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Año V Nro. 400 - Uruguay, 23 de julio del 2010 
 
 
 
 
 
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Graciela Vera

La otra realidad africana
por Graciela Vera
Periodista independiente

 
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         El mundial de fútbol que acaba de finalizar en Sudáfrica dejó muchas cosas positivas, especialmente para mis dos países en materia futbolística pero terminada la euforia propia del momento, no puedo dejar de pensar que para la humanidad fue otra oportunidad perdida.

         El  mundo enfocaba sus ojos hacia el continente africano, pero apenas se logró que mirara un poco más allá de las fronteras del país anfitrión y es en ese más allá, donde África se retuerce sobre sí misma aullando de  impotencia, el sitio del planeta que no queremos reconocer que existe y ¿que mejor forma de ignorar que negarnos a ver?

         El África paupérrima, la de la gente que muere de inanición y sed, que se enfrenta  sin medios a enfermedades erradicadas en el primer mundo, la de aquellos que prefieren arriesgar su vida y la de sus hijos, a seguir viviendo allí.

         No es un tópico, es  una realidad que nos abofetea cada vez que un grupo de desesperados llega a un país dónde, sin siquiera  preguntarle por cuántos quedaron en el camino, inicia en forma inmediata un expediente de expulsión.

         No importa si es España, si es Italia, Chipre o cualquier país que en su lejanía parezca cercano para los subsaharianos (los que viven en el áfrica al sur del Sahara).

         ¿Cómo sentir en nosotros, a través de nuestras comodidades cotidianas, la desesperación de esos desharrapados que sin ninguna esperanza y asiéndose al clavo ardiente de una falsa promesa, coaccionados, estafados y vejados, siguen la ruta desde el interior mismo del continente hasta la costa.

         Los que han llegado superando el primer infierno serán siempre mucho menos de los que iniciaron el camino.

         Frente a ellos está un mar azul que para sus ojos será tan negro como la oscuridad que esperan para tratar de cruzarlo sin ser descubiertos.

         ¿Cuántas embarcaciones salieron y nunca llegaron?, ¿Cuántos hombres, mujeres y niños murieron intentando alcanzar  la costa?

         Los muertos se contabilizan por el número de cuerpos que son rescatados, pero los que esconde la tumba líquida, esos que nunca sabremos que existieron son los que impiden llevar un cómputo real de la tragedia.

         En mi casa, en  esta orilla del mar Mediterráneo encontré un sitio paradisiaco... ¡qué lejos estaba de saber que el drama acechaba en las aguas y que, aunque físicamente no me alcanzara, los gritos de la impotencia, esos que no se oyen,  me obligarían a escribir y volver a hacerlo y retornar a ello una y otra vez.

         Hoy son los féretros blancos, sin nombre, de tres niños.... no fueron los únicos en éste naufragio de otra patera... no fueron los primeros ni serán los últimos... son las víctimas inocentes de la desesperación.

         ¿Escribir más?

         No hay nada nuevo que decir...

         ¿O acaso es que hay tanto por decir que no se encuentran las palabras?

         Palabras similares a las que ya escribí  en el 2008 en: “El drama de la inmigración subsahariana”,  y en el 2006: "Más de mil inmigrantes muertos en seis meses", y ya lo decía en septiembre del 2003: "Hacia ninguna parte".

         ¿Qué más puedo agregar?, tal vez porque las palabras suenan algunas veces  huecas quise que quienes están lejos de este drama lo vieran a través de la cámara de un fotógrafo

         Yo sólo hago de intermediaria para mostrar la denuncia en la imágenes captadas por la cámara del fotógrafo Juan Medina.

         ¿Harán falta muchas más instantáneas para tomar conciencia de que África no termina en un mundial de fútbol?

Desde Almería, en el sur del norte, julio 2010

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© Graciela Vera para Informe Uruguay

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