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No preguntes lo que tu país te puede dar, sino lo que tú puedes darle a él.
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Año V Nro. 400 - Uruguay, 23 de julio del 2010 |
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Cuando todavía no se han acallado los ecos generados por la reciente actuación de la selección uruguaya en el mundial de SUDÁFRICA, se nos vino encima un nuevo aniversario del “MARACANAZO” brasileño. Fue en ese mundial donde vimos realmente a Rocky Balboa acorralado contra las cuerdas, en un épico combate para meterse finalmente en la mejor historia del fútbol mundial. De la misma forma que los soldados veteranos recuerdan las batallas en que tomaron parte, los periodistas solemos decir que “estábamos allí” cuando se registraron algunos acontecimientos que por su importancia han resistido el paso de los años. Tal lo que nos sucediera aquella tarde fronteriza del 16 de julio de 1950, cuando integramos la caravana de la victoria para festejar la mayor hazaña del fútbol uruguayo, conocida como EL MARACANAZO.
Han pasado 60 años del histórico acontecimiento y cuando todos los medios evocan la mayor derrota del fútbol brasileño, van desfilando por la memoria las imágenes imborrables de un reducido grupo de vecinos que quedaron roncos al grito de URUGUAY CAMPEON…URUGUAY CAMPEON. Pocos autos y algunas bicicletas abrieron el camino por las calles de tierra, estirando los festejos hasta altas horas de la noche. Varias generaciones se mezclaron aquel 16 de julio para festejar el último triunfo mundial del fútbol uruguayo. Nada nos hacía pensar en aquella oportunidad que años más tarde (18) nos encontraríamos en el mismo escenario de aquellos festejos, con dos de los principales protagonistas de esa consagración. Durante varias horas tuvimos la oportunidad de acompañar al capitán de Maracaná, Obdulio Jacinto Varela y al endiablado Julio Pérez, durante su visita a esta frontera y comprobar además el caluroso recibimiento que le ofrecieron del “otro lado” de la avenida Internacional. No era una visita accidental. Gambetta y Julio Pérez jugaban en el equipo de Santa Teresa que integraba la Liga de La Coronilla y Obdulio solía acompañarlos hasta la frontera para disfrutar los asados que les ofrecía un anfitrión de lujo; el Dr. Cabrera Ayala. Un reducido grupo de deportistas integraban aquella “comitiva” que recorrió las calles del pueblo para recibir el saludo agradecido de quienes habían integrado la caravana de la victoria en el 50. Fueron gritos, aplausos, abrazos, admiración y una euforia delirante que se grabó para siempre en nuestras retinas. Habían pasado muchos años y estábamos junto a los campeones compartiendo el vino del “Gordo Paraguayo”.
El viejo grabador GELOSO (comprado en Casa Ávila) fue registrando durante varias horas un concierto de voces inaudibles que solamente sirvieron para recuperar frases entrecortadas sobre la hazaña de MARACANA. El paso de los años las derrotas sufridas desde entonces por el fútbol uruguayo, han dimensionado la conquista y la figura de quienes integraron el equipo ante la poderosa selección brasileña. ¨ Dejaremos de lado la dimensión de esta lejana conquista, y detalles de los hechos ocurridos en aquel estadio que no se había construido para que Obdulio recibiera la Copa de manos de Jules Rimet. Tan es así que cuando el árbitro Mr. Reeder hizo sonar el silbato dando por finalizado el partido, el Presidente de la FIFA tuvo que guardar el discurso ya escrito, puesto que la entrega de la Copa al “Negro Jefe” no estaba en sus cálculos. La reciente actuación del seleccionado nos trajo a los primeros planos del fútbol mundial, creando nuevas esperanzas de que dentro de cuatro años, podamos encontrarnos nuevamente en MARACANA. Compartir este artículo en Facebook © Julio Dornel para Informe Uruguay
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