|
Los grandes en Pando
por Nicolás Simone
|
| |
|
|
Un amigo de Dale Bolso, "pandense" por adopción, oyente de casi 20 años del programa y orgulloso Socio Vitalicio de nuestra institución, comparte con nosotros un recuerdo que nos retrotrae en el tiempo más de seis décadas.
Épocas en que el fútbol era más deporte y menos negocio y sus jugadores eran dueños de más gloria y de menos dinero.
Corrían los años cuarenta del siglo anterior (que viejos parecemos). Nuestro fútbol gozaba de buena salud, sus jugadores también.
Para la preparación física no se empleaban aparatos de musculación ni se requería de tantos "mimos" para el cuidado de las extremidades de los futbolistas que hoy tanto valen en el mercado internacional.
Una buena "tallarinada" a la hora de la comida y después a la cancha a dirimir supremacías. No existía el criterio de "concentraciones" obligatorias que los dos grandes comenzaron a aplicar fuera de sus instalaciones habituales, más precisamente en la ciudad de Pando.
Nacional lo hacía en "Los Plátanos", un viejo casco de estancia a orillas del Arroyo Pando, cuya construcción central, hoy bastante deteriorada, puede observarse desde la Rectificación de Ruta 8 y el Puente Nuevo.
"Los Plátanos" era propiedad de la Familia Molinari, gente adicta al club, cuyos integrantes eran concurrentes diarios a nuestra Sede social. Además que "don Carlos" se había constituido en el cocinero oficial y obligado de cuanta delegación del Club saliera fuera de fronteras.
Los tradicionales rivales concurrían a "Los Horneros" del hermano de Matucho Fígoli, en el km.28.500 de Ruta 8, y de allí hasta Pando en una larga bajada que Obdulio recorría saltando la cuerda, aunque la mayoría atestaba el Skoda de Máspoli, para buscar proteínas en la carnicería de Antonio Martínez, que regalaba asados al cuadro de sus amores, bajo la mirada atenta y las quejas en voz alta de su esposa María Malvina Crossa, nacionalófila de alma.
Tomando por arco el portón de chapas de la fonda de Barnech y por pelota una naranja extraída subrepticiamente de la verdulería de Corts, sobre piedras sueltas y adoquines practicaban puntería.
La concurrencia a "Los Plátanos" invitaba a modo de esparcimiento la recorrida de las calles de la ciudad, adoquinadas en el centro, con macadam las restantes. El hormigón vendría recién a fines de los cincuenta y principios de los sesenta.
Es así que termo bajo el brazo y mate de mano en mano, nuestros jugadores formaban grupos que a paso lento recorrían comercios, saludaban hinchas y paseaban por la Plaza Constitución.
Era la época del Quinquenio de Oro: Paz, Pini, Arrascaeta (después Tejera), Viana, Galvalissi y Gambetta, Castro, Ciocca (Fabrini), Atilio, Porta y Zapirain.
El "manco" Castro "pastoreaba" a la distancia, celoso guardián del orden y respeto, que en pueblo chico era cuestión de honor.
En los salones de la calle Dr. Piovene (hoy una farmacia y una casa de fotografía), la familia Molinari mantenía la representación Chevrolet en aquellos días del Vauxhall recién llegado.
En esos salones se hacían reuniones partidarias, entonándose nuestro Himno: "Por tus bravos campeones izada, en el mástil del sumo laurel, Nacional venerado queremos, ver flamear tu bandera otra vez…". En ellas los hinchas albos departíamos con nuestros jugadores, preguntándoles por distintos momentos deportivos y recibiendo respuestas atildadas y alguna que otra exageración.
Lentamente se llegaba al entusiasmo total, situación aprovechada por "la Tesorería" para hacer nuevos socios. Los tesoreros son duchos en aprovechar ocasiones. De allí data mi carné social, que me vale hoy ser orgulloso Socio Vitalicio de Nacional.
Por muchos años, Pando fue sede de las concentraciones de los dos grandes de nuestro fútbol, distinción que estimo no se ha repetido con ninguna otra localidad.
» Arriba
| Comentarios en este artículo |
|
|
|