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Año V Nro. 290 - Uruguay,  13 de junio del 2008   
 

 
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El precio del petróleo
por Michael S. Castleton-Bridger

 
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         Me acuerdo haber leído en el ‘Economist’ hace un par de años unos vaticinios hechos por los economistas de ese prestigioso medio sobre el precio del petróleo. En ese momento, si la memoria no me falla, el precio del barril andaba en el entorno del los 28 dólares. Ya se sentía algún movimiento al alza. Sin embargo estos técnicos sostenían no sólo que el oro negro no pasaba los 30 dólares sino que probablemente bajara en forma vertiginosa. De estas afirmaciones se puebla la historia.

         Sin perjuicio de esto y opinando solamente como escribidor con formación técnica e informado voy a hacer un pronóstico igual de corajudo. El petróleo va a volver a bajar. Me apuro en agregar que no enseguida, pero no me sorprendería ver el precio del barril de West Texas en los U$S 80 dentro de dos a tres años.

         Como decía el sheik Llaman, ex -ministro de petróleo de el reino de Arabia Saudita, “la edad de piedra no se terminó porque se terminó la piedra”, se terminó porque apareció algo mejor.

         El mercado de hidrocarburos se mueve en olas. Primero la ola de la demanda y atrás siempre atrás la ola de la oferta. La discontinuidad de las olas marca la variación de precios del producto. Cuando se distancia la primera ola de la segunda ola el precio sube y cuando la segunda parece alcanzar la primera el precio baja. Hoy se han separado mucho las olas porque el bajo precio del petróleo de la última década ha dejado crecer demasiado la ola de la demanda. Si algo está barato se consume.

         Sin embargo si está muy barato tampoco hay demasiado incentivo para seguir buscando, explorando y construyendo capacidad de refinado, todas actividades que requieren tiempo y cuantiosas inversiones de capital. El mercado entonces asigna sus recursos donde logra mejores retornos. Durante la ultima década, a los precios de aquél momento por cierto no era buena idea buscar petróleo ni construir refinerías. Más valía comprar petróleo a futuro y jugarse a la inevitable suba, señal que el mundo no vio o no quiso ver.

         A raíz de este fenómeno las dos curvas se separaron y la curva de demanda empezó un marcado desarrollo ascendente mientras que la curva de oferta siguió prácticamente estática o, como en los campos petroleros del Mar del Norte, en franco descenso.

         Las cosas cambiaron. A estos precios vale la pena explorar. De ahí los enormes yacimientos de crudo liviano descubiertos enfrente a las costas de Brasil. De ahí también los yacimientos de volúmenes inimaginables bajo el casquete polar ártico. De ahí el reaforo de las reservas de Irak que hoy se estiman en 450 mil millones de barriles. De ahí el creciente aumento de capacidad de refinado de petróleos pesados de los cuales hay un sobre stock en el mundo, porque no hay capacidad de procesar en este momento en volúmenes adecuados, este tipo de petróleo. El golfo arábigo está poblado de súper petroleros alquilados y quietos, usados como almacenes flotantes de crudo pesado. No debemos olvidarnos de Canadá con sus esquistos bituminosos explotables. A estos precios tiene más reservas que Venezuela y los E.E.U.U. juntos.

         No podemos tampoco olvidarnos de los consumidores. Del tan denostado mercado que en definitiva somos nosotros que ávidamente buscamos vehículos menos consumidores y cuya huella carbonífera sea menor. Hoy tenemos los mamarrachos técnicos que son los autos híbridos, pero no faltará mucho para que el ser humano y su ingenio desarrolle una tecnología barata y sencilla para el uso del hidrógeno como combustible, reduciendo a cero la contaminación de los motores de ciclo Otto. Paralelamente a esto seguramente ese mismo ingenio humano desarrollará baterías más sencillas y eficientes los cuales unidos a superconductores a temperatura ambiente sin duda darán lugar a automóviles eléctricos prácticos, fácilmente recargables y utilizables.

         Lo que sí, debemos cuidarnos de algunas cosas. Debemos cuidarnos de los manotones desesperados a tecnologías absolutamente inviables, como lo son la mayoría de los bio combustibles, que ni remotamente pueden competir sin altos subsidios con los combustibles fósiles por su bajo rendimiento calórico, y su compleja y carísima cadena de producción. Hay alternativas mucho mejores al etanol si la miramos sin subsidios. No es en absoluto lógico convertir alimento en combustible cuando hay otros combustibles mejores, más limpios y mucho más baratos a la vuelta de la esquina.

         Lo que debemos hacer es dejar que la mano invisible del mercado, como dijera Adam Smith ,asigne eficientemente los recursos para salir de esta crisis. Lo hace siempre si se le deja trabajar. Esta es la única manera que saldremos rápidamente de la situación energética en que estamos. Si interferimos con la eficiente asignación de recursos mediante subsidios explícitos o implícitos esta agonía se prolongará mucho más de lo necesario.

         Las crisis implican forzosamente cambios. Siempre traen las semillas de su solución, lo inverso es cierto en el caso de las bonanzas. Eso es lo que estamos viviendo en este momento, la crisis de bonanzas pasadas.

         Lo que más me preocupa a mí, en el mediano plazo, de esta enésima crisis de oferta de petróleo es que proliferen en manos irresponsables las centrales nucleares como alternativa para la producción de energía eléctrica. Si esto es así y países poco serios empiezan a jugar con la energía nuclear y sus sub productos deberemos estar atentos y vigilantes. Ya que ahí si, se podría desencadenar una crisis sin solución para la humanidad.
Todo esto el tiempo lo develará. Mantengo entonces mi vaticinio sobre el precio del barril de petróleo en el mediano plazo, dos a tres años, a no más de U$S 80 en dólares constantes. Es sólo cuestión que la curva de oferta emparde la de demanda. No vaticino precios menores por la amortización de las nuevas infraestructuras que se están construyendo y los costos de explotación de los nuevos yacimientos en aguas profundas y en el ártico.

         Es probable y absolutamente posible que en un período no mucho mayor de 20 años el petróleo pase a ser poco más que una materia prima para la industria química. Si miramos lo que la especie humana ha podido hacer con la informática en los últimos veinte años, o con la aviación en los últimos cien, entonces no hay por qué dudar que en libertad y sin demasiada interferencia política (subsidios etc.) el increíble ingenio de los humanos también ha de encontrarle una solución a la crisis que nos aqueja en este momento.

         Ojalá que esto signifique el fin de la era del carbono y el comienzo definitivo de la era del hidrógeno. Desde el punto de vista histórico la lógica generalmente se da, siempre y cuando no intervengamos demasiado o más bien a pesar de nuestras intervenciones. Si no, preguntarle a los rusos o a los chinos.

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