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Año V Nro. 401 - Uruguay, 30 de julio del 2010  
 
 
 
 
 
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Fernando Pintos
por Fernando Pintos

Fútbol y locura

 
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         El fútbol uruguayo vive una locura, y no es asunto reciente. Por supuesto, que es locura inmersa y confundida, entre otras tantas que afectan a los uruguayos, gente anómica (desorientada) por decreto. Y quien no me crea, que tome cuenta de la siguiente enumeración de calamidades: 1) la Municipalidad de Montevideo, en manos del Frente Amplio desde dos décadas a esta parte; 2) el Gobierno de la República, entregado al Frente Amplio en dos elecciones sucesivas (la primera, en cierta medida explicable y la segunda absolutamente desquiciada); 3) delincuencia internacional de la peor calaña imaginable (narcos, traficantes de niños, ladrones de órganos humanos, etcétera), sentando plaza en este país de unos años a esta parte; 4) la actividad sin frenos de los sindicatos, que conforman una verdadera mafia de indeseables comunistoides y corruptos; 5) la economía de opereta, que no termina por despegar y que cada día más apela a soluciones propias de países tercermundistas al estilo de Haití y Zimbabwe (vender las tierras productivas a extranjeros por monedas, recibir madereras depredadoras, etcétera)… ¡Y tantos otros ejemplos!

         Una más, entre tantas locuras cotidianas de los uruguayos, es aquella que afecta al fútbol de este país. Locura que en una parte producto mediático, y que en otra es el claro efecto de la Globalización que devasta el planeta. En este país de personajes anómicos y desastres cíclicos, existen equipos de fútbol que, para las condiciones generales existentes, desembolsan sueldos enormes para financiar planteles con «estrellas»… ¡Que en la práctica, casi nunca pasan del triste papel de estrelladas, toda vez que tengan que demostrar el supuesto «estrellato» en un campo de juego y en algún partido que no sea por el asado. Pero, ¡por supuesto!, que detrás de esa pestilente realidad están siempre los contratistas (colectividad de mafiosos y oportunistas): siempre en actividades reñidas con lo recto, lo decoroso, lo decente y lo apropiado. Y una buena parte de esas actividades consiste en convencer a los jugadores de la posibilidad de alcanzar en corto plazo futuros paradisíacos, gracias a esa otra plaga bíblica que se conoce como «el pase al Exterior». Desde la más temprana edad del jugador, los «empresarios» están más que presentes, ¡omnipresentes!, apropiándose de las promesas del Fútbol Uruguayo, para «representarlas» y «asegurarles» el futuro grandioso. Llenándoles la cabeza de fantasías delirantes desde el mismo momento en que, mocosos, ingresan en las divisiones formativas de algún equipo importante. De tal manera, ni Nacional, ni Peñarol, ni Danubio, ni Defensor, ni River Plate, ni ningún otro equipo del fútbol nuestro tiene jugadores propios. Se gastan platales en formarlos, en llevarlos de a poco, en alimentarlos, en entrenarlos, en hacerlos conocidos y hasta debutarlos en Primera División… ¡Pero nunca pueden disponer de esos patrimonios!, porque los todopoderosos «empresarios» siempre están presentes, metiendo la cuchara en todo y diciendo la última palabra, para llevarse siempre —¿cómo podría ser de otra manera?—, la parte del león…

         Estamos de acuerdo en que tal situación apesta. Porque no bien surge un talento en Tercera División, ya aparecen los buitres —«empresarios»— girando alrededor y entonando la consabida cantaleta. Una labor a todas luces tenebrosa y nefasta, con la cual contribuyen en gran medida la cúpula de la Asociación Uruguaya de Fútbol, los dirigentes de los clubes, los gerentes deportivos de los equipos, determinados periodistas e incluso el Gobierno de la República, que siempre actúa con una mano extrañamente blanda frente a individuos de la asquerosa calaña de un Paco Casal, corruptor número uno del Fútbol Uruguayo.

         Dentro de este panorama desolador, algunas veces aparecen destellos de luz. Una Selección Uruguaya conducida por un anodino personaje, a fuerza de voluntad y coraje se coloca entre los cuatro mejores combinados del reciente Campeonato Mundial. Y de repente, por ahí despunta un equipo como River Plate de Montevideo que, sin contrataciones importantes y de la mano de un outsider como Juan Ramón Carrasco, desarrolla varias campañas fantásticas, saca a luz una cantidad de jugadores notables, se posiciona muy bien en las competencias locales y, para colmo, juega copas internacionales… ¡Y lo hace bien! Y con mejores resultados de los que, en ese plano (el internacional), consiguen los equipos grandes, plagados de figurones inútiles a quienes se gratifica con sueldos enormes. ¡Tan sólo por el nombre y la trayectoria desarrollada tantos años ha!

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© Fernando Pintos para Informe Uruguay

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