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Año V Nro. 360 - Uruguay, 16 de octubre del 2009
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Estamos a un poco más de una semana, de una instancia crucial, como lo es sin dudas la primera ronda de las elecciones presidenciales. Es que desde el año 1971, últimas elecciones previas al golpe de estado, no se había dado una situación de este tenor, en el que la ciudadanía pudiese optar entre dos propuestas tan antagónicas.
En dicha elección, la propuesta era entre el continuar con un gobierno que se tornaba cada vez más duro, ante el imperio de la agresión interna provocada por la subversión generada en el año 1963; y por otra parte una propuesta más aperturista brindada por el candidato nacionalista Wilson Ferreira Aldunate. Si bien en la misma hizo irrupción como tercera vía, el vuelco hacia la izquierda a través del Frente Amplio, éste no contaba aún con una fuerza tan importante como para realmente ser opción de gobierno. Posteriormente, los años de dictadura no nos permitieron elegir. Luego desembocamos en una elección a medias, pactada en la trasnoche del acuerdo del Club Naval, con los principales candidatos del Partido Nacional y del Frente Amplio, proscriptos. A ello siguieron las elecciones de 1989, 1994, 1999 y 2004, en donde una alternancia entre los partidos dio por corolario el triunfo de una izquierda, encabezada por Tabaré Vázquez, más volcada hacia el centro que hacia la tradicional revolucionaria. Ahora la instancia nos plantea elegir ya no sólo entre partidos, sino entre tipos de gobiernos que queremos. Uno que plantea un régimen más de corte de izquierda tradicional, más cercana a la dictadura del proletariado que a la democracia. Pues no olvidemos que el Sr. Mujica, fue uno de los que encabezó ese movimiento subversivo, Tupamaros, que intento derrocar a los gobiernos democráticos de los años sesenta y que provocó el endurecimiento de la derecha en forma reaccionaria para terminar en el golpe de estado. La coalición que ganó en las internas frenteamplistas, fue aquella originada en los ex tupamaros en acuerdo con el Partido Comunista. Por otra parte se nos plantea un régimen democrático, con un candidato, que en todo momento se mostró contrario a todo tipo de régimen totalitario, con una visión moderna y aperturista del Estado. Quien ya ha dado pruebas de saber gobernar y del uso adecuado del mando presidencial. Con una verdadera presencia de estadista. La otra gran elección que se define este fin de octubre, es cómo queremos integrar nuestro parlamento. Tengamos en cuenta que si queremos que exista un gobierno con las manos suficientemente libres como para hacer los cambios necesarios y poder tener las leyes que le respalden, debe tener un buen número de legisladores que le apoyen. No mayorías absolutas, pues esto vimos que no funciona. La prueba la hemos tenido en este periodo de gobierno. Pero si no disgreguemos el parlamento y dejemos sin un mínimo de apoyo a quien sea nuestro futuro presidente. La suerte de nuestros próximos años se juega este último domingo de octubre. © Roberto Bogorja para Informe Uruguay
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