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No preguntes lo que tu país te puede dar, sino lo que tú puedes darle a él.
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Año V Nro. 390 - Uruguay, 14 de mayo del 2010 |
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Unos se toman la cabeza y no terminan de asumir el resultado con sabor a derrota. Otros, cruzan los dedos y esperan que el escrutinio definitivo cambie los datos adversos, que están pendientes de votos que faltan por abrir. Si ahí la tendencia fuera diferente, es posible que la preocupación cambie por alivio. Uruguay cerró el domingo su extenso ciclo electoral que comenzó a fines de 2008 cuando los partidos fueron definiendo sus pre-candidatos presidenciales. Siguió en junio de 2009 con las primarias en las que cada partido eligió su candidato único a la Presidencia y su compañero de fórmula. En octubre los uruguayos renovaron la totalidad de las dos cámaras legislativas y la coalición de izquierda Frente Amplio retuvo la mayoría propia en Senado y en Diputados.También en octubre fue la primera vuelta presidencial y ahí quedó establecido que el izquierdista José Mujica y el nacionalista Luis Alberto Lacalle irían a un balotaje.El ciclo siguió en noviembre con la segunda vuelta que ganó Mujica. El veterano izquierdista, ex guerrillero tupamaro, asumió la Presidencia del Uruguay el 1º de marzo. Y el domingo 9 de mayo, se eligieron los 19 gobiernos departamentales en que se divide el país. Eso es los 19 intendentes (ejecutivo unipersonal) y las 19 juntas departamentales (legislativo de 31 ediles). Y además, por primera vez, se eligieron a los miembros del tercer nivel de gobierno: los 89 municipios extendidos en todo el país, que tienen un alcalde y cuatro concejeros. El Frente tenía ocho intendencias (las principales y que abarcan 74% de la población), el Partido Nacional tenía diez y el Partido Colorado sólo una. El domingo a la noche, la izquierda lamentaba que había bajado su votación en Montevideo y que estaba perdiendo una intendencia (la de Treinta y Tres) pero se conformaba con ganar una nueva, muy al norte (la de Artigas). Pero en la madrugada, al procesar más datos, le llegaron malas noticias. Pasó a perder las dos fuertes del litoral con Argentina (Salto y Paysandú) y una central del país (la de Florida).Las caras fueron cambiando con los resultados y la autocrítica se abrió paso, incluso en forma anticipada porque el resultado del escrutinio primario terminó siendo mejor a lo que esperaba en el momento de mayor amargura. El propio vicepresidente de la República, Danilo Astori, dijo que el resultado era “un tirón de orejas” para el oficialismo. ¿Esto significa un golpe para el nuevo gobierno de José Mujica? No, para nada. Mujica no se involucró en la campaña y el resultado está vinculado a cuestiones de localidad, de gestión de gobierno municipal y de propuestas, más que a filiaciones partidarias.Mujica goza de altísima popularidad y no estaba en juego eso en la votación del domingo. Lo mismo ocurre para otras figuras nacionales de la izquierda, como el ex presidenteTabaré Vázquez o el actual vice, Danilo Astori. El golpe es para el Frente como expresión política, a su gestión municipal en Montevideo por el retroceso de votos, y en las otras intendencias que perdió (o puede perder según el escrutinio definitivo). A su exceso de confianza (o soberbia) respecto a sus adversarios tradicionales. El golpe es para la izquierda que quiso imponer una reforma municipal con la creación de las alcaldías, que nadie entendió para qué eran y cómo se votaban (en Montevideo nadie conocía a un candidato a Alcalde). ¿Por qué le duele tanto el resultado a la izquierda? El Frente Amplio disfrutó durante décadas de una tendencia ascendente en su caudal electoral y la adhesión de los uruguayos. La izquierda estuvo dividida mucho tiempo y sufrió por eso, al quedar en posturas testimoniales de la política del Uruguay. Hasta que dejó de lado sus diferencias de colores, banderas o cuestiones menores, para entender que tenía ventajas en agruparse en una coalición electoral y todos sus grupos sacarían provecho de eso. Fue en 1971 cuando por primera vez votaron unidos comunistas, socialistas, demócrata-cristianos, gente de izquierda nacionalista, trostkistas, partidarios de revolución guerrillera, socialdemócratas, entre otros. Juntos fueron mucho más que separados. Si antes no pasaban de 7% sumando todos sus votos, al presentarse como agrupación llegaron al 18% del electorado. Y a partir de ahí, siempre en alza. Las elecciones del domingo marcaron su primera votación adversa a sus intereses. No sólo por tener caudal electoral más chico que en elecciones anteriores, sino por sufrir una expresión de voto en blanco muy fuerte en su feudo principal, Montevideo, y además por perder intendencias que consideraba que tenía aseguradas. ¿La oposición, que sale triunfante, queda bien posicionada? Para los blancos y colorados, si los datos primarios se confirman en el escrutinio definitivo, el resultado es un fuerte impulso y una inyección de ánimo. Pero no resuelve sus problemas. El electorado eligió gente de estos partidos para manejar gobiernos municipales, lo que no significa que se hayan corrido a esos partidos. Sería una pésima lectura de la elección decir que votantes frentistas abandonaron la izquierda para correrse a los partidos tradicionales.En la elección presidencial de octubre, el Frente Amplio fue mayoría en once departamentos. ¡Once! Ahora ganó en seis.Muchos de aquellos no eran frentistas en octubre y tampoco pasaron a ser colorados o blancos ahora. Son parte de un electorado independiente que en cada votación elige lo que le parece mejor. Pero el electorado, la población, sigue estando recostado a la izquierda. Y los partidos tradicionales como tales, sin usar algún mecanismo de alianza electoral, están lejos del gobierno nacional.Y los electores blancos o colorados no se refugiaron en su partido sino que se volcaron al que tenía más chance frente a la izquierda. Es decir que el vínculo con cada partido tradicional se ha quebrado y esos electores van a uno u otro bando, sin atadura emocional partidaria. Eso es una debilidad para la competencia a nivel nacional.Y sobre todo, la izquierda sintió el golpe y estará más atenta para la próxima. Ahora había llegado con exceso de confianza, creyendo que retenía las intendencias en las que gobernaba y que podía expandirse a otro departamento. Su militancia, la estructura política más grande y que no tiene comparación con las redes de sus adversarios, estuvo a media máquina, sin entusiasmo. Eso, porque creía que la victoria estaba asegurada antes de votar. Ahora, aprendieron la lección y reaccionan. Compartir este artículo en Facebook Fuente: Infolatam
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