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Año V Nro. 327 - Uruguay, 27 de febrero del 2009   
 

 
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Helena Arce

Los fundamentalismos, la educación
y tantas cosas más

por Helena Arce

 
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         No he querido en estos tiempos hablar de la guerra Gaza- Israel, ni del aborto, ni de la ley de caducidad, de los puentes cortados, de la droga,  ni de tantos etcéteras que conmueven al mundo y al Uruguay en particular.

         Es recurrente, me repito cuando digo: “ me duelen los palestinos y los israelíes por igual”, al respecto ha circulado una carta de Joan Manuel Serrat soberbia, donde hace énfasis en resaltar que el peor problema que tienen los palestinos hoy está dentro de ellos mismos, en el terrorismo de Hamas. Pero también en Israel se cuecen habas y allí hay fundamentalistas, no  olvidamos que a Rabin lo mató un israelí. Es imposible la paz mientras los propios pueblos no se impongan condenando definitivamente al terrorismo, diciendo BASTA, de una buena vez. Perdiendo el miedo.

         Será así también únicamente como en Colombia se derroten las FARC y en España a ETA.

         Obvio que los gobiernos deben ejercer su autoridad, disolviendo estos movimientos, luchando contra ellos, encarcelando a sus dirigentes sin que les tiemble el pulso a la hora de hacerlo sea quienes sean,  de igual manera con quienes los apoyan, y obviamente haciendo lo mismo con todos sus integrantes.

         El  fundamentalismo de toda clase: el político, el religioso, el ambientalista, el nacionalismo, el económico, o el que sea, es uno de los grandes problemas que nos dejó como regalo de piedra el siglo XX en sus últimos años, y se ha acentuado en el XXI, ya casi terminando su primera década.

         Seguimos recibiendo noticias de los posicionamientos de las religiones, cuyas verdades reveladas nos intentan imponer. ¿Son acaso malas las religiones? Por supuesto que no, en su esencia,  todas son buenas, todas defienden los mismos valores, incluso son valores coincidentes con los laicos.

         Tampoco es necesariamente equivocada  ninguna idea política partidaria en sí misma, todas tienen una visión sobre la forma en como debe organizarse una sociedad y quienes a ella se afilian es porque creen sinceramente que es la mejor.
¿Hay algo de malo en la defensa del medio ambiente? Por favor, al contrario somos concientes no ya de las bondades, sino de cuan necesario es la preservación del ecosistema. 

         EL PROBLEMA, TIENE SU BASE PRIMORDIAL EN CUANDO CREEN EN ALGO,  SE IDENTIFICAN CON ESO, BASAN SU VIDA EN ESO, Y LO QUE ES PEOR, QUIEREN BASAR LA VIDA DE TODOS LOS HABITANTES DEL UNIVERSO EN SUS MISMAS CREENCIAS.

         Así se les despierta la sensación  de ser los “dueños de la verdad”, convenciéndose que todos los demás están en principio y en fin,  equivocados  y en un principio intentan  persuadirlos, luego catequizarlos y  cuando no se logra, entonces se apunta a obligarlos a abrazar los mismos convencimientos.

         La instigación pasa desde las descripciones apocalípticas, a la incitación capciosa, para terminar por intentar obligarlos a la conversión por los métodos que cuadren. De allí a utilizar la fuerza para ello, es un solo paso.

         Si pudiéramos ser magos o encontrar nuestro propio genio en una botellita, posiblemente pudiéramos solucionar todos los males de la tierra, dejando felices al mismo tiempo a todos, pero somos únicamente seres humanos, nada más, ni nada menos. Por esta razón somos falibles y por suerte finitos.

         A veces me da escozor cuando se pretende juzgar hechos acaecidos hace dos siglos, con la mente de un ser nacido entre mediados del siglo pasado y finales, es tan distinta la forma de ver el mundo de unos y otros. Fue tan grande el cambio de las formas de desarrollarse la vida entre unos y otros, cambió tanto todo, cambio acelerado con  la vertiginosidad de los medios de comunicación, que han derribado todas las barreras.

         Cuando yo nacía, en aquel lejano 1956, aparecía conmigo en el Uruguay la televisión, las fotos en color se mandaban revelar en Panamá. Sin embargo aquí estoy sentada en el comedor de mi casa, escribiendo este artículo mientras me entero en la televisión que España ha hecho un acuerdo con USA, Hillary mediante, para recibir presos de Guantánamo, y escucho que en Estados Unidos repuntó la bolsa pues anunciaron que será innecesario la nacionalización de todo el sistema financiero, si bien la recuperación completa de la recesión demorará unos 2 o 3 años. Al mismo tiempo mi esposo, sentado a mi lado con su computadora me envía por correo electrónico las fotos que sacamos hoy de tarde cuando llevamos a nuestras perras a correr al viejo Parque Rivera; y ambos estamos con nuestras computadoras encendidas sin ningún cable enchufado, y con nuestros ordenadores conectados incluso a la red.

         ¿Cómo podían nuestros antepasados, tomar decisiones acordes a la vara con que hoy medimos las circunstancias?

         Sin embargo, en estos tiempos que vivimos, donde los datos  con la que contamos a la hora de resolver un tema, son tantos, ¿cuántas veces nos arrepentimos de las opciones seleccionadas?

         El gran problema de la actualidad, tal vez sea que es demasiada la información con la que contamos, las diferentes versiones sobre  cada situación y por ello debemos aguzar nuestros intelectos para poder escudriñar dentro de ella, y resolver.

         Me comentan sobre la despenalización de la droga, y busco, analizo, y si tal vez suceda como con la derogación de la ley seca en USA, se de por finalizado el negocio de los narcotraficantes, pero ¿Será tan fácil? A veces pienso que la mejor campaña contra las drogas que escuché en mi vida fue la de Nancy Reagan, “Simplemente di no”, es como le digo a mi hijo cuando se enoja ante mi reticencia a usar el cinturón de seguridad, “la única seguridad de no lastimarse en un accidente de tránsito, es no tenerlo”.

         Si largo podemos debatir sobre el tema del cinturón de seguridad, para hacerla corta les comento que me da más miedo quedar presa del cinturón en medio del fuego, posiblemente debido a mi claustrofobia que con el paso de los años logro menos dominar, pero a efectos de no ser multada, termino poniéndomelo.

         Es malo fumar no hay dudas, pero dudo que prohibiendo hacerlo se logre nada. Por fuerza los seres humanos somos rebeldes, y no nos gustan que nos prohíban, es un hecho hoy con tanta prohibición,  se ven más fumadores que hace algunos años, cuando se hacían campañas informativas y se celebraban los famosos días libres de humo.

         El aborto está penalizado, sin embargo todos conocemos a mujeres cercanas, las que por distintos motivos debieron realizarse uno. Por más que las llamen asesinas, que las excomulguen y toda la parafernalia de declaraciones, los abortos siguen existiendo, y las clínicas siguen siendo un excelente negocio. Nuestros Presidentes, seres tan diferentes como Batlle y Vázquez, se han opuesto a legalizarlos, el primero amenazó con vetar la ley si se aprobaba, el segundo lo hizo directamente. Su inclinación se debió a creencias religiosas, científicas, compromisos asumidos, vaya uno a saber. Como he dicho en infinidad de artículos, mi posición no es fácil, una mujer a la que como yo le costó tanto tener a su único hijo, que se vio truncada en innumerables y dolorosos momentos, el ser madre, no puede naturalmente ser proclive al aborto, sin embargo por esto mismo me siento inhibida de juzgar otras situaciones diversas. La ley no obligaba a nadie a realizarse un aborto, si lograba que no hubiese necesidad de acudir a un “secreto” para realizarlo y terminaba con el negocio de las clínicas dedicadas a eso.

         Cuando algunos postulantes a gobernantes de nuestro país, e incluso gobernantes de otros países, se afilian a la teoría guevarista de la creación del “Hombre nuevo”, un ser impoluto, generoso, solidario creado desde el Estado, allí sinceramente me preocupo. Esos valores pueden enseñarse, nunca imponerse por la fuerza.

         Pues por sobre todo siempre primará la libertad del ser humano, aun en la más cruenta dictadura, en condición propia del hombre ser libre. Podrá decir que es creyente, manifestarse acorde con las órdenes, hacer que las cumple, pero dentro suyo obrará como quiera. ¿Cuántas personas de mi edad, firmamos la degradante “fe democrática”? Aun recuerdo, allí me obligaba a denunciar a cualquier persona que sospechase estuviese realizando actividades contrarias al régimen “cívico-militar” que se nos había impuesto. La firmé, por supuesto, si no mis posibilidades de estudiar en la Universidad se esfumaban, pero no denuncié a ninguna persona, ni fue común que los estudiantes denunciaran, me atrevería a aseverar que si hubo alguna denuncia alguna vez, haya sido la excepción, y si habremos visto todos, personas que luchaban para derrotar ese ignominioso régimen, cuanto hicimos cada uno además en la medida de nuestras posibilidades,  para ello.

         El problema son los seres no libres, en cualquier circunstancia, en cualquier régimen de gobierno, aquellos que se consustancian con algo, se identifican con ello, y no se dan la posibilidad de decidir por si mismos, de analizar, de buscar oponer la información que recibe para DECIDIR POR SI MISMOS.

         Por ello, más importante, más grave que comentar los sucesos que nos llegan, me moviliza advertir,  sobre el peligro de los fundamentalismos.

         Puede no molestarme si una mujer usa el famoso velo musulmán, si es por su libre albedrío, si tuvo posibilidad de no usarlo y decidió lo contrario. Lo grave es la no posibilidad de decidir, la falta de libertad para elegir, y a la hora de hacerlo el no contar con toda la información para ello. Y el fundamentalismo que inhibe la capacidad de analizar esa información. No se que es más grave, si el ser obligado por la fuerza a hacer algo, o no ser capaz de analizar en cada circunstancia si estamos o no de acuerdo, simplemente dejarnos llevar, por la identificación con los hechos prejuzgados o por las personas en las que “creemos”.

         Por ello más que bregar por el si o el no al aborto, el si o el no a la reelección indefinida de un Presidente, el si o el no a la legalización de la marihuana, el afiliarse a un Partido Político u otro, el abrazar una fe religiosa, brego por una educación “laica, gratuita y obligatoria”, donde se fomente en el ser humano el espíritu crítico que lo lleve a no dar ningún hecho por cierto, sin un análisis concienzudo de su parte previamente.

         Es por lo menos  increíble que cuando ya no queda en este país personas vivas que hayan sido educadas en un régimen diferente, pues hace 132 años  de la Reforma Vareliana, alguien deba escribir un artículo en defensa de la educación “laica, gratuita y obligatoria”.

         Y se puede lograr sin dejar por ello esos valores comunes, presentes en todas las religiones, en los sentimientos de las personas ateas, en los espíritus laicos, y en todos los seres humanos sin importar si son de izquierdas o de derechas, si votan a un Partido Político u otro, los valores de respeto a si mismo y a los demás, concientes de la libertad propia y ajena, de los derechos siempre acompañados de deberes, y los deberes siempre acompañados de derechos, y por sobre todo el despertar una mente abierta e inquieta.

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