REPORTAJE

Despedido por opinar

La NBC expulsa al periodista Peter Arnett por unas declaraciones en Bagdad


ENRIC GONZALEZ - Washington


Repitámoslo una vez mas, para que nadie lo olvide: la primera víctima de la guerra es la verdad. Dos periodistas célebres tuvieron ayer que abandonar su misión informativa en Irak porque, en opinion de sus jefes o del Pentágono, habían cometido el pecado de ser excesivamente sinceros. Peter Arnett, que ganó un Pulitzer por sus crónicas de Vietnam y en 1991 encumbró a CNN con sus retransmisiones desde Bagdad, fue despedido por su actual empresa, NBC, después de que opinara que los planes iniciales para la invasión habían fracasado. Geraldo Rivera, un pintoresco reportero que cubría las operaciones de la Division Aerotransportada 101 para la cadena Fox, fue expulsado de la unidad por trazar ante las cámaras un mapa sobre la arena del desierto. Ambos acontecimientos demostraron que la "luna de miel" del Pentágono y la prensa podía darse por concluida.

Arnett era, hasta ayer, uno de los pocos periodistas que informaban desde Bagdad para las televisiones de Estados Unidos. Viajó a la capital iraquí para ejercer un papel secundario como contratado de National Geographic Explorer, un programa de una de las emisoras de la poderosa NBC. Pero cuando los enviados "titulares" consideraron que la misión en Bagdad era demasiado arriesgada y se fueron a Jordania o Kuwait, Arnett se convirtió en la única presencia de NBC. El veterano periodista neozelandés, célebre desde la primera guerra del Golfo, accedió el domingo a ser entrevistado por la televisión pública iraquí. Y dijo lo que pensaba. Como, por ejemplo, que el presidente George W. Bush recibía críticas crecientes, que la acumulación de víctimas civiles reforzaba las tesis de quienes se oponían a la guerra, que el plan de invasión había fallado inicialmente y que la voluntad de resistencia era cada vez más robusta entre los iraquíes. Nada especialmente asombroso.

La derecha estadounidense se quejó de inmediato. La congresista republicana Ileana Ros Lehtinen calificó de "kafkianas" las declaraciones de Arnett. "Espero que las hiciera bajo coacción", agregó. NBC restó importancia al asunto y el domingo publicó una nota en la que indicaba que el periodista había concedido la entrevista "por cortesía" y que se había limitado a expresar "un análisis" de la situacion. Ayer por la mañana, Arnett se disculpó públicamente por la "decisión errónea" de hablar para la televisión iraquí e insistió en que sólo había dicho "lo que todos sabemos sobre la guerra".

Pero, al parecer, en la Casa Blanca se exigía un castigo ejemplar. Bush, que según su portavoz llevaba días "frustrado" por el tono de las informaciones periodistícas procedentes de Irak, debió ponerse furioso. Y el presidente de NBC News, Neal Shapiro, decidió despedir a Arnett de forma fulminante. Quizá Shapiro recibió algún tipo de presion desde la Casa Blanca. Quizá la recibió desde General Electric, el gigantesco conglomerado que posee, además de NBC, varias empresas armamentistas.

Lo de Geraldo Rivera fue distinto. Rivera, con una larga carrera a sus espaldas como uno de los reyes del sensacionalismo en la televisión estadounidense, era uno de los periodistas agregados a las unidades militares en Irak dentro del programa de "empotramiento". El programa fue diseñado con el fin de que la prensa pudiera reflejar la feliz liberación del pueblo iraquí, pero, dada la resistencia a los invasores, se había hecho muy incómodo para la cúpula militar. Ayer, en una de sus retransmisiones, Rivera dibujó sobre la arena un rudimentario mapa del país en el que marcó la posición de su compañía, perteneciente a la División Aerotransportada 101, y trazó de forma aproximada la dirección que seguía en su avance. Los periódicos de todo el mundo, incluídos los de Estados Unidos, publican diariamente mapas muchísimo más detallados que el burdo croquis de Rivera. Pero el Pentágono consideró que el reportero de Fox, la cadena más conservadora y belicista, se había excedido y había revelado datos secretos. Geraldo Rivera fue expulsado de la 101 y escoltado hasta Kuwait, donde fue desprovisto de su acreditación.

Un reportero curtido en todas las batallas

ELMUNDO.ES

Peter Arnett lleva toda la vida metido en guerras. Varias décadas de conflictos bélicos a su espalda y algunas relaciones tormentosas con sus jefes le han convertido en uno de los corresponsales más famosos de la televisión. "No quiero marchitarme en un despacho, quiero estar ahí fuera informando desde el frente el tiempo que pueda", dijo una vez Arnett a su hija Elsa, periodista del Boston Globe.

Nacido en Nueva Zelanda en 1934 (la fecha exacta es un misterio para los almanaques), Arnett es conocido por seguir su instinto donde quiera que le lleve. Ese 'olfato' periodístico le consiguió una entrevista personal con Sadam Husein en 1998 y la primera en televisión con el mismísimo Osama bin Laden (1997).


Arnett, en una de sus apariciones en la NBC.

También fue el único periodista, junto al enviado especial de EL MUNDO, Alfonso Rojo, que se quedó en Bagdad cuando cayeron las primeras bombas durante la primera Guerra del Golfo.

Su particular cobertura de los conflictos le ha curtido también en batallas políticas, mediáticas e incluso diplomáticas.

Fue expulsado de Indonesia en 1962 por publicar informaciones que no gustaron el Gobierno, se convirtió en el epicentro de un escándalo en la CNN por un documental sobre el uso de gas sarín de las tropas de EEUU en Vietnam y ahora ha encolerizado a la NBC por conceder una entrevista a la televisión iraquí, en la que asegura que Washington calculó mal su plan de guerra.

El mayor encontronazo de su carrera fue con la CNN -para la que trabajó 18 años- en la guerra de Irak de 1991, donde varias veces se le acusó de ofrecer información manipulada por el régimen de Sadam.

El bombardeo de un almacén iraquí que, según EEUU, era una planta de fabricación de armamento, se convirtió en una de sus grandes polémicas cuando Arnett se adherió a la tesis del régimen de Sadam, asegurando que era una factoría de leche.

En su etapa como reportero para la Asociated Press (1962-1981) obtuvo un premio Pulitzer por sus reportajes sobre la guerra de Vietnam, donde vivió 13 años. "Para mí, personalmente, todo estará siempre empañado por Vietnam. Pero lo llevo como un broche de honor", declaró Arnett.