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Año V Nro. 310 - Uruguay, 31 de octubre del 2008   
 

 
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Visión Marítima

 
Helena Arce

Algunas reflexiones sobre
la especulación desenfrenada

por Helena Arce

 
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         En estos días de crisis mundial, donde la especulación desenfrenada ha hecho tambalear nada menos que al país que ha sido desde que me conozco, y hace de ello más de medio siglo, la primera potencia mundial, arrastrando consigo a los demás,  es hora tal vez de hacer un alto en el camino y cuestionarnos.

         Es cierto que la ambición es buena pues ella es el motor que nos mueve, sin embargo como en todos los órdenes de la vida, todo se vuelve en nuestra contra si no recorremos el difícil pero a su vez seguro,  camino del medio.

         A menudo cuando leo sobre el pasado y veo como calificamos a nuestros antepasados, pues más allá de los propios, toda los miembros de la raza humana lo son, pienso como nos calificarán a quienes nacimos en el siglo XX., cuando con el devenir de los siglos, por fuerza alguien analice esta época.  Este  mundo de hoy sin duda,  es fruto del accionar de quienes hoy somos adultos, y por lo tanto nacimos el siglo pasado.
.
         El dinero se ha transformado en un fin en si mismo, reconozco que yo misma suelo estar nerviosa cuando transcurriendo los días veo ir desapareciendo el dinero de mi billetera.

         No importa si tenemos comida en el refrigerador, un lugar para dormir, incluso hasta cuando tenemos las cuentas pagas, el transporte asegurado, etc. El ver agotarse los billetes y/o las monedas nos vuelve ansiosos.

         Cierto es que ese dinero, que por cierto no compra la felicidad, hoy es imprescindible para poder hacer frente el día a día.

         Sin embargo la gran pregunta es ¿cuál es el límite?

         Lo necesitamos para vivir, pero es  preocupante ciertamente ese afán del dinero por el dinero en sí mismo. Y todo lo que conlleva de status, de poderío.

         Soy realmente contraria a que se le de dinero a las personas a cambio de nada, pues ello sin lugar a dudas coarta el estímulo de cada uno a avanzar por si mismo. Pero también me duele ver a lo que las personas estamos dispuestas a renunciar, con tal de lograr más dinero.

         Familias enteras disgregadas, padres e hijos, hermanos, amigos entrañables, amores que se pierden en el laberinto del dinero.

         Imagino a alguno leyéndome y pensando: “Esta señora nunca supo lo que es no tener dinero” Por cierto que lo supe, más allá del hogar de donde provengo, quebré aparatosamente en el 2002, al punto de tener que comenzar de cero, aun hoy sigo pagando como puedo las cuentas que me han ido quedando, es cierto que pudimos salir adelante, primero poder seguir comiendo, un techo donde vivir, atendernos en la salud,  hemos logrado cancelar varias deudas, pero aun hoy 6 años después queda mucho camino por andar para terminarlas.
 
         Y sin embargo hemos sido felices todo este tiempo, aprendimos a sobrevivir al sabor amargo, ese que nos hacía recorrer un ardor de la garganta al cuello, al principio sobrellevándolo, luego reconociéndolo, al fin superándolo. Si han pasado 6 años, y aun no somos libres económicamente, pero  mi hijo en este tiempo creció de aquel adolescente a este joven hombre de hoy, mi marido y yo seguimos juntos y felices, hemos recuperado amores imprescindibles que se nos habían quedado en el camino. Por cierto también en este tiempo hemos tenido dolores más importantes que esas cuentas a las que cuesta terminar de pagar, mi madre y mi hermano-primo se fueron junto a mi padre y los extrañamos. Amigos entrañables también partieron.

         Pero aprendimos a seguir adelante, con nuestras mochilas sobre los hombros, calibrando su peso pudimos acomodarlas en el cuerpo. .

         No hace mucho con una querida amiga que vive muy lejos, concordábamos en el mayor deseo para nuestros hijos, “que sean buena gente y transcurran su vida entre ella”.

         Tal vez este crack financiero, el mismo vivido por este país pequeño en el concierto mundial en el 2002, que hoy viven en carne propia los países desarrollados, nos haga reflexionar a todos, en todo el mundo sobre nuestros objetivos, sobre lo que valoramos en los demás y en nosotros mismos.

         Tal vez dejemos esta carrera tras los billetes por si mismos, y valoremos más a las personas que conviven con nosotros en el planeta tierra. Es posible de pronto comenzar a valorar todo, comenzando por las tecnologías, por cuanto mejoran la vida humana en su conjunto. Así la economía, la física, la química, en fin todas las ciencias tengan su razón de ser en ese talero que las relaciona con la felicidad, el bienestar, la calidez necesaria para nuestro desarrollo como personas.

         Si aprendiésemos cuanto más importante es ser una persona creíble, que alguien con mucho poder o dinero en la billetera, seguramente seríamos más felices. Si valorásemos más nuestras posibilidades de ser compasivos, misericordiosos y queribles, tendríamos la seguridad de ser una grata presencia para quienes nos acompañan en este recorrido por la vida.

         Se me presenta mi padre y cuanto gustaba la gente de estar cerca suyo, su mano extendida, su espíritu solidario, su entender incluso a  quienes lo lastimaban, era un imán irresistible para quienes lo conocían. Cuanto lamento no haber aprendido aun a ser como él, pero no quiero ceder en la intención.

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© Helena Arce para Informe Uruguay
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