Por: Martín Arostegui
Traducción T.B.
Versión original en inglés: http://www.insightmag.com/news/370704.html
Si los planes referentes a un embargo petrolero no prosperan, Chávez pudiera considerar compensar a los “aliados” más radicales de Venezuela ayudando a los terroristas. Mientras Washington prepara una movida militar de alto riesgo en el Golfo Pérsico, Irak, Libia e Irán se preparan para darle un golpe bajo a los Estados Unidos. Cientos, y posiblemente miles de agentes de las naciones árabes trabajan arduamente para ayudar al Presidente Hugo Chávez de Venezuela a tomar control de la industria más grande de Sur América y crear bases terroristas afectas a al-Qaeda, a tan solo dos horas de vuelo de Miami.
Los asesores árabes están reforzando un contingente considerable de cubanos con fines a reorganizar los servicios de seguridad en Venezuela, para asimilar sus industrias en base a modelos totalitarios y a reprimir cualquier movimiento popular de la oposición. “Lo que suceda en Venezuela puede afectar la forma en que se pelee la guerra en Irak”, según lo que aparentemente le dijo el General James Hill del Comando del Sur a su colega en el Comando Central, General Tommy Franks.
“Chávez está planificando coordinar una estrategia antiestadounidense con países terroristas”, señala un antiguo embajador de Venezuela en Libia, Julio Cesar Pineda, quien dio a conocer correspondencia entre el presidente venezolano y el dictador Muammar Qadaffi de Libia sobre la necesidad de “solidificar” los nexos entre los movimientos de liberación en el Medio Oriente y América Latina y utilizar el petróleo como un arma económica.
Al exhortar a sus compatriotas a regresar a sus “raíces árabes”, Chávez ha realizado viajes presidenciales a Libia, Irak e Irán y ha firmado una serie de tratados de cooperación mutua con estos gobiernos cuyos operarios están viajando masivamente hacia Venezuela, donde se podrán mezclar con una comunidad de cerca de medio millón de árabes que viven en el país.
El pasado 10 de enero, 18 técnicos libios que viajaban desde Trípoli via Frankfurt, Alemania, fueron recibidos en el aeropuerto de Caracas por Ali Ahmed, jefe de la “Comisión” de Libia en Venezuela. Estuvo acompañado por una diputada del Movimiento Venezolano Revolucionario (MVR), Cilia Flores. Nicolás Maduro y Juan Barreto, otros dos jefes de las milicias del partido MVR (los Círculos Bolivarianos) quienes realizaron un largo viaje a Trípoli en el año 2000, también estaban presentes para facilitar el ingreso de los libios que desembarcaban del vuelo 534 de Luftansa.
Los agentes Libios fueron identificados como: Alsudik Alghariy, Elmabruk Najjar, Koaled Adun, Ezquerra Adel, Sherif Nagib, Abubaker Benelgh, Nabiel Bentahir, Abdulfat Envía, Waldi Majrab, Amhamed Elkum, Abdulgha Nashnush, Mohamed Romia, Abdurao Shwich, Abdulnass Elghanud, Ezzedin Barhmi, Abdulssa Seleni, Hassan Gwile y Mhemmed Besha.
El alto nivel de seguridad ofrecido a los libios a su llegada al país fue con el fin de evitar el rebullicio que se originara en días anteriores tras la entrada de grupos iraquíes e iraníes. En cuanto se supo de la llegada de 20 iraníes al Aeropuerto Internacional Simón Bolívar el 8 de enero, innumerables pasajeros enfurecidos comenzaron a golpear los mesones y ceniceros de pie, a la vez que vociferaban “¡Fuera! ¡Fuera!” en protesta por lo que muchos venezolanos consideran una interferencia extranjera en los asuntos internos de su país.
El alboroto fue tal que una delegación tuvo que ser desviada hacia la rampa presidencial para evitar el chequeo de inmigración y aduana, según lo manifestado a Insight por fuentes del departamento de inteligencia militar, DIM, en Venezuela. Algunos de los iraníes, que actualmente están escondidos en un hotel caraqueño, están dudosos sobre el cumplimiento de su misión de reactivar las instalaciones de PDVSA, la empresa petrolera estatal de Venezuela.
Mientras tanto, los VIP iraquíes, que se desplazaban bajo la protección de la policía secreta de Chávez –DISIP- fueron detectados por las fuerzas militares cuando agentes del gobierno trataron de utilizar aviones de la fuerza aérea para transportar a cinco agentes de Saddam Hussein hacia el interior del país. Los pilotos militares solicitaron autorizaciones concretas antes de permitir que los iraquíes abordaran los aviones C-130.
Dichas fuentes militares también reportan que el grupo recién llegado de libios se encuentra en el Hotel Macuto Sheraton de La Guaira, que comparten con comandos cubanos que han estado realizando operativos rompehuelgas en los puertos petroleros del país. Las unidades locales de la Guardia Nacional, la rama de las fuerzas armadas venezolanas encargada de la seguridad interna, se dice que se han rehusado a acatar ordenes del gobierno de reprimir a los huelguistas.
Según el Capitán José Ballabes del sindicato de la Marina Mercante, los cubanos improvisaron campos flotantes de concentración abordo de los tanqueros, amenazando a los oficiales y tripulación para obligarlos a mover sus buques fondeados. Cuando los venezolanos se resistieron, entonces “métodos tales como impedimento del sueño, al igual se hace contra los disidentes políticos en Cuba, son los que se están empleando en forma sistemática contra nuestra gente”, manifiesta Ballabes.
Las fuentes de la Marina Mercante en Venezuela identifican a dos de los agentes cubanos a bordo de los tanqueros como Arturo Escobar y Carlos Valdez, quienes fueron presentados como “asesores presidenciales” que operan junto con la DISIP. La organización de seguridad interna ahora está bajo el control de una célula de comando de oficiales del servicio secreto de inteligencia militar de Fidel Castro. Las fuentes venezolanas señalan que los operarios cubanos también dirigen un cuarto de guerra computarizado dentro del palacio presidencial de Miraflores. Es en este cuarto de guerra que se han planificado las políticas de represión que ahora afligen al país, según oficiales al servicio de la armada, ejército y guardia nacional que fueron consultados por Insight.
Los libios, al igual que los cubanos, son especialistas en inteligencia militar y seguridad, pero se les señala como especialistas en computación traídos por el gobierno para operar y reprogramar los sistemas de las refinerías que se han caído, según fuentes de la industria.
“El hemisferio occidental ha de esperar que las relaciones entre Venezuela y los países islámicos sean más fuertes”, señala el profesor Elie Habalian, un especialista en economía petrolera y consultor de PDVSA a las órdenes de su Presidente Ali Rodríguez Araque, quien es identificado por fuentes militares venezolanas como un jefe guerrillero comunista de antaño. Con la ayuda de la inteligencia cubana y los obreros islámicos, el gobierno ha logrado recuperar hasta 34 por ciento de la producción, lo suficiente para cubrir las necesidades locales. “Es una guerra entre dos modelos”, continúa Habalian, “una que busca el control total de la política petrolera y otra que refleja la política liberal internacional que representaba la administración anterior de PDVSA” y que ha sido efectivamente eliminada por el gobierno, el cual ha ordenado el despido masivo de 7.000 empleados petroleros.
La interfase entre la industria petrolera y los sistemas radicales del estado también facilitan los planes para un posible embargo petrolero contra los Estados Unidos en el caso que se prolongue un asalto militar a Irak. Mientras que los expertos petroleros internacionales no consideran como probable ese escenario debido a que Venezuela desesperadamente necesita los ingresos por exportación, los líderes de la oposición temen que Chávez pudiera aprovecharse de la conflagración en el golfo para consolidar su dictadura con el apoyo de los agentes cubanos y árabes ya en sitio.
“Chávez ha violado la constitución en 34 oportunidades y está procediendo hacia la nacionalización de la banca”, señala un importante empresario venezolano. “Ha colocado sus propios jueces en los tribunales, ha neutralizado a las fuerzas armadas y tiene el dominio de la asamblea. Lo que le falta es cerrar los medios de comunicación independientes y decapitar a la oposición”. Según esta fuente, es probable que Chávez se decida a actuar cuando la atención mundial esté centrada sobre Irak.
Si la huelga le ha impedido utilizar el petróleo como arma, Chávez puede compensar a sus aliados árabes apoyando los ataques terroristas contra los Estados Unidos. Ante los alegatos del ex-piloto presidencial, Mayor Juan Diaz Castillo, sobre la contribución de $1 millón que hiciera Chávez a al-Qaeda, fuentes policiales en Caracas le señalan a Insight que ya se encuentra una célula de activistas islámicos fanáticos operando desde un complejo deportivo en un área del centro de la capital protegida por unidades armadas de los Círculos Bolivarianos.
Agentes secretos de la policía señalan que el grupo tiene nexos con una red financiera de Hezbollah que opera desde la isla de Margarita bajo las ordenes de Mohamed al Din, quien apoya a Chávez y es amigo intimo del diputado Adel el Zabaya Samara, un nexo clave entre el Islam y la izquierda radical en Latino América.
La célula venezolana se encarga de reclutar árabes venezolanos para ser indoctrinados sobre el terrorismo y para recibir entrenamiento militar en campos aislados en el interior del país y en la isla fuera de la costa, según los oficiales de inteligencia que alegan que los miembros de Al Qaeda se esconden en Margarita. Dicen que los miembros incluyen a Diab Fattah, quien fuera expulsado de los Estados Unidos por estar probablemente ligado a los secuestradores de los aviones del 11 de septiembre. Cuatro oficiales venezolanos que investigan actividades terroristas en la isla fueron asesinados en 2001 cuando Chavez pasó a disolver la Sección 11 de la DISIP, por haber investigado a árabes radicales.
Un terreno de 40 hectáreas en la península de La Guajira cerca de la frontera con Colombia es otro sitio donde se sospecha existe un campo de entrenamiento para terroristas islámicos. Equipado con sistemas de comunicación altamente modernos, incluyendo antenas parabólicas y satelitales, el complejo pertenece a una empresa árabe denominada Jihad, la cual está registrada como una distribuidora de equipos línea blanca para el hogar.
Los planes internacionales de Chávez han podido sufrir un revés recientemente cuando no le fue posible incluir a ninguno de sus aliados dentro del “Grupo de Amigos de Venezuela”. Quería que Cuba, Argelia y China formaran parte de un comité supervisor de gobiernos respaldado por los Estados Unidos diseñado para apoyar los esfuerzos de la OEA para garantizar libertades democráticas y elecciones futuras. Pero en la medida que la guerra en el golfo absorbe la atención de los Estados Unidos, el grupo pudiera ceder ante la influencia decisiva de Brazil. Mientras que el presidente electo de ese país, Luiz Inacio “Lula” da Silva, pareciera haberse colocado en el centro-izquierda y de haber alineado sus políticas con las del Occidente, muchos de sus asesores claves se oponen.
El principal entre esos es Marco Aurelio Garcia, un marxista duro con nexos estrechos con Cuba y las organizaciones narcoguerrilleras de Colombia, y quien está destinado a ocupar un alto cargo en el ministerio de relaciones exteriores. Ya ha utilizado su influencia para asegurar la entrega de más de 500.000 barriles de petróleo a Venezuela para ayudar a Chávez a sobrevivir los momentos más críticos de la huelga. Uno de los contactos más cercanos de Aurelio Garcia es Mohamed Latifi, una figura poderosa en los círculos del gobierno de Teherán, quien propone un boicot internacional de petróleo a los Estados Unidos y quien está relacionado con las redes terroristas.