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Año V Nro. 363 - Uruguay, 13 de noviembre del 2009   
 
 
 
 
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Visión Marítima

 
Fernando Pintos

Me escribe un alienígena angustiado
por Fernando Pintos

 
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         Por considerarlo de interés para mis lectores, reproduciré a continuación una extraña carta que he recibido y que firma alguien que responde al poco ortodoxo seudónimo de «Alienígena Violentado», la cual está redactada en los siguientes (y para decir verdad, bastante inverosímiles) términos:

«…Señor periodista: llegué a su planeta con la expedición invasora de que usted daba noticias en su columna del pasado seis de noviembre y creo que, en líneas generales lo que usted escribió estaba en lo cierto… Sobre todo en cuanto tiene qué ver con las cefaleas que uno sufre cada vez que le mencionan, por una de esas casualidades o desgracias, a su estrambótico país. Debo rectificar su afirmación sobre que “en el Legislativo no hubo quórum para declarar la guerra”. Simplemente se trató de que un grupo de parlamentarios, junto con algunos personajes de incierta clasificación (entre ellos un tal Paco Casal y otro tal Gaby Álvarez, por no hablar de aquella insoportable individua, la tal Yoselem Rocamora), se encontraban en la nave espacial, en febriles conciliábulos para ver si arreglaban la rendición incondicional de su país a cambio de una gigantesca coima… ¡Y para colmo, exigiendo todos al mismo tiempo y con voces destempladas —intercaladas con toda clase de improperios, blasfemias y germanías— el apoyo para la segunda vuelta en esas desquiciadas elecciones que ustedes tienen por estos días! Como no teníamos en aquel momento tamaña cantidad de dinero y nos parecía muy extraño apoyar, simultáneamente, a dos bandos en pugna, tuvimos que decir a sus impertinentes exigencias que “nones”, ante lo cual, todos los mencionados se retiraron, ¡visiblemente ofendidos y no sólo dando portazos, sino además profiriendo unas groserías de tal calibre que ya le cuento…! Pero le diré, además, que fue de muy mal gusto que se robaran los ceniceros de la sala de conferencias y encima de todo llenaran la nave con carteles con la efigie de una horrenda criatura nativa de su planeta a la que ustedes, terrícolas, llaman “El Pepe”… Bueno, cuando ante todas las dificultades mencionadas —incluidas las razones que usted expuso en su artículo—, abandonamos el proyecto de invasión, decidí pasear un poco por su planeta. Primero, me fui a Cuba en un charter, pero cuando le pedí un autógrafo a una momia acartonada y llena de telarañas que decía ser el señor Fidel Castro, me contestó que lo haría con mucho gusto, siempre y cuando le pagara en dólares y por adelantado. Como en mi planeta se desconoce esa moneda y yo sólo tenía en el momento unos pocos pesos cubanos sobre los que el mencionado engendro escupió despreciativamente, ¡se negó a firmar! Volví entonces, tras una escala en un lugar bananero y garboso llamado Venezuela (donde aproveché para comprar unas coquetas mordazas para periodistas, que parecen ser la principal producción del país) al Uruguay, con la intención de invertir algún dinerillo en una financiera que ofrecía hasta un 55 por ciento mensual de interés. Feliz por haber concretado tan ventajoso negocio, pasé después por una especie de iglesia evangélica donde ofrecían que uno iba a “parar de sufrir”, con el propósito de agradecer a Diosito por tener al fin un poco de buena suerte (gracias a aquella generosa financiera), y fue entonces que el pastor me invitó a “jugar al fúquete” en la sacristía… Ahora, ¡cuál no sería mi sorpresa, al ser ignominiosamente violado por aquella bestia troglodita en celo! Pero no quedó el asunto tan sólo en eso, ¡y he ahí lo peor de todo!, sino que el funesto individuo también violó al resto de la tripulación, con la promesa de que: “mucho mejor él, que la teoría quántica, les iba a hacer ver las estrellas” (SIC)… Cuando salimos de aquel antro infernal, con el orgullo (y bastante más) en terrible estado de laceración y tremendamente adoloridos, nos enteramos de la quiebra fraudulenta de la financiera… Ahora me han vuelto las cefaleas y las antenas me palpitan de angustia. Dígame, señor Pintos: ¿qué clase de planeta de locos es el suyo?… ».

         Estimado Alienígena: no es éste un planeta de locos, porque, que yo sepa hasta el momento, aquí nadie masca vidrio y son muchos —tal vez demasiados— los que de tan ligeros caminan por las paredes. Lo que sí hay, por si usted y sus compañeros de travesía estelar no se han dado cuenta todavía, es un cardumen de listos. ¡Y eso que no tuvo que verse en la penosa obligación de llevar su auto para que se lo repararan en la agencia! ¿Quiere que le dé un consejo sano y desinteresado? ¡Vuélvase volando a su mundo y no salga más de allí, ni por orden escrita de juez competente!… (Y ahora, a ver si me saca de una duda: ¿será que en su planeta no juegan al fúquete?)…

© Fernando Pintos para Informe Uruguay

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