y lean un diccionario de Sinónimos, para encontrar alguna variante del término «amargo»). Sin embargo, prefiero mil veces ser «amargo» antes que convertirme en un solemne idiota, en reverendo cretino, en inveterado perdedor, en aprendiz de avestruz o, ¡con lejos, lo peor de todo!: en hincha de un cuadrito pequeño… ¡Desoladoramente chico!
| Comentarios en este artículo |
|
|
» Arriba
|