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No preguntes lo que tu país te puede dar, sino lo que tú puedes darle a él.
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Año V Nro. 400 - Uruguay, 23 de julio del 2010 |
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El Senado argentino aprobó por 33 votos contra 27 y 3 abstenciones, a las 4 de la madrugada, la ley de matrimonio homosexual, que ya tenía media sanción de la Cámara de Diputados. El hecho concreto es que la Argentina se dividió en dos en esta batalla propiciada por el pertinaz impulso que Néstor Kirchner le estaba dando a la aprobación y que fue, recientemente, acompañado por la Presidenta, quién hasta hace poco se había mostrado como prescindente. Ahora desde China declaró: “Estoy muy satisfecha. Ha sido un paso positivo” y en su estilo habitual la emprendió contra la Iglesia: “No estaba de acuerdo con el discurso que rodeaba el debate. El hecho de que se hablase de guerra de Dios, por ejemplo, mostraba una radicalización que no resultaba positiva de ninguna manera. Si pensamos que hace 50 años las mujeres no podían votar y que no hace mucho en Estados Unidos no podía haber casamientos interraciales, y que en la Argentina la única forma de contraer matrimonio era a través de la Iglesia y nos encontramos como ha cambiado todo eso, podemos pensar que este ha sido un paso positivo que defiende el derecho de la minoría”. (La Nación, 15 de julio de 2010) Más allá de nuestra opinión en el fondo de la materia, que la daremos cuando se plantee —si es que se plantea— el tema en nuestro país, lo que interesa es destacar el empeño demostrado por el matrimonio Kirchner en la aprobación de esta ley, contra vientos y mareas, mediante el viejo método de la zanahoria y el palo: un burro tira de un carro, y para hacerlo avanzar se lo castiga con un palo al mismo tiempo que con otro palo se le pone una zanahoria atada delante de su hocico para que trate de alcanzarla. Joaquín Morales Solá, con su lucidez habitual, escribe:
Morales Solá cree que se trata de un intento de Néstor Kirchner de reconciliarse con los “progresistas” que han ido alejándose del gobierno por las acusaciones de corrupción y que ya no creen en el modelo de país del matrimonio. Quizás, pero lo asombroso es que con el deterioro de los Kirchner a nivel de opinión, hayan decidido —por un tema que era secundario en las preocupaciones de los argentinos— entrar en guerra contra la Iglesia Católica, y contra el protestantismo, el judaísmo y el islamismo, es decir, todos los credos religiosos, en general. Ahondando en una explicación que tenga cierta lógica (si es que la ambición de poder de los Kirchner la tuviera) la de la cortina de humo parece la más razonable. En efecto, en estos últimos tiempos, la oposición ha demostrado querer infringirle derrotas legislativas al kirchnerismo: avanza, contra los deseos de la pareja presidencial, la Ley de Protección a los Glaciares; la reforma del Consejo de la Magistratura, la no renovación de las facultades legislativas delegadas. Y entonces el matrimonio “gay”, desvía la atención del ya comenzado cuestionamiento al gobierno de algunos legisladores del Frente de la Victoria y aliados; de las acusaciones de corrupción y denuncia por lavado de dinero, por parte de una asociación ilícita, formulada por los diputados Juan Carlos Morán, Adrián Pérez, Carlos Comi y Horacio Piemonte; contra Néstor Kirchner, Ricardo Jaime, Julio de Vido, Rudy Ulloa, Cristóbal López, Lázaro Báez, Juan Carlos Relats y Cristina Fernández de Kirchner. El show de Argentina campeón mundial, hubiese probablemente evitado a la pareja esta “guerra” con las iglesias: actos multitudinarios; fotos, películas y noticiosos, con Maradona, Messi y compañía; “abuelas” y “madres” vitoreando al gobierno en la Plaza de Mayo; etc., hubieran suplido esa “cortina de humo” del matrimonio homosexual. Porque hay una pregunta que demuestra lo anteriormente sostenido: Si el tema es tan importante para los Kirchner, ¿por qué no aprovecharon los casi 5 años de imagen positiva que dispusieron para aprobar esa ley, como otras que en su momento lograron? ¿O es que se quiere pulsear el poder de las iglesias? De todas formas, hay algo evidente: la fractura social provocada en la sociedad argentina, no es más que una muestra de lo que pueden llegar a hacer —en esa materia— los Kirchner en caso de que las encuestas sigan negativas a medida que se acerquen las elecciones. Pero cuidado, hay antecedentes peligrosos en materia de conflictos entre las iglesias y el Estado. Por ejemplo: los Kirchner le pueden preguntar a algún veterano peronista, que les recuerde que pasó con Juan Domingo Perón y el catolicismo. Conflicto que la estudiosa del tema Lila Caimari («El peronismo y la Iglesia Católica», Los años peronistas 1943-1955, Sudamericana, 2002) califica: “El episodio sigue siendo misterioso, sin explicación racional, rodeado de una atmósfera de irrealidad, un conflicto inútil”. Decía Goethe: “Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia.” A poner, pues, las barbas en remojo… Compartir este artículo en Facebook © Adolfo Castells Mendívil
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