|
||||||||||||||||||||||||||||||
|
Año V Nro. 340 - Uruguay, 29 de mayo del 2009
|
|
Su Santidad sabía, al emprender el viaje a Tierra Santa, que pisaba campos minados. Sobre todo por haber sido juzgado de forma arbitraria por su pertenencia a las fuerzas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. Pero, sin lugar a dudas el balance de la visita de Benedicto XVI ha sido bueno. Resultaba casi imposible dar gusto a todos, judíos y musulmanes, israelíes y palestinos, y era inevitable que algunos de quienes lo oyeron o dialogaron con él no quedaran plenamente satisfechos. Pero el Papa caminó con tino, preconizó un mensaje genérico de paz, extendió su mano a los judíos, consoló a los palestinos afligidos, y sobre todo, no pisó ninguna trampa explosiva de las muchas tendidas a su paso. Hace nueve años había realizado ese mismo peregrinaje Juan Pablo II, y su misión resultó más feliz. No sólo era la primera visita papal a ciertos lugares simbólicos judíos, sino que el Papa polaco no arrastraba la carga personal que llevaba Benedicto XVI, y además era otro mundo, otra problemática, otra crisis. Volviendo al tema de la carga, esta era bastante onerosa para el Estado de Israel, pues, además de su pasado juvenil como recluta alemán, en enero Joseph Ratzinger levantó la excomunión a un grupo extremista de religiosos conservadores conocido como Sociedad de San Pío X. No bien lo hubo hecho, uno de sus miembros, el obispo Richard Williamson, volvió a las andadas y negó el holocausto nazi en Alemania. Algunos líderes consideraron que Benedicto XVI no había condenado en forma tajante al obispo y elevaron su protesta ante el Vaticano, como lo hizo la Canciller alemana Ángela Merkel. A ojos de los judíos en este viaje, Benedicto XVI no portaba en sus maletas ninguna medalla contra el antisemitismo. Pero tampoco podría decirse que contaba con el agrado de los musulmanes, pues muy pocos han olvidado seguramente, que en septiembre del 2006 citó palabras del emperador bizantino Manuel II, cuando dijo en 1391: “Mahoma ha traído solamente cosas malas e inhumanas”. Arrancaba lamentablemente el viaje de Su Santidad con puntos negativos, pero pudo superar la situación ampliamente. Visitó el museo israelí del holocausto y criticó el monstruoso crimen histórico. Aunque algunos le critican que en ningún momento habló de personas “asesinadas” sino solamente “muertas”. Allí, y en otros encuentros, habló de la religión como motor de la paz en el Oriente Medio. También fue muy emotivo su apoyo con los refugiados palestinos, a quienes también visitó. Allí criticó el muro de separación que han levantado los israelíes, se condolió de las condiciones de vida de miles de palestinos y reafirmó su derecho a un Estado propio. El problema del Vaticano en la tierra natal de Cristo es que su influencia en la gente se debilita irremediablemente. Hay de por medio una cuestión demográfica difícil de modificar, que se debe tanto a los nacimientos como a los exilios: la región es cada vez más islamista y cada vez menos cristiana. Hace medio siglo, uno de cada cuatro habitantes de Jerusalén era cristiano, hoy lo es uno de cada cincuenta. En Belén fueron el 80%, hoy son un tercio. En el Líbano tuvieron notable influencia, pero estos días un comentarista católico escribió: “Aquí ya no hay lugar para el cristianismo”. En los alrededores es parecida la situación: en el siglo XIX había millones de cristianos en Turquía, hoy sólo quedan 150.000. La mitad de los que vivían en Irak emigraron por la guerra, y los coptos cristianos de Egipto, que son un 10%, disminuyen en número. Sin lugar a dudas el viaje de Su Santidad Benedicto XVI fue un éxito, aunque la realidad muestra que el futuro del catolicismo en Tierra Santa se antoja poco promisorio. ¡Hasta el próximo análisis…!
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
Los enlaces externos son válidos en el momento de su publicación, aunque muchos suelen desaparecer.
Los enlaces internos de Informe Uruguay siempre serán válidos. |
|
|
| Estadisticas Gratis | ||