Miembro de
Proyect Sindicate apdu
       
 
separador                                          Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
              
     
Google Buscar en la

 
Año V Nro. 336 - Uruguay, 01 de mayo del 2009   
 
separador
En esta edición
Marcos Cantera C.
separador
0
Helena Arce
separador
Martin Feldstein
separador
0
Pedro A. Lemos
separador
Rodrigo Blás
separador
Cr. Ricardo Puglia
separador
Ana Jerozolimski
separador
Nelson Maica C.
separador
Guillermo Asi Méndez
separador
Raúl Seoane

 
 
 
historia paralela
 

Visión Marítima

 
Rosendo Fraga

La nariz de Cleopatra
por Dr. Jorge T. Bartesaghi

 
separador
   
rtf Comentar Artículo
mail
mail Contactos
pirnt Imprimir Artículo
 
 

 El discurso electoral del senador Mujica, fundamentalmente en su forma, ¿no magnifica las diferencias socio-culturales fomentando o agudizando divisionismos entre la sociedad uruguaya?
¿No es un espaldarazo a la mala educación, a la grosería o a la chabacanería de mucha gente, verlas reflejadas en el discurso de sus referentes?

        Si la nariz de Cleopatra no hubiese sido tan larga seguramente la faz (política) de la tierra sería diferente.

         Con esta construcción tan particular se reconocía la desproporcionada incidencia que situaciones individuales, singulares, podían tener en el futuro de los pueblos.

         Es obvio que Pascal, cuando esto escribía, no estaba pensando en el senador José Mujica. Pero yo, al leerlo, no he podido evitar que se me cruzara una comparación ineludible. Y no se trata de equivaler bellezas y ni siquiera narices. Menos aún suponer que personajes tan diferentes sean comparables en su dimensión o relevancia histórica. Se trata tan solo de una comparación por el absurdo.

         No es nuestro tema analizar cuánto de bueno o de malo significó para el Imperio Romano y Egipto la belleza simbolizada por aquella nariz. Pero sí nos interesa profundizar sobre las venturas o desventuras que esta otra “nariz” pueda acarrear sobre nuestro pueblo.

         Nadie duda que el senador Mujica es hoy figura relevante en el concierto político nacional, con chance de disputar la próxima primera magistratura del país. Así lo indican encuestas de opinión, analistas y el propio congreso del Frente Amplio que lo ha ungido candidato oficial de esa fuerza política.

         Tampoco se desconoce que obtiene su reconocimiento público en base a un estilo sumamente particular, sin precedentes, desconocido para el país, y lo que es más raro aún, inimaginable hasta hace muy poco tiempo.

         Su pasado subversivo, su lenguaje arrabalero tan “divertido” como procaz, el desaliño general en el cuidado personal y en el vestir, su desapego a todo convencionalismo y, fundamentalmente, el no darle importancia ni admitir responsabilidad por sus propios dichos (como te digo una cosa te digo la otra) le han puesto en sintonía con una subcultura “lumpen” que lo erige como su representante natural.

         No es el sentido del presente analizar capacidades, aptitudes ni condiciones del senador José Mujica para el cargo que pretende.

         Desde ya dejamos en claro nuestro reconocimiento a su “olfato”, experiencia, habilidad estratégica, picardía y carisma, virtudes todas, si así puede llamárseles, importantes y quizás poco comunes en los hombres públicos.

         Se trata sí de entender por qué nuestra sociedad, que hasta hace poco tiempo se apegaba a valores tradicionales que, ni en la acción política, y menos aún en la de gobierno, aceptaban la mala educación, la procacidad, y tampoco la chabacanería, se siente hoy proclive a tolerarlas simplemente porque las ha institucionalizado el “estilo del Pepe”.

         No hay duda que nos encontramos frente a un fenómeno de decadencia cultural, de multiplicidad causal, cuyo análisis en profundidad excede largamente nuestras posibilidades. Sólo diremos que no debemos asimilarlo a una situación de pobreza. Es otra cosa, es marginalidad pura.

         Una marginalidad que se retroalimenta desterrando la cultura del trabajo, aspirando a asistencialismos puntuales, alejándose de la educación y rechazando toda norma de convivencia formal. Su lenguaje y sus códigos son diferentes al punto que impiden cualquier forma de inclusión en la sociedad.

         A partir de tan gruesas pinceladas de esta realidad social, ¿es bueno que quienes están en esa situación reciban de los dirigentes mensajes en sus propias claves y por tanto convalidantes de su lenguaje y estilo?

         El discurso electoral del senador Mujica, fundamentalmente en su forma, ¿no magnifica las diferencias socio-culturales fomentando o agudizando divisionismos entre la sociedad uruguaya?

         ¿No es un espaldarazo a la mala educación, a la grosería o a la chabacanería de mucha gente, verlas reflejadas en el discurso de sus referentes?

         El senador Mujica, que sin duda es un hombre inteligente, tiene todo el derecho de conquistar una porción de la ciudadanía demostrándoles conocimiento, comprensión y hasta identificación con sus problemas. Puede hacerlo entrando en su propia sintonía, mimetizándose con ella. Pero tiene también el deber ineludible, desde su liderazgo, desde su posición de referente, de promover la mejoría de sus valores culturales, mostrándoles, a través de su lenguaje y de sus actitudes un camino de inclusión social. En su carácter de senador de la República, anteriormente Ministro de Estado y ahora aspirante a la Presidencia no tiene derecho a permitir que la gente crea que ese, su lenguaje, es el apropiado para un gobernante, y con ello darle un espaldarazo a actitudes culturales negativas.

         Todos tenemos la obligación de intentar elevar el nivel cultural de nuestro pueblo. Más aún aquellos que gozan de su confianza.

         No vemos riesgo en que sus acciones cobren la relevancia de la nariz de Cleopatra, pero desearíamos que la suya, por su excepcionalidad, fuere un instrumento útil para la cohesión e inclusión social, y no un modelo gris, triste y hasta satírico de nuestra propia realidad.

Comentarios en este artículo

» Arriba

separador
   
© Dr. Jorge T. Bartesaghi

 
21
Informe Uruguay se halla Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
Depósito legal No. 2371 deposito Nos. 338018 ley No - 9739, dec 694/974 art. 1 inc A
20
Los artículos firmados son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, la opinión de Informe Uruguay
20
Los enlaces externos son válidos en el momento de su publicación, aunque muchos suelen desaparecer.
Los enlaces internos de Informe Uruguay siempre serán válidos.
21
 
Estadisticas Gratis