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No preguntes lo que tu país te puede dar, sino lo que tú puedes darle a él.
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Año V Nro. 401 - Uruguay, 30 de julio del 2010 |
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La Policía de nuestro país ha estado afiliada, relacionada e identificada con viejas costumbres. Demasiado subordinada, demasiado subalternizada, con férreas ataduras que le impiden aún hoy, desenvolverse, crecer y desarrollarse institucionalmente. A través de sus largos años de vida, una y otra vez la Policía ha estado enfrentada a resolver su presente, rescatar su pasado y apostar a que el futuro le depare una realidad diferente, aún cuando haga poco por ello. Así ha sucedido en los tiempos del caos, después en tiempos militaristas, luego a su regreso a la civilidad y por último hoy, con este nuevo escenario donde la incertidumbre y hasta los velados temores, no permiten vislumbrar aún, un futuro mejor. Debemos rescatar a un puñado de valientes que en plena agitación social y en condiciones por demás adversas, impulsaron hace muchos años una Ley que le ha dado forma y contenido a nuestra Policía Nacional. La historia de esta Institución tan señera ha transcurrido impregnada de sacrificios, renunciamientos, valentía, y honor, pero también humildad y abnegación, modelando un perfil, una identidad tal que la ha distinguido a través de los tiempos como una verdadera muralla de contención entre el delito y los derechos consagrados legalmente con respecto a su sociedad. Ha trascendido así, épocas, regímenes y corrientes filosóficas, ideológicas y políticas, manteniendo como consigna la defensa de la ley y de la sociedad. Pero también y ello es innegable, ha mantenido un matiz de permisividad, un cariz complaciente, quizás hasta de cierta complicidad con los antojos de los “jefes de turno”, producto tal vez, de esa cercanía y relación con quienes desde el poder, han ejercido un manejo tendencioso y discrecional, amparados en los vacíos legales, en los intersticios de la legitimidad, o simplemente en la ausencia de moral. Así la figura del policía nació y creció acompasada y amparada en ese ambiente característico, donde su proceder, lejos de contar con la reprobación y el rechazo social, era contemplada y aceptada como una de las tantas reglas de convivencia. Aunque parezca exagerado, podemos establecer una correspondencia, entre quienes en todas y cada una de las épocas, han hecho recordar con sus dudosos ejemplos, ese especie de estigma que acompaña la figura del policía. Así, generación tras generación, el servicio policial funcionó como una eficaz herramienta para la contención del delito, pero siempre muy cercano a él. Hoy, aunque parezca lesivo este ensayo, no pretende serlo, sí es una mirada de nuestra historia analizada con otros ojos y desde otro lugar, y tal vez una autocrítica. Compartir este artículo en Facebook © Círculo Policial para Informe Uruguay
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