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No preguntes lo que tu país te puede dar, sino lo que tú puedes darle a él.
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Año V Nro. 390 - Uruguay, 14 de mayo del 2010 |
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Uno de los rasgos sorprendentes del gobierno Kirchner es su escasa sensibilidad para sintonizar las ondas que emanan de la economía real. El sentido político de los Kirchner es notoriamente agudo; menos evidente, pero destacable, es su olfato relativo a los asuntos financieros. Pero cómo se mueven los mercados de bienes y servicios parece algo que nunca entendieron bien. El dato más reciente al respecto es el entredicho -por ponerle un nombre suave- con China. La persistencia de la Argentina en dificultar la entrada de productos manufacturados chinos para proteger a industrias locales ha llevado a que China amenace con frenar las exportaciones argentinas de derivados de la soja. El gobierno argentino maneja el entredicho con sonrisas y con declaraciones del Canciller expresando que todo está en arreglos por vías diplomáticas. Pero lo cierto es que no se ven resultados. El gobierno argentino se permite desafiar al más importante de sus mercados de exportación y una de las potencias comerciales del mundo –poniendo en riesgo su principal producto de exportación-. Al mismo tiempo, la presidenta se ha mostrado estos días amigable con el sector sojero, como si la suerte de este –y, por lo tanto, de la Argentina- en la presente coyuntura fuera ajena a ese tipo de decisiones gubernamentales. Más en general, los K no parecen entender cómo se genera la oferta en los mercados, como se mueve la demanda y aun menos cómo se forman los precios. Desde los comienzos de la gestión presidencial, en 2003, todas sus decisiones en esos planos se han basado en supuestos voluntaristas y en la confianza en el poder de las decisiones de gobierno. Últimamente han puesto en marcha varias iniciativas para alentar directamente el consumo de los pobres, que puede más fácilmente ser estimulado por el gobierno, e indirectamente el gasto agregado de las familias. Impulsada por ese motor y por las excelentes cosechas de esta temporada, la economía se mueve activamente; pero a ritmo algo más rápido se mueve la inflación, porque la oferta crece más lentamente. La idea de que el gobierno puede determinar a voluntad cuando y cuanto se consume y cual es el nivel de los precios está en el núcleo duro de la visión del mundo de este gobierno. Las consecuencias políticas de todo esto son por ahora inciertas. La reactivación del consumo ha deparado al gobierno de Cristina una mejora de 5 puntos en la tasa de aprobación medida por las encuestas, y en la misma magnitud creció la imagen de Néstor como dirigente político. Eso alimenta la convicción del gobierno de que va por un camino políticamente correcto para encarar el año electoral 2011. ¿Cuál será el efecto de la inflación si esta continúa creciendo, como se prevé, hasta situarse en el nivel del 30 por ciento? El juego político de los Kirchner está centrado ahora en fortalecerse dentro del espacio peronista y procurar que la oposición no peronista siga dividida –como está- y se desgaste continuamente. El trabajo de erosión está centrado por ahora en el vicepresidente Julio Cobos, el político con mejor imagen en la opinión pública. Y más allá de eso, esperar que la economía siga haciendo lo suyo a favor de sus posibilidades políticas. Aun si esas especulaciones resultasen acertadas, queda abierta la pregunta sobre los efectos de la economía real en el ánimo del público. ¿Puede una estrategia política basarse en el supuesto de que la manipulación de la realidad y las apariencias más superficiales alcanzan para convencer a los dudosos y captar voluntades? La teoría, la experiencia y el sentido común dicen que no. Pero la Argentina es un caso extraordinario que frecuentemente desafía tanto a la teoría como a la experiencia, y hasta al sentido común. Compartir este artículo en Facebook Fuente: Infolatam
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