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La ministra del Interior ante la opinión pública
por Walter Sánchez Sedez (Perfil)
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La actitud de la ministra a la salida de su comparecencia ayer en el parlamento, fue una verdadera "canallada" a la democracia. Resulta absolutamente absurdo que un jerarca ministerial mantenga en su cargo a un "jefe político", como lo es un jefe de policía, después de que éste viola toda la normativa vigente en función de la investidura que reviste, con el agravante, como si esto fuera poco, de que Guarteche no se limitó a transgredir las "minucias" de la “normativa”, sino que arremetió contra el parlamento, sus legisladores y la figura Comisionado Parlamentario.
"...cuando las instituciones retroceden los militares pisotean..." nos alertaba Germán Araújo en la noche de su expulsión del Senado de la República, a mano de los que crearon a los Guarteche.
Y nosotros decimos: Sangre, dolor, lágrimas y mucho, mucho tiempo, le costó al pueblo uruguayo dar el paso a través del poder que emerge del ejercicio del voto, para fortalecer verdaderamente las instituciones democráticas, para que ahora, con profunda indignación, pero no con los brazos cruzados, observemos a la jerarca ministerial confirmando, permitiendo y justificando su respaldo a un funcionario bajo su mando que viola las normas y la Constitución nacional.
Con el rostro impávido, ante los periodistas (vaya a saber bajo que efectos sedativos), la ministra justifica y mantiene al jefe de policía de Canelones, demostrando que en el ministerio del Interior: manda la "Corporación policial".
Ayer en el parlamento nacional, la democracia dio un paso atrás. El gobierno, no ya la ministra, le acaba de servir en bandeja al Partido Nacional la oportunidad de defender la institucionalidad y el Estado de Derecho, objeto que no es realizado en este caso por el Poder Ejecutivo.
La oposición mayor deberá interpelar a la ministra y luego de ello exigir su renuncia si se sigue pretendiendo que la ciudadanía confíe en la representación ciudadana bajo el régimen democrático, porque es imposible que un jerarca de la democracia, justifique la violación de la democracia mediante una carta del violador "pidiendo disculpas".
Imaginemos al dictador Gregorio Alvarez, a Juan Carlos Blanco, a Gavazzo, a Silveira, a Cordero, o los integrantes uruguayos del “Plan Cóndor”, o a cualquiera de los torturadores de la época oscura del país como los que se ensañaron en los cuerpos de Zelmar y el Toba apagando cigarrillos en ellos, o los responsables de la muerte de Hugo De Los Santos, Susana Píntos, Gerardo Gatti, León Duarte, Elena Quinteros, Vladimir Roslik, el maestro Julio Castro, el obrero Horacio Gelós Bonilla, Ibero Gutiérrez, o los mártires de la 20, o María Claudia García de Gelman, pidiendo disculpas en una cartita y que eso bastara para redimirse o para continuar ejerciendo el poder que ostentaban. La ministra atropella la inteligencia de los uruguayos, manosea los principios del Frente Amplio, partido político que le otorgó una banca a través del partido Socialista y sigue, como lo hemos venido denunciando desde el año pasado, no ateniéndose al artículo 181 de la Constitución nacional en sus incisos 1º y 6º y con ello, permitiendo además la violación del artículo 26 de la carta magna.
¿Tanto poder tiene un sillón ministerial que transforma a los individuos? La cercanía con el poder, ¿Termina haciéndolos afín a los intereses del poder? ¿O la aberrante “Doctrina de Seguridad Nacional” de la infame dictadura mantiene bajo su garra a quienes asumen responsabilidades ministeriales en la cartera de la calle Mercedes?
Que sustancial y diferente comportamiento el de la vieja y valiente socialista, Dra. Azucena Berrutti, verdadero ejemplo para las nuevas generaciones, enfrentándose enhiesta y firme, a los dinosaurios de la dictadura como el gorila Paulós, cuya valentía ante los compañeros y compañeras indefensos, detenidos por la cruel dictadura que él fielmente representaba, era la misma que aplican los policías de hoy en algunas cárceles del país.
¿O acaso los informes del gobierno de Estados Unidos de Norteamérica, del mes de marzo pasado, cuando le dio un tirón de orejas al gobierno uruguayo por el estado en que están recluidas las personas en las cárceles uruguayas y la flagrante violación que en el sistema carcelario se constataba día tras día, fueron desmentidos por la ministra Tourné?
¿O desmintió también el informe de las Naciones Unidas, que reiteraba su altísima preocupación sobre la violación de los derechos humanos en las penitenciarías uruguayas?
La memoria de Don Emilio Frugoni, Vivian Trías y José Pedro Cardozo ha sido mancillada y la hidalguía de un Quijote de estos tiempos como Guillermo Chifflet, se llena de vergüenza ajena. Mientras tanto, el poder corporativo dentro de la institución policial, que manda violando las normas, esta de fiesta.
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