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Año V Nro. 344 - Uruguay, 25 de junio del 2009
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Hace 20 años, tropas del ejército chino entraron a sangre y fuego a la Plaza Tiananmen en Beijing, para ponerle punto final a las protestas estudiantiles que pedían reformas políticas en el gigante asiático. Cientos de personas murieron y quedó para el recuerdo en nuestras mentes una impactante imagen que recorrió el mundo en la cual un joven estudiante detenía sólo, con su frágil humanidad, el avance de una columna de tanques de guerra, en la que se demostraba la “debilidad” del totalitarismo. La masacre, conocida en China como el seis cuatro (6/4), sellaría el destino del país más poblado del mundo y una de las principales potencias económicas y militares contemporáneas. Mientras las naciones de la Cortina de Hierro entraron a un rápido y caótico proceso de desmonte de sus regímenes comunistas e impulso a las reformas liberales, los chinos ahogaron su descontento con una combinación de férreo control de las libertades políticas y mano amplia para las económicas. La paradoja es que, veinte años después, ya no son los tanques, símbolo del autoritarismo, sino los rascacielos, muestra del veloz crecimiento, los que siguen opacando las demandas de libertad en la minoría disidente. China es el ejemplo más exitoso de un país pobre que camina hacia el desarrollo. Lo que les costó a las potencias occidentales más de 150 años de industrialización, el gobierno de Beijing lo podría lograr en poco más de una generación. Hace precisamente 30 años Deng Xiaoping introdujo las primeras reformas económicas después del desastre que dejó Mao Tse-tung. El pragmatismo guiaría las decisiones de la revolución. “No importa si el gato es blanco o negro, mientras cace ratones”, decía Deng. Hoy en día, el resultado de este giro es uno de los motores más dinámicos del mundo. En tres décadas China ha crecido un promedio de 9 por ciento al año y ha sacado de la pobreza a unos 400 millones de personas. Aún en tiempos de esta crisis global, los chinos llegarán a crecer 6% y destinaron un impresionante paquete de 586 mil millones de dólares para contrarrestar los coletazos de la recesión mundial. Si bien, hoy lidera la economía china una elite educada y modernizadora, los ecos de la matanza de Tiananmen, aunque débiles siguen vivos. Al imponente ascenso de la nación oriental al Olimpo de las potencias le seguirá inexorablemente y quizás impulsado por la creciente clase media, un proceso democratizador de algún tipo. Y será en ese momento cuando las lecciones de Tiananmen deberán ser escuchadas por la alta dirigencia del Partido Comunista Chino. ¡Hasta el próximo análisis…! © Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez para Informe Uruguay
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