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El peligro de insistir en la visión
del empate catastrófico
por Guido Riveros *
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En este empate histórico nos enfrentamos a una disyuntiva: o continuamos acrecentando la polarización, priorizando la amplificación de nuestras diferencias, hasta el enfrentamiento; o lo administramos de una manera virtuosa, buscando nuestras coincidencias, haciendo de nuestros intereses comunes la base de un Proyecto Nacional.
El empate es la realidad de nuestro país. Su desemboque puede ser catastrófico si persistimos en la línea de la hegemonía revolucionaria o conservadora y no damos paso a un diálogo democrático de concertación. Lo sucedido en los últimos días en Sucre es una señal roja del peligro que atravesamos como país.
Luego de casi 30 meses de gobierno podemos ver que el mandato del 18 de diciembre de 2005 fue malentendido. El empate no necesariamente era catastrófico –lo que obligaba a resolverlo con un ganador– sino una situación que, gracias a ese mayoritario respaldo, el presidente Evo Morales debía administrar en democracia, poniéndose por encima del mismo y con la autoridad emergente del soberano, convertirse en el garante de un diálogo profundo que apunte a construir una sola agenda de cambio para todos.
En realidad, los bolivianos no deberíamos lamentar este empate y mucho menos calificarlo como catastrófico. Hoy por hoy se convierte más bien en una fortaleza que no nos permite caer en hegemonías parciales que desconozcan la realidad compleja y, en consecuencia, nuestra diversidad y la necesidad de sumar esfuerzos, de construir una sola agenda, un solo camino para avanzar en el contexto internacional.
Reconducir el “empate”
Por lo tanto, hace falta reconducir nuestro empate. Empezar a verlo más allá de visiones parciales, para resolverlo en términos democráticos, haciéndolo virtuoso a través del diálogo, del reconocimiento del otro y de la búsqueda permanente de la complementariedad, la única forma de avanzar aprovechando nuestra inmensa diversidad. Lo catastrófico está en buscar resolverlo ganando a través del enfrentamiento, matando de a poco y en ambos lados esa diversidad, debilitándonos aún más en el contexto internacional.
Para el presidente Morales, la coyuntura emergente del Referéndum Revocatorio le brinda la posibilidad de replantear sus visiones y actitudes, y repensar y proponer así un cambio radical de lo que es su rol y responsabilidad con la democracia y el pueblo boliviano. De persistir en sus visiones, políticas y acciones de gobierno mostradas a lo largo de la primera mitad de su mandato, más allá de una situación momentánea favorable y más temprano que tarde, el deterioro producido desde su 54% continuaría irremediablemente agravándose.
En este empate histórico que vivimos los bolivianos, nos enfrentamos a una disyuntiva: o continuamos acrecentando la polarización, priorizando la búsqueda y amplificación de nuestras diferencias regionales, sociales, económicas, culturales, hasta lograr el enfrentamiento, lo que significa continuar pretendiendo resolverlo con ganadores y perdedores, un hecho que ha demostrado no ser sostenible en el planeta; o lo administramos de una manera virtuosa, buscando nuestras coincidencias, haciendo de nuestros intereses comunes la base de un Proyecto Nacional como contexto en el que se resuelvan nuestras diferencias de manera democrática. Esta es la única manera de viabilizar la agenda social contra la exclusión, impulsando las autonomías, cohesionando y uniendo a todos los bolivianos a través del dialogo democrático.
Y aunque la inminencia de los procesos electorales revocatorios podría hoy desviarnos del objetivo central de impulsar el diálogo nacional y la construcción y viabilización de una sola agenda, este referéndum, si es que se da, debería ser aprovechado por la sociedad -sobretodo- para obligar a las partes a mostrar su verdadera voluntad de diálogo, más allá de su discurso estereotipado y repetitivo que les sirve para posicionar imagen, pero que en el fondo no muestra voluntad de diálogo, puesto que no hace un claro reconocimiento del otro.
Las autonomías en la agenda gubernamental
Para los bolivianos es claro que la agenda posicionada por el gobierno, que en síntesis significa una priorización del tema social, necesita ser complementada con el tema autonómico, bajo el principio de que sin lucha contra la pobreza y la exclusión no hay autonomía que valga, pero sin autonomías, tampoco podremos lograr mayores niveles de inclusión sobre todo para la población indígena.
Lo real es que cualquiera que sean las combinaciones resultantes de las urnas este 10 de agosto, la victoria para cualquiera de las partes –si se diera– será pírrica, puesto que seguiríamos viendo el empate como catastrófico, lo que no nos permitiría avanzar en encaminarnos hacia lo único que puede brindarnos soluciones de fondo: un Proyecto Nacional que profundice la democracia en todos los niveles.
Para ello hace falta diálogo, del verdadero, de aquel que parte del reconocimiento del otro, de sus derechos, sus puntos de vista y sus obligaciones, pero también del reconocimiento de la importancia que tiene el otro para nosotros, de que nos necesitamos, que nos complementamos y, en consecuencia, podemos crear un futuro común para todos.
No nos equivoquemos, el empate que vivimos sólo tiene una salida, y es a través del diálogo. Después de todo, recordemos que hasta las guerras –después de haber destruido mucho o poco, pero siempre después de haber causado mayor sufrimiento– al final de cuentas acaban en las mesas de negociaciones.
* Director de la Fundación para la Democracia Multipartidaria
| Fuente: Nueva Crónica. Bolivia |
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