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No preguntes lo que tu país te puede dar, sino lo que tú puedes darle a él. 
Año V Nro. 372 - Uruguay, 08 de enero del 2010  
 
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América del Sur 2010
por Sergio P. Luís
Profesional Independiente

 
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         Esto de pretender el oficio de analista, lleva a muchos enredos, cábalas, deseos ocultos y, por supuesto, a los mayores disparates. Pese a estos riesgos, queda la tarea de otear el horizonte intentando descubrir las tendencias y corrientes políticas que avanzan, se estancan o retroceden, y que pueden afectar a países y continentes. Para este empeño, afortunadamente siempre hay algunas señales y experiencias, aunque asome el peligro del equívoco mayúsculo.

         Latinoamericana, ahora tiene un denominador común, exceptuando a Cuba: todos los gobiernos resultaron de elecciones, aunque algunas hayan sido justamente cuestionadas: como las de  Venezuela y Bolivia. Este denominador común se rompe cuando se ve que de esas elecciones ya surgieron autocracias resultantes de la nueva estrategia extremista del Foro de San Pablo, al que están afiliados, entre otros,  los bolivarianos de Chávez, los sandinistas de Ortega, los cocaleros de Evo Morales, los oficialistas ecuatorianos, los socialistas chilenos, los “lulistas” brasileños, los tupamaros y socialistas del Frente Amplio uruguayo y el conglomerado amorfo del “kirchnerismo” en la Argentina. Por ahí transita el ex obispo paraguayo Lugo, frenado hasta ahora por sus escándalos personales y por la oposición parlamentaria, encabezada por su propio vicepresidente.

         Si estos gobiernos tienen una raíz común ¿por qué no todos avanzan vertiginosamente hacia lo que llaman socialismo del siglo XXI, que se manifiesta en autocracias, mientras otros todavía mantienen instituciones republicanas y mantienen más o menos inalteradas las libertades democráticas? Seguramente podrán surgir una serie de interpretaciones. Yo tengo la mía.

         Sin lugar a dudas la estrategia extremista es graduar el cambio hacia el “populismo a la latinoamericana” según las condiciones de cada país. Chávez, por ejemplo, al inicio de su gestión no mostraba el radicalismo agresivo de hoy. Poco a poco fue afirmando su poder y, también poco a poco fue consolidando las bases de su régimen que ahora poco tiene de demócrata. Esto es: mientras no pudo, se refrenó, pero apenas vio expedito el camino –hubo ceguera ciudadana- se lanzó a la edificación de una dictadura populista y, como ya estaba cumpliendo exitosamente este designio, su trastornado líder se embarcó en una cadena de provocaciones inútiles que han ocasionado peligrosas tensiones. Y, para aumentar los problemas del “bolivariano”, éste ha sufrido retrocesos –lo de la pequeña Honduras que se liberó del sátrapa Zelaya, lo humilló- y una creciente crisis interna puede serle adversa a sus planes de continuidad, de él y de su régimen.

         La historia en Bolivia es diferente. Desde el inicio, el régimen de Evo Morales se dedicó a desmantelar las instituciones republicanas; no necesitaba la prudencia ni la espera. Una oposición inepta, cavó su propia sepultura. Ahora, Morales tiene abierto el camino para establecer una dictadura populista, con curiosos rasgos indígenas anacrónicos. Pero la ostensible ineficiencia en el manejo de los hidrocarburos nacionalizados ´-el país vive de de estos- y el cambio en el entorno internacional -Chile y Brasil, principalmente- debería preocupar a sus partidarios.

         Por supuesto, que se presentan excepciones, quizá porque algunos países tienen fortalezas institucionales y sociedades adversas al autoritarismo o, en algún caso, un presidente que resultó prudente, pese a su extracción política. Esta es la situación del Frente Amplio del Uruguay, porque la duda que surge es si su presidente, el socialista Tabaré Vásquez, no pudo o no quiso llevar a su país a un desembozado populismo, a semejanza del venezolano, ecuatoriano, nicaragüense y boliviano. Quizá la “nomenclatura” frentista, intenta aún, llevando como presidente al ex - guerrillero,  José Mujica, llegar al populismo recalcitrante, contando con el ya anunciado apoyo exultante de Chávez: ¡petróleo para los próximos 500 años!

         Otro caso patético es el del matrimonio presidencial argentino que, según sondeos, ya toca fondo, con un escaso 17 % de aprobación ciudadana, todo agravado por un irascible y soberbio candidato anticipado –su cónyuge- que pretende seguir con el gozo matrimonial de la presidencia argentina. Su situación es cada vez menos firme y 2010 no parece que le vaya a ser propicio.

         Lo de Brasil realmente es revelador. Se trata una sociedad fuerte y crecientemente próspera que impide los desmanes. Quizá la popularidad del presidente está fundada en su prudencia, expresada en no avanzar en una revolución populista sin destino. La continuidad del modelo establecido por el respetado Fernando Henrique Cardoso, artífice de a pujanza de la economía de su país, frena cualquier aventura, y Lula lo sabe. Y lo comprueba cuando propone a Dilma Rousseff, una ex guerrillera convicta, como candidata presidencial para 2011, que se rezaga en las encuestas, y a la que no consigue trasmitirle su buena imagen.

         Lo de Chile puede ser emblemático. Pese a la presencia socialista y comunista en la Concertación, ésta se manejo prudentemente, Nada de majaderías: sigue un modelo económico con una continuidad admirable. Es seguro, sin embargo que habrá un  matiz diferente en su visión subcontinental, Cualquiera sea el que triunfe en la segunda vuelta electoral de estos días, acentuará el alejamiento del populismo. Es más: con el conservador Sebastián Piñera o con demócrata cristiano Eduardo Frei, el romance espurio con Evo Morales, cambiará.

         Falta ser mencionar a Perú, Colombia y Ecuador, pero eso en una próxima nota.

         ¿Cambios a la vista?  Sin duda que los habrá. ¿Esperanzas? Para unos sí, para otros más de lo mismo, sin expectativas. 2010 no da para confiar en mejores días para todos, a menos que, como lo deseo, yo esté totalmente equivocado, lo que siempre es posible...

© Sergio P. Luís para Informe Uruguay

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