¡Impactante cierre! Tradicional quesería desde 1950 dice adiós definitivamente

Por : Javier Fernández

El Final de una Era Quesera en Nueva Helvecia

La icónica planta quesera Howald y Krieg, un emblema de la industria láctea en Nueva Helvecia, ha cerrado sus puertas definitivamente. Fundada inicialmente en 1950 bajo el nombre de Alpa, esta empresa se convirtió en una favorita nacional gracias a su conocido “queso creme” untable y otros productos lácteos.

Desde su creación, la planta no solo se destacó por sus productos de calidad, sino también por su capacidad de innovación. En 1999, la compañía realizó una inversión significativa, desembolsando 2 millones de dólares en maquinaria automatizada. Esta inversión tenía como fin la producción de quesos fundidos en fetas, bajo la continuación de la marca Alpa, lo que representó un impulso en su momento para la planta.

Desafíos y Declive

A pesar de sus esfuerzos por mantenerse a flote, la planta no pudo superar una serie de desafíos financieros y operativos que venían complicando su situación desde hace ya varios años. En abril, coincidiendo con su 75° aniversario, la planta fue rematada. El nuevo propietario intentó revivir la operativa de la empresa, pero los problemas acumulados resultaron ser demasiado grandes para superar.

La situación llevó a la venta de la maquinaria de la planta a una empresa de Tacuarembó. Este movimiento permitió cubrir los costos asociados con el despido de los 18 trabajadores que se mantenían activos hasta el momento del cierre, así como para saldar cuentas con proveedores y atender otros compromisos legales pendientes.

Legado y Cierre

En sus últimos días, la planta de Howald y Krieg se dedicaba a la producción de diversos tipos de queso como el sandwichero, crema, Berna y la línea premium Rodolfo, manteniendo la tradición de calidad que siempre la caracterizó. La noticia del cierre, confirmada por el periódico local Diario Helvecia, marca el fin de una era para la comunidad de Nueva Helvecia y para los amantes del queso en Uruguay.

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Este episodio resalta no sólo el fin de una empresa con profundos lazos en su comunidad, sino también los desafíos que enfrentan las empresas tradicionales en adaptarse a nuevas realidades económicas y de mercado. Aunque la planta de Howald y Krieg ya no esté en operación, su legado en la industria quesera del país perdurará en la memoria de aquellos que disfrutaron de sus productos durante décadas.

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