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Año V Nro. 314 - Uruguay, 28 de noviembre del 2008   
 

Visión Marítima

historia paralela

 
Fernando Pintos

La violencia está en todo el mundo
(en Uruguay somos simples aprendices)…
por Fernando Pintos

 
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         En la edición digital del diario «Prensa Libre» (www.prensalibre.com.gt), de Guatemala, correspondiente al domingo 16 de noviembre de 2008, se publicó un duro, amargo e irónico, pero también muy preciso artículo de opinión de Luis Morales Chúa, titulado de esta manera: «¿Quiere morir a tiros y quemado?». Morales Chúa es un veterano periodista y abogado. Su distinguida carrera en medios de comunicación arrancó desde finales de la década de 1940, y tuvo su mejor expresión como uno de los principales cerebros que coordinaban y manejaban el funcionamiento de «Prensa Libre», que ha sido, sin discusión, el principal rotativo de Guatemala durante las últimas dos décadas. Retirado de la actividad regular periodística, Morales Chúa escribe una columna titulada «Tiempo y destino», publicada puntualmente todos los domingos. Veamos lo que escribía en el artículo ya mencionado:

       «…Viaje a Guatemala. Es el país ideal para que usted puedaencontrar una muerte violenta, en uno o dos días, a lo sumo, porque en todas partes del territorio nacional funcionan maquinarias de muerte que lubrican sus engranajes con sangre humana.
Le cuento algunas historias macabras escritas con crudeza durante días, meses y años inmediatamente anteriores.
El caso de más actualidad es el de 15 turistas nicaragüenses y 1 holandés, que viajaban en autobús desde Chichigalpa, Managua, rumbo a la capital guatemalteca y, pocos minutos después de cruzar la línea fronteriza, fueron muertos a tiros. Los hechores procedieron de inmediato a incendiar el vehículo, con los turistas adentro.
Horas después, los cadáveres, irreconocibles, fueron metidos por la Policía en bolsas plásticas y colocados, uno al lado de otro, a la orilla de una carretera de Zacapa. Hasta el momento de escribir estas líneas no hay pistas para aclarar la masacre.
Se dice que en el mismo autobús viajaban cinco sujetos que, después del hecho, desaparecieron misteriosamente y no se sabe nada de ellos.
En febrero del año pasado —ponga atención a esto—, tres diputados salvadoreños, miembros del Parlamento Centroamericano, viajaron a esta capital para asistir a las sesiones de ese organismo regional. En algún lugar de la capital guatemalteca fueron interceptados por un equipo de asesinato. Los llevaron a una finca situada a pocos kilómetros de donde se produjo el secuestro, los ejecutaron con disparos en la cabeza y luego les prendieron fuego.
Como usted comprenderá, el hecho causó un incidente internacional. Hubo exigencias para que el crimen fuese aclarado, y así se hizo. En cuestión de horas la autoridad tenía en sus manos a los criminales. Eran cuatro policías nacionales.
Para protegerlos, a fin de que ayudaran a desvelar la trama del atentado, fueron enviados a una prisión de máxima seguridad, en El Boquerón. Pero, he aquí que, en el interior de esa cárcel, los presuntos asesinos fueron, a su vez, asesinados.
Le cuento una tercera historia. En una carretera que conduce al oriente del país, cuatro hombres de negocios que se dedicaban a multiplicar su fortuna con esos documentos de pago que llegan todos los días procedentes de Estados Unidos, fueron interceptados por varios hombres armados. Los perforaron a tiros y luego incendiaron el automóvil en el que los negociantes se dirigían a Chiquimula, y los cuatro ardieron. Como usted ve, el sistema es el mismo. Primero el asesinato y después la incineración.
Y el miércoles pasado, en Palín, municipio del departamento de Escuintla, entró en acción el Ejército secreto de ejecución. Su primera víctima conocida fue Manuel de Jesús Alonzo. Lo mataron a tiros y el cadáver fue llevado a presencia de su familia. Lo rociaron con gasolina y lo quemaron, sin que los parientes pudieran evitar el crimen.
Pero si prefiere otro tipo de muerte, puede adentrarse en poblados peligrosos donde se han producido linchamientos frecuentes. Lo persiguen, lo alcanzan, lo amarran y le dan golpes brutales. Seguidamente, lo queman vivo, en la creencia de que matan a un ladrón.. En fin, usted tiene para escoger.
Ahora bien, si desea que su cuerpo vuele en pedazos, pequeños y grandes, no viaje a Guatemala, porque la criminalidad todavía está subdesarrollada, aunque estos días alcance altos niveles de crueldad. Mejor cómprese un pasaje aéreo y diríjase al Medio Oriente. Si no tiene la desgracia de que la aeronave caiga en el mar y usted se ahogue, su sueño de morir violentamente se hará realidad. Y no tome a mal lo que le digo. Todo es verdad…».

         Como bien puede verse, la violencia descarnada es un fenómeno que está afectando a todas las regiones del mundo conocido. Y es violencia de verdad. Con muertos a granel.  Frente a tales realidades, los insípidos incidentes que se produjeron un par de semanas atrás en Jardines del Hipódromo, una vez finalizado el partido entre Danubio y Nacional, son juegos de niños. Y las barras bravas de los equipos uruguayos, ni siquiera aplican para promover agitación y revuelo dentro de un jardín de infantes. En fin…

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