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Año V Nro. 354 - Uruguay, 04 de setiembre del 2009
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A mí no me gusta el Sr. Mujica. No me gusta su pasado y en eso estamos o por lo menos deberíamos estar todos de acuerdo (y si hay alguno en desacuerdo debería callarse la boca, ya que defender a los que se levantaron contra las instituciones democráticas, robaron, mataron, mandaron robar y mandaron matar no es algo para defender en voz alta), pero tampoco me gusta su presente y le temo a un futuro nacional con él, como principal. Entre las razones principales para que no me guste no están ni su aseo, ni su ropa ni su lenguaje, en definitiva está en su derecho de vestir, limpiar o limpiarse y decir como se le antoje; sin embargo si está lo que dice y sobre que dice. En el afán de buscar el voto, el popular Pepe no escatima nada, arrolla con lo que sea si sospecha que por ese lado más allá de lo correcto o incorrecto hay algún voto flotando y va a su pesca. Así lo hemos visto embestir contra cualquier institución o elemento de nuestra sociedad sobre la supuesta base que la gente piensa así; es decir renuncia permanentemente a su función de dirigente que por la tanto debe dirigir y explicar aquellas cosas que son correctas y justas aunque no lo parezcan, para tomar su función de subirse al carro de lo que venga y ser dirigido y paladín del pensamiento “popular” sin importarle si está bien o está mal. Así mañana podremos ver a un Mujica pidiendo penas de muerte, castración a violadores golpes de estado o lo que sea que esté en el ánimo de la gente según el titular del diario del lunes, lo que sería anecdótico para cualquiera de nosotros pero no para aquel que puede terminar dirigiendo por 5 años los destinos de nuestra tierra. (Dios nos salve) Más allá de la tentación de devolver con la misma piedra y decir que Mujica defiende los impuestos al trabajo por que odia el trabajo, ya que nunca trabajó, o rechaza aumentar las penas de algunos delitos por que le gusta delinquir o los delincuentes; nos parece que vale la pena el esfuerzo de volver a levantar el tema, por que el Uruguay merece otro tono y otro nivel de debate. Una vez cada 5 años los uruguayos elegimos a uno entre los 3 millones que somos para Presidente de la República, la que se llama la Primer Magistratura, es decir el primer ciudadano; ese ciudadano; ayer Sanguinetti o Lacalle hoy Vázquez, cobra un buen sueldo, tiene custodias, viaja gratis al exterior, tiene cocinero y mucamas pagas, custodia paga ( Vázquez varios de ellos ) y después se jubila como ex presidente con una jubilación alta y manteniendo algunos privilegios como secretarios, custodia, etc. que hacen a la condición de ex.presidente que es y que será hasta su muerte y por lo tanto representante por siempre de nuestra patria afuera y adentro de ella. Quien ataca esa situación no ataca a Sanguinetti, a Vázquez o a Lacalle, ataca a la institución presidencial, que no tiene partido ni nombre, que es para el que la ocupe, sea del Partido que sea, según lo decida la gente en su oportunidad. Nos parece un ataque improcedente, inoportuno y demagógico, más viniendo de aquel que pretende ocupar la presidencia, aquel que quiere acceder a un cargo debe respetar el mismo como primer medida; Mujica no lo hace. Pretender que la cifra de una jubilación va a poner en contra del jubilado a los miles de uruguayos que no consiguen esa cifra ni trabajando ni jubilados, es pretender sembrar en el uruguayo la envidia y el rencor; la misma envidia y rencor que podríamos sembrar si manifestáramos que el matrimonio Mujica – Topolansky después de descuentos, regalos partidarios y etc., igual siguen siendo uno de los hogares uruguayos de mayores ingresos al tener ambos, sueldos de Senadores de la República; pero por ahí no va la cosa, al menos para nosotros. Para nosotros esta y otras situaciones pasan por el límite de lo correcto y lo incorrecto; que Lacalle cobre su jubilación es correcto, que Mujica la cuestione, es incorrecto y demagógico y si para muestra basta un botón, alcanza con manifestar que el Senador Mujica y su MPP postulan, amparan y promocionan en Maldonado como candidato a Intendente al Contador Ricardo Alcorta. Hombre que a sus cuarenta años se jubiló con jubilación de privilegio en función de sus servicios en diversos cargos de confianza durante la dictadura militar, es decir lo que Mujica sanciona para un expresidente democrático de nuestra nación, ampara y promociona para un correligionario de pasado militarista; en fin, en el peor de los casos ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio; o lo que es peor, un simple intento de demagogia barata; uno más y van…………… © Rodrigo Blas para Informe Uruguay
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