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Año I - Nro. 38 - Uruguay, 8 de agosto del 2003

Carta de Juan Salvador Gaviota
Carta de un alma a otra
Enrique Estrázulas
Como Acero

 

      

Carta de Juan Salvador Gaviota bajo la pluma de Jorge Alberto

Jorge Alberto gracias por darme la oportunidad de compartir mis experiencias y anécdotas a todas las hermanas gaviotas de nuestra Playa.
Continuo con la narración: Después de que la Gaviota de la Providencia me sonrió en esta ocasión y de no salir nadie muerto.
Cuando al fin apunte mi pico hacia el cielo, aún zumbaba a doscientos cuarenta kilómetros por hora, al reducir a treinta y extender mis alas otra vez, el pesquero era una miga en el mar a mil metros mas abajo.
Soló pensé en el triunfo. !!!La velocidad máxima!!! ¡¡¡Una gaviota a trescientos veinte kilómetros por hora!!! Todo un descubrimiento. el momento más grande y singular en la historia de la Bandada, y en ese momento se abrió un nueva época para mí. Volé hasta una solitaria área de prácticas y doblando mis alas para un picado desde tres mil metros, me puse a trabajar en seguida para descubrir la forma de girar.
Me di cuenta de que al mover una sola pluma del extremo de mi ala una fracción de centímetro, causaba una curva suave y extensa a tremenda velocidad. Antes de haberlo aprendido, vi que cuando movía mas de una pluma a esa velocidad, giraba como una bala de rifle... y así fui la primera gaviota de este mundo en realizar acrobacias aéreas.
No perdí tiempo ese día en charlar con las otras gaviotas, sino que seguí volando hasta después de la puesta del Sol. Descubrí el rizo, el balance lento, el balance en punta, la barrena invertida y el medio rizo invertido.
Cuando volví a la Bandada ya en la playa. era totalmente de noche. Estaba mareado y rendido, no obstante, y no sin satisfacción, hice un rizo para aterrizar y un tonel rápido justo antes de tocar tierra.
Cuando sepan, lo del Descubrimiento se pondrán locos de alegría. ¡¡¡Cuanto mayor sentido tiene ahora la vida!!! En lugar de nuestro lento y pesado ir y venir a los pesqueros, ¡¡¡Hay una razón para vivir!!! Podremos alzarnos sobre nuestra ignorancia, podremos descubrirnos como criaturas de perfección, inteligencia y habilidad. ¡¡¡Podremos ser libres!!! ¡¡¡Podremos aprender a volar!!!
Los años venideros susurraban y resplandecían de promesas, pensé.
Sin embargo cuando tome tierra, las gaviotas se hallaban en Sesión de Consejo, y parecía que habían estado así reunidas durante algún tiempo. Estaban efectivamente, esperando.
La Gaviota Mayor me llamo con Voz Solemne propia de las altas ceremonias "
¡¡¡Juan Salvador Gaviota!!! ¡¡¡Ponte al centro!!!".
Ponerse al centro sólo significaba gran vergüenza o gran honor, era la forma en que se señalaba a los jefes mas destacados entre las gaviotas.
Por supuesto, pensé, ¡¡¡la Bandada de la Comida ... esta mañana: vieron el Descubrimiento!!!, pero yo no quiero honores. No tengo ningún deseo de ser líder. Solo quiero compartir lo que he encontrado, y mostrar esos nuevos horizontes que nos están esperando. Y di un paso al frente.
La Gaviota Mayor dijo: "Juan Salvador Gaviota ¡Ponte al Centro para tu Vergüenza ante la mirada de tus semejantes!" Sentí como si me hubieran golpeado con un madero, mis rodillas empezaron a temblar, mis plumas se combaron, y me zumbaban los oídos,
¿Al Centro para deshonrarme? ¡Imposible! ¡El Descubrimiento! ¡No entienden! ¡Están equivocados!.
La Gaviota Mayor entono con voz solemne "... por su irresponsabilidad temeraria, al violar la dignidad y la tradición de la Familia de las Gaviotas..."
Ser centrado por deshonor significaba que me expulsarían de la sociedad de las gaviotas, desterrado a una vida solitaria allá en los Lejanos Acantilados.
"...Algún día, Juan Salvador Gaviota, aprenderás que la irresponsabilidad se paga. La vida es lo desconocido y lo irreconocible, salvo que hemos nacido para comer y vivir el mayor tiempo posible." Sentencio la Gaviota Mayor.
Una gaviota nunca replica al Consejo de la Bandada, sin embargo me hice oír, grite:
¿ Irresponsabilidad? ¡Hermanos míos!, ¿Quien es más responsable que una gaviota que encuentra y persigue un significado, un fin más alto para la vida?
Durante mil años hemos luchado por las cabezas de los peces, pero ahora tenemos una razón para vivir; para aprender; para descubrir; ¡¡¡para ser libres!!!
Dadme una oportunidad, dejadme que os muestre lo que he encontrado...
La Bandada parecía de piedra.
" Se ha roto la Hermandad" entonaron juntas las gaviotas, y todas de acuerdo cerraron solemnemente sus oídos y me dieron la espalda.
Pasé el resto de mis días solo, pero volé mucho más allá de los Lejanos Acantilados.
Mi único pesar no era mi soledad, sino que las otras gaviotas se negasen a creer en la gloria que les esperaba al volar; que se negasen a abrir los ojos y ver.
Aprendí que un picado aerodinámico a alta velocidad podía ayudarme a encontrar aquel pez raro y sabroso que habitaba a tres metros bajo la superficie del océano, ya no me hicieron falta pesqueros ni pan duro para sobrevivir.
Aprendí a dormir en el aire fijando una ruta durante la noche a través del viento de la costa, atravesando ciento cincuenta kilómetros de sol a sol. Con el mismo control interior, volé a través de espesas nieblas marinas y subí sobre ellas hasta cielos claro y deslumbradores... mientras las otras gaviotas yacían en tierra, sin ver mas que niebla y lluvia. Aprendí a cabalgar los altos vientos tierra adentro, para regalarme allí con los más sabrosos insectos.
Lo que antes había esperado conseguir para toda la Bandada, lo obtuve para mí mismo; aprendí a volar y no me arrepentí del precio que había pagado, descubrí que el aburrimiento, el miedo y la ira, son las razones por las que la vida de una gaviota es tan corta, y al desaparecer aquéllas de mi pensamiento, tuve por cierto una vida larga y buena.
Vinieron entonces al anochecer,encontrándome planeando, pacífico y solitario en mi querido cielo, dos gaviotas que aparecieron junto a mis alas, eran puras como luz de estrellas, y mi resplandor era suave y amistoso en el alto cielo nocturno. Pero lo más hermoso de todo era la habilidad con la que volaban; los extremos de sus alas avanzando a un preciso y constante centímetro de las mías.
Sin decir palabras, les puse una prueba, que ninguna gaviota había superado jamás.Torcí mis alas y reduje mi velocidad a un solo kilómetro por hora, casi parándome. Aquellas dos radiantes aves redujeron también la suya, en formación cerrada. Sabían lo que era volar lento.
Doble mis alas, giré y caí en picado a doscientos kilómetros por hora. Se dejaron caer junto conmigo, precipitándose hacia abajo en formación impecable.
Por fin volé con igual velocidad hacia arriba en un giro lento y vertical. Giraron junto conmigo, sonriendo.
Recuperé el vuelo horizontal y me quede callado un tiempo antes de decir:
- Muy bien ¿Quienes sois?
- Somo de tu Bandada Juan. Somos tus hermanos.- las palabras fueron firmes y serenas-. Hemos venido a llevarte más arriba, a llevarte a casa.
- ¡¡¡Casa no tengo!!! Bandada tampoco. Soy un Exilado.
Y ahora volamos a la vanguardia del Viento de la Gran Montaña. Unos cientos de metros más, y no podré levantar mi viejo cuerpo. Comente.
Ellas contestaron: - Sí que puedes, Juan. Porque has aprendido. Una etapa ha terminado, y ha llegado el momento de que empiece otra.
Tal como me había iluminado toda mi vida, también en ese instante, el entendimiento ilumino mi existencia. Tenían razón. Era capaz de volar más alto, y ya era hora de irme a casa.
Eche una larga y ultima mirada al cielo, a esa magnifica tierra de plata donde tanto había aprendido.
- Estoy listo - dije al fin. Y me elevé con las dos radiantes gaviotas para desaparecer en un perfecto y oscuro cielo.


Juan Salvador Gaviota

Fuente: El libro de "Juan Salvador Gaviota" de Richard Bach.

Bajo la atenta pluma de
Jorge Alberto Novoa