Transformación y Desafíos de Howald y Krieg
En medio de la pintoresca localidad de Nueva Helvecia, la planta elaboradora de quesos Howald y Krieg ha cerrado un capítulo importante en su historia tras ser adquirida por inversores de Tacuarembó. Esta venta marca un punto de inflexión para la empresa, que originalmente se fundó en 1950 bajo el nombre de Alpa. A lo largo de los años, enfrentó múltiples desafíos financieros y operativos que culminaron en su reciente traspaso.
Decadencia y Renovación de un Gigante Lácteo
La historia de Howald y Krieg es un relato de auge y caída. En momentos de esplendor, la empresa empleó a 100 trabajadores en su planta, cifra que lamentablemente se redujo a 18 antes de la venta. A principios de 1999, en un esfuerzo por revivir su producción, la compañía invirtió 2 millones de dólares en maquinaria automatizada para la elaboración de quesos fundidos en fetas, bajo la marca Alpa. Sin embargo, esta inversión no fue suficiente para contrarrestar años de declive y acumulación de deudas.
La crisis económica de 2002 exacerbó la situación, llevando a Howald y Krieg a firmar un acuerdo con Conaprole para intentar financiar la maquinaria adquirida. A pesar de los esfuerzos, la empresa no logró saldar un préstamo significativo con República Afisa y acumuló una deuda que ascendió a 500.000 dólares, considerada impagable por los gestores de la firma.
La Búsqueda de Soluciones ante la Crisis
Ante esta situación crítica, los directivos se vieron obligados a buscar alternativas para resolver la insostenible carga financiera. La prioridad era encontrar una salida que permitiera no solo el pago de las deudas sino también el de los despidos de los trabajadores. La ubicación de la fábrica en Nueva Helvecia complicaba las posibilidades de diversificar la producción o iniciar nuevos proyectos dentro de la industria láctea, debido a cuestiones logísticas y de infraestructura.
Finalmente, la decisión más viable fue la venta de la empresa. Este miércoles, se concretó la transacción a inversores de Tacuarembó, quienes tendrán el desafío de redefinir el futuro de la planta. Los antiguos propietarios aseguraron que con la venta se garantizará el pago de todos los despidos, buscando cerrar un capítulo turbulento con responsabilidad hacia sus empleados.
Esta venta no solo representa el fin de una era para Howald y Krieg, sino también la esperanza de un nuevo comienzo bajo una dirección que, se espera, pueda devolverle la vitalidad a esta histórica empresa de la industria quesera uruguaya.
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Javier Fernández es un economista de campo, apasionado por el análisis de las tendencias macroeconómicas en Uruguay y a nivel mundial. Descifra para usted los indicadores clave — PIB, inflación, desempleo — y explica su impacto en su vida diaria. Su enfoque pedagógico y preciso hace la economía accesible para todos.