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Año V Nro. 319 - Uruguay, 02 de enero del 2009   
 

Visión Marítima

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Marcelo Ostriga Trigo

“Si yo fuera…”
por Marcelo Ostria Trigo (Perfil)

 
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         El presidente Morales, hace pocos días dijo que si él fuera el señor Barack Obama, su primer acto de gobierno sería levantar el embargo a Cuba. Por suerte, –esta es una de sus bobadas intrascendentes– Evo Morales no estará nunca en el lugar del próximo presidente de los Estados Unidos, ni podrá emular –salvo a Chávez, Correa y Ortega– a ningún presidente sensato.

         Lo anterior sirve para expresar otros deseos; no los de Morales, por cierto. Así, se podría decir:
Si yo fuera el presidente Evo Morales, nunca más me embarcaría en provocaciones inútiles o temerarias, y jamás mis acciones se basarían en el resentimiento cocalero contra personas y organismos que nos ayudaban en la lucha contra el narcotráfico.
Si estuviera en el lugar de Evo Morales, me comprometería –y, por supuesto cumpliría– a terminar con la mentira oficial sobre los supuestos logros “para vivir bien”, o que “Bolivia cambia, Evo cumple”. Acabaría, entonces, con la propaganda mendaz del gobierno, financiada con recursos públicos, para ensalzar yerros y tratar de justificar los atropellos a ciudadanos e instituciones.

         Combatiría la corrupción, ordenando que no se tolere la protección al contrabando y al narcotráfico, aplicando la ley. Me desharía, entonces, de ministros y funcionarios corruptos que están ensuciando el ambiente de la Patria

         Si yo fuera el presidente Morales, no volvería a amenazar e insultar a los hombres de prensa; los respetaría. Ellos proyectan la imagen del gobernante, especialmente la del probo y honrado; pero también muestran las falencias éticas, la agresividad y la injustificable violencia oficial. Ordenaría, entonces, que ministros, voceros, parlamentarios oficialistas, funcionarios ubicados como tales por el Movimiento al Socialismo, no se exhiban en la mentira, y que dejen de agredir a todos los que no pertenecen al régimen.

         Si yo fuera Evo Morales, respetaría a las regiones del país y atendería sus justas demandas de autonomía, sabiendo que este es el camino a la eficiencia y al desarrollo.

         Si yo estuviera en el lugar del presidente, al darme cuenta del daño causado por las nacionalizaciones insensatas, haría que se den garantías auténticas a las inversiones en todos los sectores de la economía, abandonando la inquina que ahora prevalece contra los empresarios privados nacionales y extranjeros. Y, en este orden de cosas, pondría “patitas en la calle” al desenfrenado viceministro que se refocila agrediendo a los propietarios de tierras en el Oriente boliviano, buscando que, en lugar de amagar en su contra, se abra una relación madura que beneficie a la economía agropecuaria nacional.

         Si yo tuviera la investidura del primer mandatario, no continuaría enfrentando al gobierno, irresponsable y cerrilmente, a ningún gobierno. Este es el caso de la agresiva conducta contra la primera potencia del mundo. Tampoco mandaría a un tonto ministro a que diga que, para impedir que los norteamericanos vivan bien, no les venderemos gas boliviano.

         Tampoco avergonzaría al país con amenazas no sólo imposibles de cumplir, sino también perjudiciales. Primero, fue la rabieta en Nueva York, cuando el mandatario y su furioso ministro de la presidencia anunciaron una campaña internacional –nunca se supo si la llevaron a cabo y, si la lanzaron, obviamente, fracasaron– para cambiar la sede de las Naciones Unidas. Luego vinieron otros disparates que rompieron la unidad de la Comunidad Andina de Naciones. Y el último: propuso, con tono de ultimátum, que sus pares del continente expulsen (“levanten”, dijo) a los embajadores de los Estados Unidos en sus países, si el próximo presidente Barack Obama no levanta el embargo a la Cuba de los Castro.

         No lamentaría, lastimera y públicamente, que nos hayan quitado el incentivo de las preferencias aduaneras de los Estados Unidos, porque sabemos que no cumplimos en la lucha contra el narcotráfico, y porque nos mostramos cerriles: acosamos a su embajada y a la agencia de cooperación para el desarrollo (USAID), expulsamos a su embajador y a la DEA –la agencia norteamericana que coordinaba la lucha contra el narcotráfico. Cumpliría con las obligaciones contraídas por el Estado, procurando recuperar confianza para merecer, nuevamente, las concesiones ahora perdidas. Finalmente, dejaría de insultar a su presidente y de denostar contra su modelo político y económico: la democracia,  la libre empresa, el libre mercado, el capitalismo, etc.

         Por supuesto que hay mucho más por hacer y evitar. Para fortuna mía, nunca estaré en ese encumbrado trance de cambiar. Simplemente sueño con que se recupere el respeto a los bolivianos.

         Si tuviera la más mínima oportunidad de influir, quisiera que sea para que se comprenda que estamos ante aprestos para establecer una dictadura, la que puede  convertir inviable a la Patria, condenándola al aislamiento.

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© Marcelo Ostria Trigo para Informe Uruguay
 
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